Río Cuarto |

Omar López de Alda, un apasionado que lleva más de 60 años con la fotografía

Su hobby comenzó en la adolescencia y en la actualidad sigue adelante. Participó de los dos fotoclubes que funcionaron en Río Cuarto y ha hecho innumerables viajes en los que ha tomado imágenes de todo tipo.

Omar López de Alda es un apasionado por la fotografía. Su amor por la captura de imágenes comenzó cuando era un adolescente, hace más de 60 años. A lo largo de su vida ha participado de los diferentes fotoclubes que se formaron en Río Cuarto y ha viajado por el mundo para tomar los mejores registros de las bellezas arquitectónicas y naturales que hay en el planeta. En diálogo con Puntal, contó cómo surgió su vocación y las implicancias de los cambios tecnológicos en el rubro. 

“El tema de la fotografía como hobby lo tuve desde muy joven. Desde los 15 años empecé a interesarme por la fotografía y más o menos a esa edad puede tener mi primera cámara, una muy elemental como eran en aquel momento, sin ningún automatismo. Desde ese momento fui evolucionando, adquiriendo cámaras cada vez mejores. Cuando empecé era todo analógico y hoy todo es digital. Antes, con algunos amigos revelábamos, teníamos un cuarto oscuro y también ampliábamos. Hacíamos todos los trabajos de manera artesanal. Yo me recibí de abogado y no me dediqué como fotógrafo, pero siempre estuve muy relacionado a la actividad”, afirmó López de Alda. 

-¿Qué tipo de fotos ha sacado?

-De todo tipo, pero especialmente de viajes, naturaleza y paisajes. A lo largo de mi vida he viajado mucho y lo sigo haciendo. Viajo y en ese marco saco fotografías. Llevo la cámara a todos lados. El último viaje fue en noviembre pasado. Estuve en un safari fotográfico en Kenia, África. Tengo fotos de animales. 

-¿Ha visitado muchos países?

-Sí, he visitado distintos lugares. Tengo mucho material de Oriente, por ejemplo. 

-¿Imprime todo lo que saca?

-No, tengo todo archivado en formato digital desde el momento en el que empezamos a usar las cámaras digitales, allá por el 2006. 

-¿Ha estudiado fotografía?

-No, soy un autodidacta. No obstante, leí mucho sobre el tema, todo lo que se me puso por delante. Con las primeras cámaras que usábamos tirábamos uno o dos rollos de prueba. Las cámaras no tenían sensores de nada y no medían la distancia ni la luz. Entonces, se tiraban uno o dos rollos para anotar cómo iban saliendo las fotos. Había que esperar algunos días para tener las fotos de esos negativos y evaluar los resultados. Así se aprendía, con prueba y error. 

-¿Con qué época se queda?

-Hoy es todo mucho más cómodo. Además, no tendríamos tiempo de hacer el revelado como se hacía antes. 

-¿Tiene algunas fotos como preferidas?

-No, he sacado muchas fotos. Tengo fotos de todo tipo, de toda clase. He participado de concursos de revistas y de seguros y he logrado premios y menciones. 

-¿Ha hecho fotos documentales?

-Una vez hice una presentación con diapositivas y música sobre la evolución gráfica. En ese momento estaba el diario El Pueblo. Logré sacar e ilustrar cómo se imprimía con linotipo. Después retraté La Calle, que usaba un medio más tecnificado que el anterior, y finalmente hice lo propio con Puntal, que acababa de instalarse y que tenía tecnología de punta.

-¿Cómo fue el safari por Kenia?

-Fuimos en un Jeep de a cuatro personas con un guía y un chofer. Estuvimos en cuatro parques distintos, donde no hay nada preparado, es una zona virgen. Si bien es bastante seguro, no hay garantías de nada. Es decir, puede que se empantane el Jeep o que un animal te ataque. Es una experiencia totalmente diferente. 

-¿Ha presentado sus fotografías?

-Sí, junto a mi esposa presentamos una vez en Trapalanda fotos urbanísticas de Portugal y Galicia (España). Ella también saca fotos. 

-¿Alguien de su familia está siguiendo sus pasos?

-No, ellos solamente reniegan cuando les quiero mostrar las fotos que saco (risas).

-¿Tiene mucho material archivado?

-Sí, tengo negativos y mucho por digitalizar. 

-Con el paso de los años, la tecnología ha evolucionado muchísimo, pero la foto sigue siendo algo fundamental en la vida de las personas…

-Yo no siento que haya cambiado el modo de sacar fotografías al pasar de lo analógico a lo digital. A mí me tocó estar como presidente en el fotoclub en el momento de la transición. Discutí mucho con los socios para hacerles entender que la fotografía digital no era ningún cuco y que no iba a cambiar nada. En aquel momento, allá por los 2000, muchos creían que lo digital arruinaría la fotografía. Ahora todo el mundo saca en formato digital. La foto primero está en la cabeza de uno y después uno con la cámara, sea cual sea, intenta lograrla. Con respecto a la importancia de la fotografía en la sociedad, creo que hoy es mucho más fuerte la presencia porque está al alcance de todo el mundo. En los años 50, por ejemplo, sacarse una foto era algo muy especial. Los padres llevaban a los chicos a los estudios fotográficos para sacarles una foto. Hoy, una persona se levanta, se lava la cabeza y de ese momento hace una foto. No lo critico, pero eso marca cómo han cambiado las cosas gracias a la tecnología y al celular, principalmente. 

-Usted ha participado de los distintos fotoclubes que funcionaron en Río Cuarto…

-Sí, a mediados de la década del 60 hubo uno. En aquel momento yo era estudiante y participaba. Había gente que tenía casas de fotografía. Al tiempo se disolvió porque se habían metido en el medio las cuestiones comerciales. Ese fue uno de los inconvenientes. Después, en 1999 se armó otro. En un momento participaron varias personas que habían estudiado en el Peam (Programa Educativo de Adultos Mayores de la UNRC) y que quisieron seguir adelante.  Fui presidente por dos períodos. Funcionó durante 4 o 5 años y se cayó. Ahora, aunque no hay un fotoclub de manera formal, hay gente que se relaciona como si existiera. Hay otros movimientos que están haciendo trabajos muy lindos. 

-¿Cuánta gente participaba del fotoclub?

-Al comienzo, en el segundo fotoclub había entre 60 y 70 personas que participaban de las reuniones. En el primer fotoclub había unas 30 personas. En los 60 nos reuníamos en el entrepiso del Teatro Municipal, donde había un laboratorio para revelar, pero los encuentros se realizaban en el viejo edificio del Cecis. En tanto, en el 99 nos encontrábamos en distintos puntos. Tuvimos durante un tiempo un vagón del Municipio en El Andino. Se había acondicionado, pero con los años se perdió el interés.

Nicolás Cheetham

Redacción Puntal


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