Histórico es un calificativo difícil de manejar. El periodismo deportivo –y los otros también- ha abusado tanto de él que se ha transformado en una palabra casi vacía, un leitmotiv o un cliché. Se usa en diversas situaciones y sin tener claro qué quiere decir.

¿Cuándo un acontecimiento se vuelve histórico? Algunos lo hacen en el mismo momento en el que están pasando y cobran mayor importancia con el paso del tiempo.

En la madrugada del 9 de agosto de 2008, Paula Pareto consiguió su primera medalla olímpica en los Juegos de Beijing. Ese podio, que entró en la lista de hechos “históricos” del deporte argentino en ese momento, hoy, casi 13 años después, se ha vuelto más valioso aún.

Aquella mañana comenzó una tradición olímpica para Argentina. Durante los siguientes tres Juegos, el primer día de competencia, es “el día de la Peque”.

El calendario olímpico, respetuoso de sus normas, marca que el torneo de la categoría de hasta 48 kilogramos de la rama femenina del judo se haga en la jornada inicial. Por eso, cuatro años después de esa madrugada de bronce, los argentinos se volvieron a enganchar con “el día de la Peque”. El 28 de julio de 2012, la platense volvió a cumplir con las expectativas y terminó trayéndose un diploma.

“El día de la Peque” más importante de todos ocurrió hace cinco años. La tarde del 6 de agosto de 2016, en Río de Janeiro, Pareto derrotó a la surcoreana Bokyeong Jeong en el tatami de la Arena Carioca y se colgó la medalla dorada.

El último “día de la Peque” se vivió en la madrugada del 24 de julio. Con 35 años y una hernia cervical a cuestas, la platense volvió al tatami para cumplir con la tradición. Sumó dos victorias y se metió en la pelea por las medallas. En el tercer combate, la japonesa Funa Tonaki la exigió al máximo y la derrotó. El dolor no sólo vino por la caída, sino también por una distensión en su codo. Como pudo, se las arregló para competir en el repechaje. En esa instancia, la portuguesa Catarina Costa se quedó con los laureles de ser ella la que le puso punto final a la carrera de Pareto y terminó con la tradición.

Las competencias de Pareto se volvieron una tradición olímpica argentina primero por sus resultados. Nada atrae más a un argentino que los triunfos. Competidora incansable y dueña de una fortaleza mental asombrosa, se ganó el reconocimiento de todo el país y también de la comunidad deportiva extranjera, algo demostrado con su elección como una de las atletas portadoras de la bandera del Comité Olímpico Internacional (COI) en la ceremonia de apertura de Tokio 2020.

Pero también por ser poseedora de un carácter “entrador”. Todavía da vueltas por internet su visita al programa de Susana Giménez. En el living más tradicional de la TV argentina hizo volar por los aires a Miguel Del Sel, ataviado con el traje de su personaje “La Tota”.

Su carrera de deportista se dio a la par de la profesional. Egresada como médica traumatóloga de la Universidad Nacional de La Plata, una de sus imágenes más icónicas afuera del tatami se difundió el año pasado, vestida con el mameluco ayudando en las tareas contra el coronavirus.

Pareto fue una atleta olímpica pura. Amateur hasta las muelas. Puede que el oro de Río haya sido su mayor logro deportivo, pero el mayor reconocimiento se lo dieron sus colegas, cuando volvió a la villa olímpica. Sus compañeros de delegación la recibieron con aplausos, mostrándole el respeto que supo conseguir.

Paula Pareto cerró su carrera y con ella se terminó una tradición. En París 2024 ya no habrá más día de la Peque.