Río Cuarto | oyarzabal |

El cazador cazado: la semana que profundizó la caída de Oyarzábal

Horas después de que le negaran el excarcelamiento en la causa por narcolavado, un fiscal pidió que vaya a juicio por haber intentado favorecer a los Vargas cuando se buscaba el paradero de Nicolás Sabena

La caída de Gustavo Oyarzábal, el exjefe de Investigaciones de la Policía de la Provincia, parece no encontrar final. 

En las últimas horas, su crítica situación procesal se agravó por dos medidas que se tomaron en diferentes órbitas: en la esfera de la Justicia Federal, donde se persiguen los delitos de narcotráfico de mayor volumen, la Cámara Federal de Córdoba le denegó el último pedido de su abogado defensor y confirmó que Oyarzábal debe seguir con prisión preventiva en la causa por narcolavado. Horas después de eso, se conoció que el fiscal de Instrucción de Segundo Turno ordenaba enviar a juicio al excomisario pero por otra causa: la denuncia que Rosa Sabena le había hecho en la Justicia provincial por su supuesta colaboración con los integrantes de la familia Vargas Parra en 2008, cuando la búsqueda del joven riocuartense era todo incertidumbre.

Luego de que la madre de Nicolás denunciara a Oyarzábal durante años, la Justicia por primera vez acompañó su reclamo. Y para que eso sucediera mucho tuvo que ver lo que se destapó en la investigación del narcolavado.

Así lo remarcó el fiscal Di Santo en el requerimiento de elevación a juicio, al que tuvo acceso Puntal.

Rosa Sabena, la mujer que en su necesidad de saber qué pasó con su hijo se transformó en el motor de la investigación del paradero, detectó sospechosas llamadas telefónicas de Gustavo Oyarzábal      -por entonces a cargo de Telecomunicaciones de la Policía- con distintos integrantes de la familia Vargas Parra.

n Con Cori Vargas el 3 de noviembre de 2008. Ese día hubo dos llamadas, una de 24 segundos y otra de sólo 5 segundos, “con el propósito de favorecerla a ella y a su familia”, sostuvo el fiscal.

n Con Adelina Flores, la esposa de “Pepe” Vargas, el 18 de noviembre de 2008 habló durante 40 segundos, con el mismo objetivo de favorecerlos, según la Fiscalía.

n Con José “Pepe” Vargas Parra el 4 de diciembre del mismo año habló durante 34 segundos, a las 22.22 de la noche, un horario más que llamativo.

La explicación que dio en su momento Oyarzábal la primera vez que fue citado por la Justicia para que aclare el tema fue que sus llamadas tenían que ver con su tarea investigativa y que buscaba determinar quién había mantenido el último contacto telefónico con Nicolás Sabena. 

Sin embargo, Di Santo decidió mandar a juicio al exjefe policial después de concluir que existían conexiones entre la acusación que le hizo Rosa Sabena y la causa de narcolavado, que tiene detenido a Oyarzábal como unos de los principales sospechosos.

En su escrito de elevación a juicio explicó que, analizadas en forma descontextualizadas, las llamadas telefónicas a los integrantes de la familia Vargas Parra podrían aparecer como algo “habitual” cuando se investiga un caso complicado. 

Pero en este caso “se imbrica con los acontecimientos posteriores que tuvieron como protagonista al mismo oficial de Policía de  la Provincia, en la investigación iniciada por el Juzgado Federal de esta ciudad, en la que vale decirlo, aún no se ha dictado sentencia”. 

No obstante eso, al analizar las actuaciones de la Justicia Federal que fueron incorporadas en esta causa,  “aparecen conexiones con la investigación de la causa iniciada por la desaparición del joven Sabena que no me es posible obviar”, subrayó Di Santo. 

En uno y en otro caso, el punto de contacto es el submundo de las drogas y un personaje común: Gabriel Bossi, quien en la causa por la desaparición de Nicolás aparece mencionado como el novio o la pareja de Cori Vargas y en el narcolavado fue imputado por su estrecha relación con el zar de las drogas que fuera asesinado en enero de este año, Claudio Torres.

“Bossi aparece catalogado como uno de los organizadores del comercio de estupefacientes en la ciudad del que, a decir del Juez Federal, Oyarzábal daba protección”, dijo.

Así las cosas, aquellas sospechas de Sabena que para el fiscal aparecían al principio de la investigación “sin mayor seriedad” cobraron otro cariz cuando se destapó el doble rol que habría ejercido Oyarzábal dentro de la Policía de la Provincia de Córdoba. Por un lado, como uno de los principales encargados de desentrañar el delito en la ciudad y, por el otro, como el paraguas que habría ejercido protección a  los intengrantes de una las de las bandas narcos más activas de la ciudad.

Para Di Santo, los acontecimientos que salieron a la luz en los primeros meses de 2019 terminaron de darle fuerza a la acusación para que en un juicio oral y público se determine la real participación de Oyarzábal en un posible hecho de encubrimiento para beneficiar a los Vargas Parra.