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Un trimestre clave: ¿el rebote en V o la base de la L?

Más allá de los deseos del Gobierno, los fundamentos del consumo, la inversión y el gasto público están en la pendiente y no hay señales de reactivación. El sector externo, en positivo

Después de un primer tramo del año para el olvido en materia de actividad económica, con valores incluso similares a los de la pandemia, la expectativa generada por el Gobierno es que en el segundo trimestre que acaba de comenzar puedan empezar a verse síntomas de una mejora, como inflación por debajo de dos dígitos o incluso el freno en el desplome económico.

Ayer, Came dio a conocer el resultado de las ventas minoristas de los primeros tres meses del año: hubo una baja del 22,1% comparado con igual período de 2023. “Los comercios están atravesando meses delicados, con pocas ventas y subas de costos. Especialmente en marzo fue notorio el incremento en los montos de los servicios públicos. Aquellos locales más intensivos en el uso de energía, por ejemplo, como alimentos y bebidas, vieron saltar las cifras en sus boletas de luz”, alertó la entidad de la pequeña y mediana empresa.

Si se observa mes a mes, el dato de marzo, que cerró el primer trimestre, mostró una baja del 12,6%, lo que implica una caída menor a los datos previos de enero (28,5%) y febrero (25,5%). Ayer, economistas afines al Gobierno se mostraron entusiasmados con el dato de marzo apuntando que empieza a dibujarse una “V” en el consumo. Ciertamente, algo que parece un espejismo.

Curiosamente, en Córdoba, la caída de ventas en marzo fue del 18,7%, mayor que la nacional. Fue el mismo número que en agosto de 2020, en plena pandemia.

Si bien la caída es menor, el escenario recesivo continúa empeorando mes a mes, acumulando bajas. A esta altura del año, en las últimas dos décadas, es habitual que los ingresos mejoren por el inicio de los ajustes paritarios. A partir de abril, la mayoría de los convenios estaban cerrados y empezaba a fluir un mayor consumo. Pero 2024 trae como novedad que los haberes, salvo excepciones, perdieron de manera significativa con el proceso inflacionario y no hay por el momento señales de que puedan pasar al frente en esa carrera, ni siquiera en esta época del año. En ese sentido, esta semana se conocerá el dato de la inflación de marzo, que el Gobierno espera cerca del 10%, con lo cual también hay una desaceleración sobre las cifras siderales de diciembre, enero y febrero. De nuevo: dos dígitos de inflación mensual no es una buena noticia.

Ayer, el economista liberal Carlos Rodríguez, que se distanció del presidente Javier Milei cuando este asumió la primera magistratura, recordó que entre abril de 1991 y julio 2023 (386 meses) solamente hubo un mes con inflación mensual de dos dígitos que fue abril de 2002 (10,4% cuando cayó la Convertibilidad).

“O sea que tuvimos 385 meses con inflación mensual de un dígito. Los datos claramente muestran que nunca en esos 385 meses se estuvo cerca de una hiperinflación, a menos que se recurra al truco trivial de anualizar los datos de alguna semana en particular”, indicó el economista de Ucema al cuestionar que desde el Gobierno se insista en la teoría de que se caminó por la cornisa de una híper.

“A partir del mes que Javier Milei se destacó en la política argentina ganando las Paso, se inauguró un período de inflaciones mensuales de dos dígitos: 12,4% en agosto 2023 y 12,7% en septiembre. Hubo devaluación, Milei llamó ‘excremento’ al peso y se despertaron temores a una dolarización (miedo al cambio)”, puntualizó Rodríguez.

En ese recorrido, la inflación mensual bajó a 8,3% en octubre cuando Milei perdió contra Massa en las generales. La inflación mensual subió nuevamente en noviembre a 12,8% cuando Milei ganó el balotaje y finalmente al asumir la Presidencia en diciembre la inflación llegó a un récord de 25,5%, “ayudada por la necesaria suba en el precio del dólar oficial del 114%”, indicó el economista.

Ese camino explica el proceso de recesión instalado en el país. Claramente los precios volaron y los ingresos quedaron en tierra. Ahora la inflación vuela algo más bajo, pero en el horizonte están las tarifas, que no sólo van a distraer más recursos de los golpeados bolsillos argentinos para pagar las facturas y seguir recortando otros gastos, sino que impactarán en procesos productivos y comerciales, por lo cual razonablemente tendrán efecto inflacionario. Ayer, una gran cadena de helados cordobesa que había pagado 100 millones de pesos de electricidad en la factura anterior, se encontró con una de 200 millones ahora. ¿Qué se supone que hará con ese costo central que se disparó? ¿Lo absorberá o lo trasladará al menos en parte a precios? El tamaño del impacto no da lugar a dudas.

Vale insistir en que, además, la fuerte recesión está generando un desmoronamiento marcado de los ingresos tributarios en todos los niveles, lo que empieza a tensar al máximo la cuerda con provincias y municipios, que reciben a su vez mayor demanda social por la crisis. La Nación, en tanto, suma dificultades para equilibrar las cuentas a medida que sus ingresos no encuentran piso.

El cálculo del PBI es Consumo, más Inversión, más Gasto Público, más la diferencia entre Exportaciones e Importaciones. ¿Por dónde rebotará?

¿Puede cambiar esa tendencia? El primer dato positivo por delante es que el agro empezó a levantar la cosecha y que este año será mucho mejor al pésimo 2023 y que habrá muchos más dólares de ingresos, lo que dará tranquilidad cambiaria y mayor posibilidad de engrosar las reservas aún negativas del Banco Central.No sólo eso, sino que el proceso de cosecha moviliza la economía en todo el interior del país. Especialmente en la región central, el movimiento de cosecha empezó a advertirse, desde las rutas, los talleres, las estaciones de servicio, repuesteras y hasta los paradores ruteros. ¿Alcanzará con el campo para borrar la caída de actividad? Difícil, pero vale la pena ir a la fórmula de cálculo del PBI que es Consumo, más Inversión, más Gasto Público, más la diferencia entre Exportaciones e Importaciones. El consumo no logrará crecer hasta que los salarios comiencen a ganarle de forma sostenida -y no eventual- a la inflación. La inversión, hasta que la macroeconomía no pueda ordenarse y el Gobierno encuentre acuerdos políticos, difícilmente despegue. El gasto público, claramente, se sostendrá en baja con la motosierra. Entonces la única luz de esperanza está en el tramo final de la fórmula, con importaciones a la baja -antes sobredimensionadas para aprovechar el atraso cambiario- y el crecimiento en exportaciones.

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