Fray Mamerto Esquiú, quien será beatificado el 13 de marzo próximo en su Catamarca natal, estuvo dos veces en Río Cuarto. Fue en momentos en los que se desempeñaba como obispo de Córdoba. Su presencia en la ciudad no pasó desapercibida, sobre todo durante su primera visita, en la que una de sus celebraciones resultó boicoteada.
Consultada por Puntal, la directora del Archivo Histórico del Convento San Francisco Solano, Inés Farías, dio precisiones sobre el paso de Esquiú por la Villa, en base a las crónicas que fueron escritas por el fray Moisés Álvarez.
“Las crónicas del Convento San Francisco Solano, escritas por fray Moisés Álvarez, registran la primera visita (en 1881) y la actividad de fray Esquiú como obispo de Córdoba y, en páginas anteriores, los motivos por los que el entonces guardián, fray Quírico Porreca, viaja a Córdoba para pedir el consejo y auxilio del obispo, dado el fuerte y sostenido ataque que venían sufriendo los religiosos por parte de la masonería”, recordó Farías.
Concretamente, Esquiú arribó a Río Cuarto el 2 de octubre de 1881, hace 139 años. Había salido en tren de madrugada desde Córdoba y llegó a la ciudad al atardecer, junto con su secretario.
Farías señaló que, de acuerdo a los registros que se conservan en el archivo, “a los costados de las vías se veían grupos de personas que esperaban el paso del tren y se sentían claramente los repiques de las campanas”.
“Desde la ventanilla del tren, los viajeros podían ver una larga fila de gente montada a caballo en la proximidad de la estación. Todo el lugar estaba lleno de una gran multitud, pero el prelado permaneció indiferente, creyendo que no era a él a quien aclamaban. Sin embargo, era verdad, gritaban: ‘¡Viva el obispo Esquiú!’. Fue así que, desde la ventanilla, el obispo alzó el brazo y los bendijo”, agregó Farías, siguiendo el relato de las crónicas.
Esquiú se hospedó en el Convento San Francisco Solano, donde encabezó diferentes celebraciones.
-¿Qué actividades desarrolló?
-Por la noche, predicó un discurso relativo al “Gran Patriarca y sus pobres hijos”, pues se estaba en las vísperas de la fiesta de San Francisco. Al día siguiente se dio principio a la Novena del Santísimo Rosario en la iglesia parroquial -de la Inmaculada, a cargo por entonces de los franciscanos- y el obispo inició una serie de prédicas.
-¿Cuándo fue el ataque?
-Los registros expresan que su prédica en la ciudad fue exitosa. El templo estaba siempre muy concurrido. Sin embargo, en una de las noches ocurrió un incidente muy desagradable. Apenas se había acabado de rezar el Rosario y de cantar la piadosa letrilla “Oh, María, madre mía..”, y antes de que Esquiú iniciara su prédica, cuando nadie se lo imaginaba, se produjo una desorganización que generó un verdadero tumulto. Había mujeres que gritaban: “¡Se cae la iglesia!”, otros decían: “¡Hay revolución!”. El obispo no podía callar a la gente. Se produjo una gran confusión, hasta que poco a poco volvieron la calma y el silencio. La explicación vino después. La masonería se había empeñado en opacar la prédica de Esquiú, dentro del clima de persecución que ya venían sufriendo los misioneros. El comisario de Policía le pasó un informe al jefe político sobre el tumulto ocurrido en la iglesia. En el escrito se hizo parecer que la prédica del obispo de Córdoba fue la que generó los incidentes y así lo expresaron en las páginas del periódico la “Voz de Río Cuarto”, que dirigían.
Más allá de eso, Esquiú siguió adelante con su misión en Río Cuarto y logró recuperar el fervor de la feligresía. Estuvo en la ciudad durante 20 días, hasta el 22 de octubre de 1881.
Segunda visita
Fray Mamerto Esquiú volvió a visitar la ciudad a los pocos meses. Fue entre el 23 y el 25 de abril de 1882. Se trató de un viaje breve para cumplir con una misión protocolar, ya que se trasladó desde Córdoba para saludar al internuncio de Brasil, monseñor Mario Monceni, quien vino de paso a Río Cuarto procedente de Chile.
“En esta oportunidad, como el viaje no estaba planificado, no se contó con la presencia masiva de la población. Tan sólo fue recibido por un grupo de frailes del convento. Las celebraciones fueron en el templo franciscano”, precisó Farías.
-¿Hay muchos devotos aquí?
-La devoción por fray Mamerto Esquiú viene desde la historia de los primeros franciscanos que lucharon en la Villa por los valores cívicos, culturales y religiosos, que tan en alto llevó Esquiú en durante su vida. El respeto y la admiración que se tenían de él habían trascendido desde mucho antes de hacerse cargo del Obispado, por su defensa de los valores cívicos y su profunda religiosidad. En el convento se conserva un cuadro al óleo de esa época en que fuera un humilde huésped. Al conocerse la noticia de su beatificación, esta devoción renace, más aún en esta época de tan seria crisis sanitaria, conociendo que el milagro por el cual la Santa Sede aprobó que sea declarado beato ha sido el de la curación de una niña de Tucumán, de un modo inexplicable para la ciencia.

