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¿Es posible un plan a 10 años en la Argentina?

El Consejo Agroindustrial Argentino presentó un programa basado en las exportaciones para agregar valor a la materia prima y fomentar el ingreso de divisas y la generación de empleo. En el Gobierno creen que el rebote vendrá por el consumo interno

El presidente Alberto Fernández fue tajante la semana pasada en una entrevista con el Financial Times en la que expresó que no creía en los planes económicos. Y la verdad es que la catarata de críticas que levantó aquí adentro del país desde distintos ámbitos por esa definición podrían no encontrar sustento si uno se limita a mirar la Argentina de las últimas décadas. ¿Cuánto hace que el país no tiene un plan? Lo que se anunció como plan económico desde la vuelta de la democracia fue apenas un intento por sortear más o menos decentemente una coyuntura compleja. Pero no hubo largos horizontes que se dibujaran desde la Casa Rosada para imaginar un futuro de crecimiento con inclusión y mejor distribución. Lo primero que se puede rastrear en la experiencia cercana tal vez sea el período 2003-2010, en el que hubo una clara recuperación económica con una soja que volaba por arriba de los 500 dólares por tonelada. Fue la columna de aquellos años en los que el país salió del sótano del 2001, subió algunos escalones y asomó en la superficie. La región en realidad tuvo un anabólico en la era de las supercommodities que se fue diluyendo ya a mediados de la década pasada. El cierre de la gestión de Cristina permitió observar las consecuencias de lo que pasaba con el precio de las materias primas en el mundo.

Y eso también reveló la plena dependencia de una variable. Se cayeron los precios de las commodities -o volvieron a su normalidad- y el castillo de naipes colapsó. Pero es allí donde la Argentina encuentra su máximo nivel de competitividad. Ni en Vaca Muerta ni en ningún otro lugar hay hoy más competitividad que en las cadenas agroindustriales argentinas, que aún con muchas dificultades logran tener una posición destacada en el mapa mundial.

Desde hace al menos 5 años que coloca afuera más de 10 millones de toneladas de trigo, por ejemplo, cuando no hace mucho tuvo la necesidad de importar porque la ecuación era tan negativa que no se sembraba en el país. Apenas un par de señales fueron suficientes y ese cereal que insólitamente no llegó a cubrir la demanda interna ahora produce más del doble de lo que se llevan las industrias locales.

En el maíz la situación fue distinta porque nunca estuvo en peligro, pero su fuerte recuperación en hectáreas llevó a tener un máximo de rotación en los lotes con respecto a la soja, lo que terminó arrojando un plus por el lado de la conservación de los suelos, además de un volumen de producción creciente a nivel nacional. En el caso de la soja, se sabe, la zona de Rosario es una de las cunas mundiales de exportación y procesamiento de la oleaginosa en harina y aceites. A partir de esas tres patas, ahora un grupo de 45 entidades agroindustriales se animaron a confeccionar un plan para darle una vuelta de rosca y generar más riqueza agregando valor y dejando de enviar a puerto los granos. Se presentaron hace 10 días bajo la denominación de Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) y buscan generar consensos y una ley del Congreso para fortalecer esos objetivos, que podrían sumar 35 mil millones de dólares de exportaciones anuales al país y unos 700 mil puestos de trabajo para 2030, según sus cálculos. Hablaron con referentes políticos del oficialismo y también con gobernadores, pero tienen en agenda a la oposición y a muchos actores de la vida pública argentina para sumar su compromiso.

“Nadie puede estar en contra de un título así. Quién se va a oponer a un plan que promete crecimiento en dólares y puestos de trabajo en este país. Pero una cosa es decirlo y otra es hacerlo en Argentina. No tenemos muchas experiencias de ese tipo”, se sinceró un importante referente agropecuario de la provincia cuando fue consultado por el proyecto que reunió a todo el arco agroindustrial.

Sobre el tema, y más allá del rápido puente que las entidades tendieron hacia Sergio Massa, que incluso les respondió con un anteproyecto que el Consejo cajoneó para que no se piense que hay un vínculo político con el presidente de la Cámara Baja, hay mucha incertidumbre sobre lo que hará el oficialismo. Y ni hablar cuando, justo que estaban a punto de presentar el ambicioso plan, el presidente Fernández lanzó lo de su creencia en planificaciones económicas. Fue un baldazo para las entidades que creen que la salida del país es por la puerta de las exportaciones. Pero para eso requieren cambios en materia de presión tributaria hacia el sector. Básicamente, baja de impuestos que, según explican, luego se compensarán en la recaudación del Estado por mayor actividad. “Las bajas impositivas serán de impacto neutro en las cuentas públicas”, aseguran. El problema es que la historia comienza por la baja primero.

Ayer hubo otro ruido en la línea con el oficialismo. Y surgió de la economista Cecilia Todesca, vicejefa de Gabinete de la Nación, que planteó que la salida a la crisis económica del país se dará por el lado del consumo interno, en clara oposición a lo afirmado por las entidades agroindustriales. Y la funcionaria remató: “En la gestión anterior se tenía un diagnóstico de que si vos le bajabas impuestos a las personas de más ingresos ibas a generar una corriente de inversión que iba a generar producción y empleo. Eso no se verificó. Ese es el recetario típico de la visión neoliberal”, fustigó.

El desafío será superar lo hecho. No hay demasiadas dudas de que las recetas probadas no dieron frutos porque la realidad lo refleja. No estaría esto en discusión si hubiese un modelo y un plan que garanticen resultados. Lo que también resulta necesario es sortear las críticas y tener la capacidad de generar nuevas recetas para viejos problemas.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal