Qué hay después de la pandemia: Cómo serán instituciones y relaciones tras el Covid-19
Cuando se supere la pandemia del Covid-19, el país y el mundo se enfrentarán a un escenario distinto al que conocían. Luego de largas semanas en sus hogares, con economías frenadas, con pérdidas de seres queridos, con miedos que no serán fáciles de superar, la gente deberá salir a la calle y rehacer sus vidas.
En este marco, se consultó a pensadores referentes sobre cómo se dará este cambio. Santiago Polop, licenciado en Filosofía y doctor en Ciencias Políticas, e Ignacio Liendo, reconocido analista político, brindaron su lectura de la huella que dejará el coronavirus y cómo será el mundo pospandémico.
“Pienso en la idea de lo que significaría como sociedad volver a las calles. En primer lugar, hay que enfrentarse a lo que ‘ya no será’, hay una situación que se puede homologar a lo que dice la psicología de enfrentar el duelo, qué nos va a pasar con este contexto en el que muchas actividades se deberán reconvertir, en lo laboral, institucional, afectivo, entre otros”, reflexionó Polop desde una mirada filosófica, y recordó a la psicóloga Elisabeth Kübler-Ross, quien planteaba las 5 etapas para enfrentar el duelo: “La negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación”.
“Nuestro modelo social ha sufrido o sufrirá pérdidas muy grandes, en este sentido de los afectos, de los movimientos, los trabajos, y deberemos pasar por estas etapas del duelo; no podemos quedarnos en la negación, como ha sucedido en otros países, donde no importa nada y se sigue igual”, sostuvo Polop, que agregó: “Podemos enojarnos con lo que ha pasado, lamentarnos, mantener una bronca y caer en una sensación destructiva, como las personas que se enojan con los médicos o enfermeros que trabajan y vuelven a los edificios, o con los inmigrantes o con quienes viven en las barriadas populares. Ese enojo suele ser una emoción negativa”.
Por otro lado, consideró que se puede comenzar a negociar con la situación, “ver cómo en este marco podemos empezar a pensar nuevos escenarios, o deprimirnos, porque en este nuevo estado de vida no sabemos qué hacer y caemos en ese estado, y finalmente aceptarlo, siendo que la aceptación conlleva un aprendizaje”. En este sentido, destacó que es necesario pensar en qué se aprende de lo sucedido, “qué hemos visto que nos llamó la atención, que nos ha interpelado, y como sociedad qué podemos aprender sobre lo que valoramos, de aquellas instituciones del Estado a las que les podemos dar un nuevo lugar, con qué modelos políticos, económicos y sociales debemos tener ciertas precauciones, como cuando se degradan Ministerios de Salud a secretarías, son instancias que nos permitirían pensar en un aprendizaje”.
- Es un debate que se encuentra en una línea muy delgada en relación a los análisis políticos y económicos, que es en definitiva lo que ha influido en las medidas que han tomado los Estados en todo el mundo en relación a la pandemia.
- Creo que la elevación en la tensión entre la política y la economía ha tenido que ver con las revelaciones de algo que siempre ha estado, pero que no siempre se manifiesta, y es que toda economía es política. Con esto quiero decir que los modelos económicos que se asocian a la lógica del mercado y a la liberación absoluta de sus variables, con el funcionamiento meritocrático, plantean que la economía funciona con cierta lógica que no representa una ideología. Sin embargo, lo que la pandemia nos ha revelado es que hay una disputa real entre dos modelos políticos y económicos, que ambos son ideológicos, pero que la forma de vida que representa la lógica del mercado no se ocupa de la vida humana sino del movimiento de mercancías. A esto se le ha debido contraponer, desde algunos Estados, una primacía de la forma de vida humana, algo que es muy evidente en Brasil o Estados Unidos, donde se estableció que lo importante sería la circulación de mercancías. Es interesante pensar que esa tensión siempre estuvo escondida tras bambalinas, la pandemia la hizo más evidente.
El filósofo considera que como sociedad también es importante pensar ¿a qué vamos a volver?, para lo que debemos pensar en qué sociedad teníamos y qué nos permitió ver este evento. “Se pueden considerar 3 opciones en sentido de oportunidades a futuro”, destaca Polop, y explica: “Primero sería una oportunidad eugenésica, de hacer como que nada pasó y volver a la normalidad en la circulación, algo que se ve muy claro en discursos que hablan de la inmunidad de rebaño, que hay que contagiarse y después ver quién queda en el camino, que la biología se encargue de que los más fuertes sobrevivan, una posibilidad de recortar a la población más débil o añosa”.
Comenta, en tanto, que hay otra opción referida a pensar en lo que ocurrió con el coronavirus como una “oportunidad de negocios”, si lo que debe primar es una lógica de mercado. Indica: “Se debe adaptar la lógica en la que veníamos al distanciamiento social, ver una oportunidad de negocio en la crisis económica y humanitaria, y así buscar la forma en que este nuevo proceso funcione como una nueva forma para instaurar otras prácticas de consumo”.
Finalmente, se refiere a una tercera alternativa que está ligada a la ética. “Es una oportunidad que significaría asumir lo que el filósofo esloveno Slavoj Zizek llama ‘el paralaje’, un evento que cambia la visión de las cosas, un movimiento que altera la forma en la que vemos el mundo”, indica Polop, y asegura que en este sentido la pandemia “nos permitiría reflexionar sobre el modo de vida que teníamos hasta este momento y hacia dónde nos llevó, el papel del Estado, el rol de la ciencia y la educación, la forma de la producción que empuja a nuestras sociedades a enfrentarnos a amenazas que nos generamos nosotros mismos”.
Esto implicaría definir prioridades, cuáles son como individuos, como familias o como sociedades.
Porque la pandemia, al llevarnos a cortar circuitos de funcionamiento laboral, económico, afectivo, posibilita el llamado a la reflexión, a hacer un paréntesis en nuestra vida. La lógica con la que veníamos es de inercia, en la que uno se sube a ciertos andariveles del trabajo, del consumo, de las afectividades, y como viene funcionando se sigue en esa línea. Esta pausa permite pensar en que se puede vivir sin la locura o el desgaste en el que se lo hacía, sin comprar lo que se compraba.
Como cierre, Polop destaca que estas alternativas se articulan con modelos de sociedad que ya vienen existiendo. “Hay tres modelos que están funcionando de modo permanente, desde antes de la pandemia y que seguramente seguirán después de que esto pase: uno de tipo egoísta individualista, donde los sujetos son unidades de negocio; otro de sociedad de conjunto, que funciona con un criterio de lo colectivo y que con la pandemia se ha puesto en tensión con el modelo individualista, manifestado en la desesperación de los economistas ultraliberales en todos los medios pidiendo por el fin de la pandemia para que la gente consuma; y un tercer tipo de sociedad es del tipo facista, que quiere la negación del otro, y que en este momento puede pensarse con aquellos que se manifiestan en contra de los inmigrantes o las barriadas populares, y que puede llegar a generar nuevas formas de apartheid, como en la Villa 31 de Buenos Aires”, detalló el filósofo.
Nuevos desafíos
El analista político Ignacio Liendo considera que se debe considerar que “una cuestión es lo que ocurre a nivel internacional y otra en lo nacional, con la interacción dinámica entre las dos, lo que se conoce como la política ‘interméstica’”. En este sentido, asegura que “claramente se resetea el sistema a partir de esta pandemia, que no es la primera en la historia pero tiene un alcance global y con una cuarentena a escala planetaria, algo que no había ocurrido en la historia. Se resetea al igual que lo que sucedió con el atentado a las Torres Gemelas en 2001, y allí se puede ver el crecimiento de Asia en general, con el liderazgo de China y la preeminencia de oriente sobre occidente en relación a cómo gestionar la pandemia”.
Explica, en tanto, que en este contexto también se pone en tela de juicio a los sistemas políticos, “cómo ante una complejidad de esta naturaleza y con un mundo superpoblado, cómo responden aquellos sistemas de manera más eficiente que las democracias liberales occidentales”, reflexiona.
Al mismo tiempo, sostiene Liendo, se debate sobre las tensiones entre libertades individuales y el Estado y el totalitarismo. “Todo esto está mediado por la tecnología, que es una novedad que ni siquiera (George) Orwell o (Ray) Bradbury y los escritores distópicos pensaron, cómo la sociedad de la información podría generar un control social importante”, sostuvo y agregó: “En este marco, de política internacional, la disputa entre China y Estados Unidos liderando dos bloques, unos junto a Rusia e Irán, los otros con la Unión Europea y América Latina, cómo se gestionó la pandemia y cómo es la disputa hacia el interior de las elites occidentales con la imposición de una agenda respecto de las cuestiones sanitarias”.
- En este contexto, la definición de medidas ante la pandemia por parte de Estados Unidos, ¿ha cuestionado su lugar como potencia mundial y en relación a China?
- Claramente, en Estados Unidos, con el liderazgo de Donald Trump, asistimos al ocaso del imperio americano, con la pérdida de credibilidad y liderazgo ante el resto de las naciones. Sobre todo en relación a su presidente, para quien peligra su reelección, que de ocurrir sería un caso histórico. No obstante, hay una fracción de la elite norteamericana que intenta imponer una agenda que tiene que ver con la financiación, la obligatoriedad de las vacunas y culpar a China de la pandemia. Es claro que el prestigio de Estados Unidos, más allá de cuál fuera su origen, sostenido en la punta de los misiles o el soft power de Hollywood o con la retórica del estilo de vida americano, se ha puesto en tela de juicio y otros países como Cuba, se han posicionado desde otro lugar en detrimento de Estados Unidos.
En esta línea, el analista explica que surge un debate sobre política interna que se refiere a la crisis y decadencia del sistema de salud norteamericano. “Es un sistema privatizado y donde han impactado en los últimos 40 años las medidas neoliberales de reducción de gasto y déficit cero ligadas a la destrucción del Estado de bienestar”, señala Liendo, que agrega que en otros países no ha ocurrido y que el caso de Argentina es paradigmático. Explica: “Es un país que tiene una larga tradición de salud pública, ligada a la educación pública, al sistema de universidades nacionales públicas, y donde Córdoba fue un faro en América Latina sobre estas políticas, y a pesar de haber sido sometido a una fuerte presión de esta naturaleza en los últimos 40 años de producción, restricción y privatización, el sistema tiene una fuerte identidad, es potente y puede dar cuenta de la pandemia”.
Sobre las medidas de Alberto Fernández, sostiene que se definió seguir el camino de la “solución europea”, contraria a lo que ocurrió en Estados Unidos, Brasil o Chile, que “como en las viejas pandemias desde la Edad Media, reducir el número de contagio a través de estrategias de aislamiento social, con el objetivo de aplanar la curva de contagio y fortalecer el sistema de salud y así encarar los picos, algo que recomienda la Organización Mundial de la Salud basados en estadísticas y proyecciones biomédicas”. Considera, además, que desde el punto de vista sanitario las medidas del Gobierno son exitosa, “pero tiene un costado complicado que tiene que ver con la recesión económica, aunque hayan intentado paliarlo con distintas medidas, no es diferente a otros puntos del mundo respecto a la recesión”. Explica que estas definiciones tienen que ver con el abandono de la retórica instalada en la opinión pública del “déficit cero o la reducción de los gastos; todo lo contrario, el Estado interviene en la economía desde la salud pública y sosteniendo como un motor a los otros sectores”.
Liendo considera que esto tiene ciertos límites, y que es un desafío para la gestión de Fernández salir de la cuarentena y el aislamiento social para poner en marcha la economía y que el impacto no sea mayor, “que al mismo tiempo se puedan acomodar las cuentas públicas ante esta realidad, además de que en el medio está la negociación de la deuda externa, en un contexto en el que la mayoría de los países no sólo están en recesión, sino que están por entrar en una situación de cesación de pago”, completó.
- ¿El económico sería el principal desafío ante la salida de la cuarentena, tanto para los Estados como para los privados?
- Fundamentalmente es el económico, cómo ponerlo en marcha, cómo hacer que no sólo se recupere el empleo perdido, sino que se amplíe ante una nueva realidad que es devastadora. Tanto a nivel internacional como nacional. Este desafío se dará cuando se supere la pandemia, pero sin perder de vista que se debe seguir fortaleciendo el sistema de salud, con estrategias sanitarias a largo plazo. Desde otro lugar, la sociedad está altamente mediatizada, se ve lo que ocurre en el mundo a través de los medios, pero también de las comunicaciones horizontales con las redes sociales, y llama la atención cómo en un mes la sociedad tomó conciencia de esta nueva realidad, y se autorreguló de un modo interesante.
El analista político aclaró que esta autorregulación llega a un límite, con el cansancio de la gente, que quiere salir a trabajar. “El hambre tampoco es sonsa, un país que tiene a la mitad de la población en la informalidad, estas cuestiones psicológicas de no poder salir a producir llevan a un cruce entre los elementos que el Gobierno debe calibrar bien para superar la situación sanitaria y la económica”, completó.
- Es un debate común el que se ha dado con el cuestionamiento al sistema vigente a nivel mundial, ya sea desde lo personal como en los Estados, ¿qué evaluación hace de este cuestionamiento?
- Desde el punto de vista de la sociedad civil, de los individuos y sus subjetividades, lo que ha hecho la cuarentena fue parar y que todos debían hacerlo porque todo estaba frenado. Más allá de la desgracia de las muertes o que muchos se han fundido, fue un tiempo interesante de parar y las subjetividades se encontraron con el desafío de pensar, y concentrarse en lo verdaderamente importante, en cómo el sistema capitalista en el que estamos insertos, que imprime una lógica de ritmo de vertiginosidad y autoexplotación, entró en cuestionamiento. Allí muchos se replantearon lo verdaderamente necesario y funcionó de catalizador de tendencias que venían en expansión: desde los norteamericanos que desconocen la cuarentena y compran armas como salida, pasando por el empoderamiento de las minorías, hacia el ecologismo, el vegetarianismo, hay una serie de procesos que estaban con mayor o menor grado de latencia, que han sido potenciados y todos cuestionan la lógica del crecimiento infinito que plantea el capitalismo consumista. Allí es donde el presidente Fernández juega bien, y si se quiere corre por izquierda, al decir que entre la economía y la vida se queda con la vida.
Finalmente, Liendo consideró que los desafíos a los que la humanidad se enfrentará en el futuro son muy grandes, desde el punto de vista medioambiental, ecológico, pandémico, por lo que se pregunta si el capitalismo “realmente es la herramienta adecuada o nos lleva al colapso como civilización. Toda esa discusión se ha catalizado en la pandemia por habernos visto obligados a pensarnos”, sostiene. “También han circulado muchas teorías conspirativas, para lo que se presta el uso de las redes, donde muchos no tuvieron problema de entregar a los gobiernos sus libertades individuales por temor a la pandemia, y por otro lado, se cuestiona quién está detrás de todo, quiénes son los verdaderos actores”, dijo el analista, quien consideró que “se ha llegado a un renacer del pensamiento crítico, con estos procesos impactantes a escala global”.