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Una ciudad que no se revisa

El Municipio aplicó la ordenanza 396 e impidió el traslado de la cadena Easy al centro. El episodio puede ser la oportunidad para que Río Cuarto rediscuta su modelo comercial

El negocio que la cadena Easy planeaba montar en el shopping Vea tenía una característica inusual y casi mágica: podía expandirse o reducirse de acuerdo al ojo que lo mirara. Podía ser a la vez un comercio menor dedicado a la venta de artículos de decoración o un hipermercado de la construcción de 3.500 metros cuadrados de superficie de ventas.

Quien lo anunció primero fue Germán Di Bella, secretario de Desarrollo Económico, que describió el proyecto de la marca chilena como una inversión positiva para la ciudad.

La segunda área que se refirió públicamente a Easy fue la Subsecretaría de Planificación. Su titular, Germán Maldonado, miembro además del Instituto de Planificación Urbana (Impurc), fue uno de los que vieron en los planos una superficie de venta acotada, de menos de 900 metros, que no se contraponía con la legislación vigente. El volumen del negocio no es una cuestión menor porque sirve para definir si se trata de un hipermercado y si le cae encima la ordenanza 396 votada en el 2000, que reguló la instalación de las grandes cadenas en la ciudad.

Maldonado dijo, en una entrevista con este diario, que en el traslado de Easy no se aplicaba la ordenanza 396 porque el shopping no es una edificación nueva sino una ya existente y porque, fundamentalmente, la superficie a habilitar era inferior a 900 metros.

El Impurc, por lo tanto, le dio el visto bueno. Pero no sólo el oficialismo sino también la oposición. Gonzalo Losada, miembro de ese organismo en representación de Juntos por el Cambio y presidente del radicalismo, dijo públicamente que no había cuestionamientos técnicos y que, en definitiva, sería una decisión política del gobierno de Juan Manuel Llamosas decirle sí o no al traslado.

Pero Easy empezó a expandirse curiosamente al pasar de las áreas técnicas a las jurídicas. Cuando recibió el proyecto, el fiscal municipal, Ricardo Muñoz, descubrió que, en realidad, la cadena chilena, propiedad de Cencosud al igual que Vea, no pretendía instalar sólo su división Home, de decoración, sino llevar allí todo su negocio, incluido el corralón de materiales de la construcción, y usar un total de 3.500 metros cuadrados. La cifra equivale a 3 hipermercados y medio. Por lo tanto, a Muñoz no le quedaron dudas de que la restricción de la ordenanza 396, que envía a las grandes superficies a la periferia de la ciudad, era aplicable en un 100 por ciento.

Nadie ha explicado aún por qué hubo tantas diferencias entre una versión y otra, por qué un mismo plano mostró esa curiosa elasticidad métrica.

Lo que dejó el capítulo Easy, más allá de la comprobación de que se intentó ocultar la verdad, fue una descoordinación entre las diferentes áreas que intervinieron.

Pero no fue una desconexión privativa del oficialismo; la oposición también mostró las mismas incongruencias. Dirigentes de Juntos por Río Cuarto, como Juan Jure y Gabriel Abrile, salieron a rechazar el traslado de Easy al centro y a reafirmar el concepto de que el Estado municipal debe ser un elemento equilibrador que evite que los grandes comercios se coman a los chicos.

Pero el representante técnico del radicalismo en el Impurc, Losada, ya había adelantado su opinión en los medios. Y no era precisamente restrictiva. Los concejales opositores, a quienes el jefe del radicalismo representa en el Impurc, quedaron mascando bronca por el paso en falso.

Los técnicos terminaron yendo para un lado; los políticos para el otro. En medio, el Centro Empresario reclamó que la ordenanza se aplicara porque el desembarco de Easy en pleno centro iba a ser abiertamente nocivo para los comercios de la zona.

En definitiva, el gobierno de Juan Manuel Llamosas terminó haciendo lo que debía hacer: se basó en la ordenanza 396 e impidió el traslado de Easy. El argumento es obvio: la ordenanza está vigente; no hubo ningún acto que la interrumpiera entre el año 2000, cuando se aprobó, y el 2022.

Pero a la vez que cerró una puerta, el Municipio abrió otra: le recomendó a la empresa que reformule su proyecto para hacerlo coincidir con la legislación. Es decir, que acote la superficie. Sin embargo, también ese criterio es discutible porque el artículo 2 de la ordenanza señala que la restricción les corresponde a aquellos comercios que, aun con menos de 1.000 metros, integren un mismo grupo económico: en este caso, Vea e Easy.

La aplicabilidad de la ordenanza 396 no se discute, como tampoco el criterio jurídico de la Fiscalía Municipal. Lo que hay que preguntarse es si además de su vigencia la ordenanza 396 es actual. Y allí el debate ingresa en otro plano: en el modelo comercial que Río Cuarto como ciudad piensa para sí misma.

El sentido de aquella legislación era organizativo pero sobre todo proteccionista: hace casi un cuarto de siglo los concejales entendieron que los comercios riocuartenses, que presionaron por la ordenanza, no estaban en condiciones de competir con las grandes cadenas que estaban reconfigurando el mapa del comercio. Por eso se estableció una división geográfica de la ciudad: los nuevos hipermercados en la periferia y los negocios de menor magnitud en el centro.

Lo que tal vez haya generado el caso Easy sea una oportunidad: ¿cómo va a estructurar Río Cuarto su comercio, uno de los motores de su economía? Quizás aquella normativa deba revisarse no sólo por su antigüedad sino porque el comercio mismo cambió. La 396 es una ordenanza con una concepción geográfica, pero hoy las ventas poseen una dimensión tanto digital como física.

Cuando la legislación se aprobó, el e-commerce era más una posibilidad que una realidad. Pero en 2020, con la pandemia, las ventas online se dispararon y en 2021 el fenómeno no se atenuó: al contrario, crecieron otro 89% en el país y se facturaron $ 61.653 millones, según un estudio de Tiendanube.

Los negocios de Río Cuarto ya no compiten sólo con Easy, Vea o Carrefour. También lo hacen con empresas aún más poderosas y de alcance mundial como Amazon o Mercado libre. ¿La ciudad se ha adaptado con suficiente velocidad a esos cambios? En el área de Desarrollo Económico están realizando un mapeo porque hoy ni siquiera se sabe cuántos negocios están en internet, cuántos venden por Mercado libre o si se están capacitando.

En la definición de un modelo comercial intervienen, al menos, tres actores: los negocios en sí mismos, los clientes y los dirigentes políticos. Si se leen las estadísticas, los clientes ya eligieron. La lealtad hacia el comercio físico ha ido menguando de la mano del e-commerce. Por lo tanto, las legislaciones que en algún momento “alambraron” la ciudad van perdiendo no sólo su sentido sino su efectividad.

Río Cuarto suele ser reacia a abrir debates, a revisarse a sí misma. Esta vez, más de un dirigente dice por lo bajo que habría que estudiar la legislación porque quedó obsoleta. Pero nadie se anima a postular esa necesidad.

La ordenanza 396 tuvo un sentido proteccionista. Pero la protección del Estado no puede ser eterna. Tal vez una pregunta pertinente sea qué acciones se tomaron en más de dos décadas para preparar al comercio de la ciudad para dar esa pelea que en el 2000 no estaba en condiciones de afrontar. Si hoy se encuentra tan vulnerable como hace 22 años, entonces fue tiempo perdido.