En su declaración ante el juez Ochoa, Gabriel Bossi dice ser intermediario financiero entre Vargas Parra (preso) y Claudio Torres para la compra de autos e inmuebles. También relata que el cabecilla narco mantuvo diálogos con personas de Buenos Aires antes de ser asesinado. 

El suegro de Bossi, Vargas Parra, le había entregado más de 3 millones de pesos que había percibido por la venta de su quinta y lo autorizó a prestarle ese dinero a Torres para hacer negocios con autos y propiedades. Torres conseguía -dice Bossi- vehículos sin papeles, con un precio diferenciado. Los autos de alta gama los traía de Buenos Aires y los de gama media le llegaban desde agencias locales. 

No obstante, Bossi asegura que no participaba de ningún tipo de negociación, simplemente que Torres le debía devolver el dinero prestado más una ganancia convenida. 

“Su tarea aparte de los negocios relatados consistía en el mantenimiento de la propiedad de Vargas y la atención de los tres detenidos dentro del Establecimiento Penitenciario. Agrega que él también, entre otras cosas, le abonaba el sueldo a María Luján López de Bravo -también vinculada a los Vargas y procesada con preventiva en la causa Narcolavado-”, según dice el expediente. 

Finalmente, Bossi declara que “recibió el pedido de restitución del automotor Audi en que viajaran a Río Cuarto, antes que mataran a Torres, por parte de su titular registral. También indica que, luego del velorio de Torres, lleva de regreso el auto a Buenos Aires y lo entrega en un punto de encuentro, en Panamericana, en una estación de servicio”.

También dice ignorar si luego del ataque alguien retiró elementos de la casa de Claudio Torres.