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Fray Mamerto Esquiú, el nuevo beato argentino y su relación con Río Cuarto

Quien fuera obispo de Córdoba pasó por la ciudad y dejó su marca. El repaso de su tarea pastoral por la villa

Hoy sábado, con actos que se iniciaron ayer y culminan mañana domingo, el pueblo católico de Argentina y la familia franciscana en particular -Orden de Frailes Menores, Capuchinos y Conventuales; Orden Franciscana Seglar, Juventud Franciscana, Hermanas Clarisas, entre muchas otras- celebran la esperada beatificación del sacerdote franciscano y obispo de Córdoba fray Mamerto Esquiú, recordado en el país como “el orador de la Constitución”.

Los actos se realizan en tres lugares estrechamente vinculados al fraile franciscano: la ciudad de Catamarca, donde se ubica el convento donde inició su vida religiosa; San José de Piedra Blanca, su lugar de nacimiento; y en El Suncho, antigua posta catamarqueña donde murió. También habrá celebraciones en distintos templos franciscanos del país, así como en la Catedral de Córdoba, y en Río Cuarto, en la iglesia de San Francisco en las misas de este sábado y domingo. Por su parte, el ministro provincial, Fr. Daniel Fleitas, dio a conocer un mensaje de adhesión: “ … como Provincia hermana de Argentina, nos unimos al gozo de la Iglesia, de la Provincia franciscana de la Asunción y a toda la Familia Franciscana en esta celebración, y pedimos que la figura del Beato nos anime a construir una patria de Hermanos”.

Un franciscano comprometido

Mucho se ha escrito y podría escribirse acerca de fray Mamerto de la Asunción Esquiú, nacido el 11 de mayo de 1826 en el pequeño pueblo catamarqueño de Piedra Blanca, en el seno de una familia humilde y religiosa. Ingresó al noviciado del convento franciscano catamarqueño siendo un niño y se ordenó sacerdote al cumplir 22 años; se dedicó a la educación, como maestro de niños, y en las cátedras de filosofía, siendo también muy fervorosas sus homilías.

No le fueron ajenos los intereses y valores de la política y el periodismo: participó en la discusión sobre la futura Constitución provincial, presidió la junta electora de convencionales y fue el vicepresidente de la convención que sancionó la Constitución provincial Catamarca de 1855. Colaborador activo de El Ambato y estando en Tarija (Bolivia), fundó “El Cruzado”.

Su actuación cumbre podría decirse en materia de oratoria, política, fe, valores cívicos y religiosos fue su famoso su discurso conocido como Sermón de la Constitución, con motivo de la jura del 9 de julio, políticamente tal vez su discurso más relevante por su encendida defensa de la Constitución Argentina de 1853.

Los avatares políticos lo alejaron de toda actividad y buscó el reencuentro con su carisma fuera del país: se trasladó al convento franciscano de Tarija, en Bolivia. En 1872, estando en Sucre, recibió el nombramiento para el arzobispado de Buenos Aires, firmado por el presidente Sarmiento y el ministro Avellaneda, cargo que no aceptó y, por temor a que el gobierno insistiera, se alejó más aún, yendo a Perú y después a Guayaquil, en tareas misioneras.

Años después -1876- los viajes a Roma y a Jerusalén afirmaron su convencimiento de dedicar su vida a la pastoral eclesiástica. En Tierra Santa el superior general de la orden franciscana le encomendó reorganizar la Orden en la Argentina. Con ese compromiso, regresó a su provincia natal, tras casi dos décadas de ausencia.

Obispo de Córdoba

Hacia fines de 1878 fue nombrado candidato a obispo de Córdoba por el presidente Nicolás Avellaneda, cargo al que renuncia, pero ante la orden del papa León XIII lo acepta por obediencia.

Fue consagrado obispo de Córdoba el día 12 de diciembre de 1880 y tomó posesión el día 16 de enero del año siguiente, siendo el Nº 22 en la sucesión de obispos de Córdoba.

Su vida como obispo fue más austera aún de lo que acostumbraba ser como simple religioso. Puso su acento en la pastoral eclesiástica y en hacer sentir a todos, desde sencillos fieles como a altos funcionarios, ser tratados por un padre; humilde y austero, y así se hizo conocer en sus misiones en casi todas las ciudades y pueblos de la diócesis.

En su breve gobierno diocesano -de 1880 a 1883– escribió dos Cartas pastorales: la primera, 7 de marzo de 1881 y la segunda, el 25 de mayo del mismo año.

Por las características de su labor pastoral, se lo reconoce como el obispo “misionero” con estilo franciscano; el obispo “campesino” por la sencillez de sus acciones, vestimenta, así como también el obispo “de los pobres”, aunque en todos los casos se destaca por la profundidad de sus homilías y escritos.

En una de sus cartas había anunciado que “caminaba hacia la muerte”, preanunciando su breve tarea diocesana: falleció en forma inesperada de regreso de una misión en La Rioja, en la posta de El Suncho, el 10 de enero de 1883, a los 56 años de edad y a pocos días antes de cumplir tres años como obispo de Córdoba.

Sus restos descansan en la Catedral de Córdoba por su carácter de obispo de la entonces diócesis; algunos restos, como reliquias, fueron trasladados al convento y a la Catedral de Catamarca, donde a partir de su beatificación serán expuestos a la veneración de los fieles.

El obispo Esquiú y Río Cuarto

En el breve período de fray Mamerto Esquiú como obispo de Córdoba, fue importante su relación con la entonces Villa de la Concepción del Río Cuarto, jurisdicción del curato del mismo nombre, por entonces a cargo de los frailes del Convento San Francisco Solano, con la parroquia de la Inmaculada (hoy Catedral) como cabecera.

Una primera visita, con carácter de misión - en realidad de apoyo y defensa a los religiosos ante fuertes ataques de la masonería-, dura veinte días, entre el 2 de y el 22 de octubre de 1881; la segunda, se diría protocolar, es del 23 al 25 de abril del año siguiente y obedece al hecho de recibir al nuncio de Brasil, monseñor Mario Monceni, quien procedente de Chile, vía Mendoza, hizo un alto en el convento de Río Cuarto y al día siguiente, tras celebrar misa, prosiguió viaje acompañando del obispo Esquiú hasta Villa María por tren, desde donde el nuncio continúo viaje hacia Rosario y el diocesano, hacia su sede episcopal.

Otra visita al curato de Río Cuarto, esta vez, a La Carlota y zona dura del 22 al 28 de junio del mismo año 1882, en el marco de viajes pastorales a las parroquias rurales, en las que realiza numerosas confirmaciones, acompañado de los franciscanos de Río Cuarto.

La misión que lleva a cabo el obispo Esquiú en Río Cuarto, en ese mes de octubre de 1881, en medio de la tradicional novena a la Virgen del Rosario, tuvo características muy particulares, por las circunstancias en las que se desarrolla, en medio de un clima político adverso, incentivado por la masonería local, fue registrada en la Crónicas del fray Moisés Álvarez y reproducida después en diversas publicaciones tales como la Cruzada Misionera y por escritores e historiadores de la época.

Nos atenemos a esta Crónica, en la selección de sus principales anotaciones.

No había memoria de que ningún obispo diocesano hubiese venido a visitar este pueblo (Folio 42 y siguientes): “… siendo esta la primera vez que lo hacía; así que el pueblo está orgulloso de tener en su seno a tan ilustre huésped, su Prelado y su Pastor”.

Llegada del obispo (folio 43 y siguientes). Se sabía ya la venida del señor obispo diocesano pero no se había determinado el día, hasta que el periódico “La Voz de Río Cuarto” vino a determinarla anunciando que vendría el 2 de octubre a las tres de la tarde en un tren expreso que el Excmo. Señor Presidente de la Republica había puesto a a disposición de dicho prelado a pedido del P. Guardián por intermedio del General Julio Roca. Desde muy temprano de la tarde se veía llegar a la Estación un crecido número de gente más luego las autoridades civiles y militantes vestidos estos de parados y aquellos de etiqueta para recibir al Prelado, luego más y más gente y por último a las dos y media la comunidad religiosa, todas las escuelas aun las particulares, la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, y, por decir todo de una vez, parecía no hubiese quedado gente en el pueblo que por devoción o curiosidad no hubiese asistido allí, según decían para tomar gracias del señor obispo.

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Nota en la que fray Mamerto Esquiú, obispo de Córdoba, anuncia una visita a Río Cuarto. El documento se encuentra en elArchivo franciscano de la ciudad (Foto: AHCSF).

Nota en la que fray Mamerto Esquiú, obispo de Córdoba, anuncia una visita a Río Cuarto. El documento se encuentra en elArchivo franciscano de la ciudad (Foto: AHCSF).

Unos cuatros minutos antes que el tren diera el aviso acostumbrado, salió de la multitud la voz. Ya viene!!! que se repitió con la velocidad del rayo por todos los corrillos fue una chispa eléctrica que llevó a todos a la explanada, tal era la multitud indistintamente mezclada y tan compacta que todos se presagiaban alguna desgracia, en vista de esto el jefe de la Estación tomo la prudente precaución de hacer al maquinista que venía la señal de precaución!! Esto fue lo que evitó que el tren ocasionara desgracias, porque la mayor parte de la gente había perdido el miedo, pues se ponían en medio de los rieles y no se movían, era necesario que los empleados de la Estación los tomasen del brazo y por la fuerza los hicieran salir del peligro. Fue peor todavía cuando se oyó el silbido de la aproximación del tren, pues entonces se aproximaron del tal modo, que parecía el flujo y reflujo de un mar agitado: luego que ya se distinguía el coche donde venía el señor obispo se produjo un acto indescriptible; unos veían, otros buscan, la mayor parte de la gente se hincaban, estas rezaban, aquellas lloraban, se signaban en la frente, se golpeaban el pecho, y hubo alguna que no contenta con toda esto besaba el suelo. En medio del tumulto, se perdieron sombreritos pañuelos; rebozos o pañuelos grandes, relojes y aun sombreros grandes: así fue que después de haber besado el anillo del obispo y acompañándose, unos rezaban en alto: cuando otros por debajo maldecían su ida a la Estación y renegaban de haber salido de casa.

De la Estación a la iglesia parroquial (Folios 43,44 y siguientes) El señor obispo fue conducido bajo el palio hasta la Iglesia parroquial en medio de las descargas fusilería de la tropa militar, los repiques de campanas, cohetes, una banda de música, y rodeado de un pueblo inmenso que se opinaba a cada paso por ver al obispo. Todas las escuelas llevaban banderas, pero la que sobresalía más que todas por sus vivos colores y gallardía era la de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, todo esto producía un acontecimiento nunca visto en este pueblo. Después que la comunidad franciscana hubo oficiado lo prescripto por el pontifical romano el señor obispo bendijo al pueblo que fue como la culminación del recibimiento; después fue a alojarse en el Colegio de los padres de San Francisco, en el tránsito al convento algunos más le vivaron.

Actividad del obispo (Folios 89 y siguientes). El día 2 del mes de octubre de 1881 nuestros reverendos padres misioneros tuvieron una visita muy agradable aunque inesperada, máxime después de haber pasado los días de apuro. Esta visita fue el dignísimo Obispo de Córdoba Don Fray Mamerto Esquiú y Medina de la misma orden Seráfica, quien quiso honrar a sus hermanos los misioneros del Río 4o. Para dar mayor realce a la solemnidad del Patriarca San Francisco el día 4, celebró de Pontifical este augusto prelado honra de nuestra orden seráfica y dignísimo hijo de la Provincia Franciscana del Río de la Plata.

Por la noche pronunció un hermoso discurso. Al día siguiente se dio principio a la Novena del santo Rosario en la Iglesia parroquial; predicó una serie de pláticas tan notables que los mismos perseguidores quedaron conmovidos.

La materia de que se valió el Obispo fue la explicación del símbolo de los Apóstoles, el Credo, por que como decía él, es necesario aprender el Credo y explicarlo para evitar las continuas apostasías de la fe que se observa en los hijos del Catolicismo de este siglo. El día que se celebró la fiesta del Santo Rosario a más de la Plática para la noche, predicó también una hermosa y conmovedora oración panegírica a la festividad; siguió predicando, hasta que por indicación del Gobernador tuvo que volver a Córdoba para bendecir para asistir al acto del Presidente Juárez Celmal, y así tuvo que cortar sus hermosas platicas con sentimiento de todos.

La noche del tumulto. Todos los días que predicó el Obispo, y que fue una verdadera misión, el templo estaba concurridísimo, asistiendo lo más selecto de la población y aun los ultra liberales, a quienes atraía la encantadora dulzura del Apóstol Franciscano, lleno de fervor y unción. En una de esas noches ocurrió un incidente muy desagradable. Apenas se había acabado de rezar el Rosario y de cantar la piadosa letrilla "Oh María, madre mía etc.", y antes que el obispo principiadora su plática, parecía que el infierno se hubiese desencadenado para mover confusión. De un momento a otro cuando nadie se imaginaba se produjo una horrible desorganización y tumulto entre los que estaban en el templo: Unas mujeres gritaban ¡¡Se cae la iglesia!¡!¡! otros hay revolución!! En una palabra parecía el infierno, ni el obispo con su voz podía hacer callar la gente, ni nadie era capaz de hacerse entender, todo era confusión, todo desorden: hasta que poco a poco volvió la calma y el silencio. Hasta ahora no se ha sabido cómo resulto dicho tumulto: unos creen que por haberse descompuesto una mujer; la intención era hacer creer que el demonio puso su empeño para que se privase el bien que se hacía con la predicación del Obispo; también por la persecución que hicieron a los misioneros, el pueblo había quedado espantado, de modo que se impresionaba fácilmente.

Explicación. Es de recordar que en los días en que el Prelado Diocesano estuvo en el Convento fue visitado por todas las autoridades y principales personalidades del pueblo quienes se admiraban de su ciencia y humanidad. Ya se ha dicho que cautivaba a todos por su mansedumbre: sin embargo el Comisario de Policía en el informe que pasó al Jefe Político sobre el tumulto ocurrido en la iglesia lo hacía aparecer como que la predicación la hubiese producido: así lo publicaron, como para probar que la predicación trae sus malas consecuencias aunque la haga el Diocesano, para esto alquilaron una desgraciada mujer que a nadie se habrá convencido. De allí pudo medir el obispo la veracidad de esos seres que solo sirven para baldón y castigo de los pueblos. (Se refiere al informe que publicó el periódico la “Voz de Río Cuarto”).

Despedida. Llegado el día de regresar a Córdoba se congregó mucha gente, las autoridades y la Comunidad; todos reunidos lo acompañaron hasta la Estación del FF.CC. donde se despidió, manifestando su profundo agradecimiento por la atención que habían usado con él y los suyos; después partió”.

Documentos

En el Archivo franciscano se encuentran veinte documentos referidos a Fr. Mamerto Esquiú.

En su mayoría están dirigidos al Guardián, Fr. Quirico Porreca: dos cartas como religioso, una fechada en la Estación San Pedro, del 6 de junio de 1878, por un pedido por un oratorio privado en la localidad de Frías; y otra desde Catamarca, el 1 de abril de 1880, en la que agradece oraciones.

De sus funciones como obispo de Córdoba, hay catorce documentos:

En el Nº 2619, anuncia su visita: “Córdoba, junio 25 de 1881. R.P. Guardián Fr. Quirico Porreca. Mi muy estimado Padre: A pesar de tantas dificultades que me rodean y de mi imbecilidad para el desempeño de mi ministerio, no pierdo la esperanza de ir por allá en el mes siguiente a imponer las manos al querido hermano ordenando, y respirar de mi parte el aire de paz y de consuelo que hay en los conventos de los siervos de Dios. Oportunamente daré aviso a V.P. sobre mi marcha o la imposibilidad de hacerla. / Salude de mi parte a todos los PP. y fieles. /De V.P. afectísimo servidor y hermano. /Firmado: Fr. Mamerto”.

Otra carta, del 27 de agosto de 1881, es acerca del jubileo en las iglesias de Río Cuarto; un Decreto, del 3 de marzo de 1811, de relevo del Capellán en la parroquia de Sampacho; acta del 18 de febrero de 1882, dispone la anexión del Colegio de Hermanas Terciarias Franciscanas de Villa Nueva; en nota del 17 de marzo de 1882, por el tema de Villa Nueva; en la carta del 14 de junio de 1882, anuncia una misión en La Carlota; otra del 15 de septiembre de 1882, por situación Colegio de Villa Nueva; en la del 28 de septiembre solicita ayuda para cubrir ausencia de un sacerdote; y la última, como obispo, es del 25 de diciembre de 1882, a Fr. Rafael Prisco, otorgando facultades, y que despacha desde La Rioja- donde se encontraba, a ocho días antes de morir- con fecha rectificada del 2 de enero de 1883.

Los otros documentos con fecha posterior a su fallecimiento, se refieren al vicario capitular Jerónimo Clara y a ratificaciones de facultades concedidas en ejercicio de su función episcopal.

Homenaje

En nuestra ciudad se honra la memoria de fray Mamerto Esquiú con la denominación que lleva la Escuela Nacional de Comercio y un busto allí emplazado, obra del pintor y escultor local Ángel Enrique Vieyra, y con la denominación a una calle que lleva su nombre en barrio Hipódromo.

Fuentes: libros de crónicas y documentos del Archivo Histórico del Convento San Francisco Solano.

Inés Isabel Farías. Especial para Puntal