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Diario del juicio: los testigos resaltan el valor del ADN, el fiscal mira para otro lado

El forense Subirachs y el bioquímico Zabala coincidieron en que las muestras tomadas fueron válidas y comprometen al acusado. Rivero se mostró renuente a explorar esa pista

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En nombre propio y en el de sus compañeros de labor -los forenses Guillermo Mazzuchelli y Virginia Ferreyra-, Martín Subirachs hizo una encendida defensa de la autopsia del cuerpo de Nora Dalmasso que los tres profesionales practicaron en conjunto la tarde que se halló el cuerpo en Villa Golf.

Subirachs esperaba con ansias la citación a declarar en el juicio a Marcelo Macarrón porque durante años los forenses locales fueron blanco de críticas descalificadoras por parte de la defensa.

“¿Tanto les molestaba la prueba genética?”,- se preguntó el forense en la rueda de prensa y recordó que en todos los homicidios la familia de la víctima es la principal interesada en que se determine el ADN en la escena del crimen; sin embargo, dijo que en este caso sucedió lo contrario.

Los cuestionamientos arrancaron con la decisión del fiscal Javier Di Santo de “auditar” la autopsia, enviando fotos del cuerpo de Nora a otros dos forenses que no son de la circunscripción Río Cuarto.

Uno de ellos, el forense Mario Vignolo, de San Francisco, estuvo plenamente de acuerdo con las conclusiones a las que arribaron Subirachs y cía.; no así Ricardo Cacciaguerra, quien sugestivamente había arribado a la ciudad en compañía del fiscal cordobés Hidalgo, designado desde la Fiscalía General para “aportar” su trabajo a Di Santo y a Fernando Moine.

Después de tanto ruido (y tanto barro), Subirachs ratificó las conclusiones a las que arribaron en la autopsia: dijo que las lesiones en la zona vaginal, anal y en los pechos de Nora eran lo suficientemente claras para detectar una actividad sexual “fuerte” o “con pasión”, pero no apuntaban a una violación, ni tampoco que hubiera sido asesinada con premeditación.

“Hasta el día de hoy sigo afirmando que hubo sexo con mucha pasión y que algo pasó durante o después del acto sexual. Hubo algún elemento disparador para que el agresor manoteara lo que tenía a su alcance, el lazo de la bata de toalla, y la estrangulara”, explicó el martes.

Dejó otro dato: dijo que en una de las manos de la mujer había un “puñado” de pelos. “Eran pelos con bulbos, cuando lo vimos dijimos: ‘¡Bingo!’, pero después no sé qué se hizo de esa prueba”.

Miércoles 11 | Tirón de orejas al que halló semen

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El bioquímico Daniel Zabala, el primero en determinar que las muestras obtenidas del cuerpo de Nora Dalmasso eran semen. Se ilusionó con que en el juicio a Macarrón se reconociera la validez y la importancia del hallazgo. Pero durante las cinco horas de su declaración, sucedió todo lo contrario.

No sólo desde la defensa, sino también por parte de la Fiscalía y del presidente del Tribunal recibió un trato distante y hostil.

En lugar de valorar el resultado del estudio que hizo en su laboratorio, hicieron suyas las críticas que el Ceprocor le había formulado a Zabala por la manera en la que obtuvo las muestras y las examinó.

En repetidas ocasiones, el bioquímico les explicó que quien había cometido un “error garrafal” había sido el Ceprocor porque le criticaban haber aplicado un método -el de fosfatasa ácida- que en realidad nunca usó.

Aclaró que la técnica que utilizó fue la de “fosfatasa ácida prostática”, que es específica para determinar la presencia o ausencia de semen.

“Más allá de las excusas que ponen en Córdoba, mi labor sirvió para que el FBI determinara un ADN con nombre y apellido. Eso, entre otras cosas, permitió que Facundo (Macarrón) fuera sobreseído”, dijo el testigo en la audiencia.

Cuando el fiscal Rivero le pidió que mencionara el nombre y apellido del perfil genético obtenido en la escena del crimen, Zabala respondió:

-Ese nombre y apellido es Marcelo Macarrón.

Mientras se retiraba de tribunales, el testigo resumió su desazón en una frase: “Hay cosas que son importantes y no me las preguntaron. En lugar de cuestionar a la gente de Córdoba, que no encontró nada, me cuestionaron a mí, que hallé semen. Este juicio está bien orientado para el abogado defensor”.

Jueves 12 | Citan a más de 50 testigos: al amante, no

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En uno de los días más abúlicos del juicio, el tribunal consumó un hecho inesperado: convalidó el acuerdo entre el fiscal de Cámara Julio Rivero y el defensor Marcelo Brito para dejar fuera de los testigos citados nada menos que al amante de Nora Dalmasso, el contador Guillermo Albarracín.

Hasta el mediodía del jueves nada trascendente había sucedido. La única que había declarado en la jornada fue María Cecilia Balbo, una presencia inexplicable en el juicio, pues la única aproximación de la mujer con lo que se está juzgando en los tribunales se limitaba a su amistad de cuarenta años con la familia Macarrón.

Sorpresa y media

¿Qué sentido tenía su convocatoria? Nadie lo entendió, pero lo más difícil de comprender llegó cuando Rivero le propuso a la defensa que las tres declaraciones que Albarracín hizo a lo largo del expediente fueran incluidas por su lectura. En otras palabras, ¡que no se lo cite en este juicio!

El contraste entre las dos decisiones del Tribunal resultó brutal: en el mismo juicio en el que ya desfilaron 55 personas y en el que acababa de testimoniar una mujer que ni siquiera tenía una relación tangencial con el crimen de Nora, en ese mismo proceso acababan de descartar como testigo nada menos que a la última persona que mantuvo un intercambio de mensajes con la víctima.

A esta altura, las esperanzas de que la verdad aflore con el transcurso de los testimonios se van reduciendo drásticamente.

Y eso por dos motivos: por un lado, por la antojadiza selección de testigos que incluye a obreros y amistades de juventud del acusado que poco y nada tienen para sumar; pero también porque a los testigos que sí podrían decir (y mucho) se los trata con manos de seda -como sucedió con el testimonio del vocero de Macarrón-, o directamente no se los convoca como se confirmó ahora con Albarracín.