“Es increíble lo que ocurre porque hay faltante, pero eso hace que la gente se vuelva loca y venga a cargar mucho más que antes” sintetizó un trabajador de una estación de servicio YPF de la ciudad el viernes a última hora de la tarde. En ese momento, de las dos islas de surtidores que tiene en la playa, una ya no contaba con nafta súper y a la otra le quedaba aproximadamente una hora de venta antes de cruzar la manguera. Lo curioso no era eso, sino que el mismo empleado de la estación explicó que había llegado el camión con nafta a las 13.30. En apenas 4 horas se habían vaciado los surtidores.
Las razones del faltante son muchas, pero entre ellas el Gobierno cree que hay un grado de especulación que en el caso del consumidor es propio del temor de no conseguir y aún cuando tiene litros en el tanque prefiere correr a la estación. Pero hay otra especulación que el Gobierno sospecha y tiene entre miras: la de las petroleras.
La versión oficial es verosímil, más cuando justo se informó el récord de producción de barriles de petróleo: 645.500 diarios.
Desde antes de las elecciones generales había rumores de que el lunes 23 habría una devaluación del peso y un ajuste en los surtidores. Aún sin tener en cuenta la modificación del tipo de cambio, las petroleras reclamaban un ajuste mayor al que venían recibiendo en los últimos meses al considerar que vienen perdiendo sistemáticamente contra la inflación, especialmente desde que el Indec empezó a informar dos dígitos. Con los rumores de modificaciones en el tipo de cambio y de posibles ajustes en los surtidores, el Gobierno cree que alguien pisó el combustible.
Ahí hay un elemento no menor que el Gobierno debe resolver: YPF. ¿Qué pasó con la petrolera estatal que no advirtió debidamente a la Secretaría de Energía de la Nación que depende del Ministerio de Economía sobre lo que se venía? Todos miran a Pablo González, el titular de la compañía.
En cuanto al precio hay también otro dato significativo: las estaciones de servicio de frontera ven desde hace tiempo una avalancha de autos prevenientes de los países limítrofes. Con un dólar cargan tres litros. Entonces, en formato espejo, la tentación de las petroleras por exportar es cada vez mayor. De allí que el ministro Sergio Massa haya advertido ayer que si mañana a la noche no está solucionado el abastecimiento interno no saldrá ni un solo barco más de petróleo por los puertos. En ese mismo capítulo hay más: el 20% del combustible que se consume en el país se importa (a $ 350), en un contexto de escasez absoluta de dólares. Ese 20% no tiene ningún incentivo entonces para cubrirse: el Estado no tiene los dólares suficientes y las empresas deben pagar un precio mucho más alto al que pueden cobrar en el mercado interno. Por lo tanto, todo lo que se pueda demorar y evitar esa compra al extranjero, mejor.
En medio de ese cuadro, dos de las refinadoras de combutibles, que son las encargadas de abastecer el 80% del consumo, avanzaron con paradas técnicas. No están produciendo, justo en este contexto. ¿Era necesario que fuera ahora? El mercado lo pregunta por la falta de combustible, en el Gobierno lo miran en clave electoral. Faltan 20 días para las elecciones y la noticia dominante es lo que sucede en las estaciones de servicio. De nuevo, una es de las refinerías paradas es de YPF. Y algunos recuerdan que se mantiene paralizada la de San Lorenzo, de OIL Combustibles, tras el desmantelamiento de esa firma, que abastecía en más del 7% el mercado interno.
A favor de las petroleras, además, juega que tienen un costo congelado hace 2 meses: el de los biocombustibles. Como se sabe, por ley, cada litro de nafta y de gasoil debe estar cortado por etanol o biodiésel respectivamente que las empresas deben adquirir a las productoras que los elaboran a partir de caña de azúcar o maíz, o soja respectivamente. Desde el 28 de agosto que el precio al que deben comprar las petroleras esa producción no tiene variación. En el caso del etanol quedó en $ 237,6 para el de caña de azúcar que se produce en Jujuy, Salta y Tucumán; y en $ 224,3 para el del cereal que mayormente se produce en Córdoba, Santa Fe y San Luis. En ambos casos, bastante por debajo del precio del litro de nafta.
Con respecto a este punto, desde hace tiempo ya que en el interior productivo se reclama a la Nación que se avance con un mayor corte de esos biocombustibles. Eso permitiría como primera medida estirar la producción de los combustibles fósiles, pero además incentivaría inversiones ya que para aumentar 3% el corte de etanol (de 12% a 15%), por ejemplo, sería necesario construir tres plantas como la de Bio4, con mano de obra calificada y evitando que cientos de toneladas de maíz se vayan al puerto sin ningún agregado de valor. Pero aún así se sigue importando 20% de combustibles.
Los motivos de ese status quo no habría que buscarlos demasiado lejos de las petroleras, que siempre resistieron la incorporación de mayores cortes de biocombustibles, algo que además permitiría bajar la huella de carbono. De hecho, en la actualización de la ley de biocombustibles original aprobada en 2006, hubo sectores parlamentarios del oficialismo vinculados al kirchnerismo que impulsaron una baja, algo que luego la actual Secretaría de Energía terminó subsanando. Ayer Massa dijo que aunque a las petroleras no les guste, habrá aumento del corte. ¿Se cumplirá?

