Productores de General Cabrera y zona recuerdan las grandes plagas que asolaban la región allá por los años `50 y también los ´70, a raíz de las langostas que por estos días están haciendo estragos en cultivos de Colonia Caroya y que avanzan sobre otras regiones de la provincia, y hasta en la propia capital provincial.
Mientras el gobierno de la provincia pone en marcha estrategias para combatir estos insectos, que para humanos y animales no revisten riesgo, pero sí para los cultivos, quienes décadas atrás los combatieron admiten hoy que la conciencia ambiental impediría aquellas viejas prácticas de tirar determinados productos.
Domingo Grosso recordó que en aquella época se apeló al uso del “DDT, dicloro difenil tricloroetano”, un poderoso insecticida, pero con las leyes ambientales vigentes hoy es imposible utilizarlo.
Sobre lo que está ocurriendo por estos días en Córdoba capital y alrededores, con la aparición de langostas que superan los 5 centímetros de tamaño, aseguró que “si no llegaron a esta zona es por el viento y los incendios. Pero si no ya estarían acá haciendo estragos en los cultivos”.
Anécdota
En 2015, cuando PUNTAL recopiló una serie de anécdotas e historias de la región, fue Domingo Grosso, un vecino de General Cabrera, quien recordó las invasiones de langostas.
El título de aquel informe fue “Cuando las langostas taparon el sol ”, y recordaba hechos ocurridos en la década del ‘50.
A mediados de los `70 también estos insectos hacían de las suyas en la zona.
Por ejemplo, en Coronel Moldes, cada noche, las paredes de viviendas lindantes con campos aparecían cubiertas de estos insectos, que en horas del día arrasaban con los cultivos.
Grosso, vecino de General Cabrera, recuerda haber sido testigo de esos días en que estos insectos llegaban para destruir todo. Su familia era propietaria de un campo próximo a la ruta 158, que en la década del '50 era atravesada por cuatro o cinco autos por día. "Venían mangas de langostas que tapaban el sol por varios minutos y nada podíamos hacer para impedir que se comieran todo lo que encontraban a su paso. Comenzaban con los frutales y terminaban con las cosechas", exclama Mingo.
Les prendían fuego
Para tratar de pararlas, se echaba mano a cuanto se podía: "Por entonces se construían largas trincheras en el piso y se colocaban barreras con chapas para proteger los cultivos –agrega Grosso-. Al chocar, las langostas caían en las zanjas y luego venían con lanzallamas y les prendían fuego. Ahora resulta increíble contarlo, pero era real".
"Siempre, durante varios años, las mangas de langostas azotaban nuestra zona y arrasaban cultivos enteros en los meses de primavera", recuerda este productor cabrerense.
"Hacían desastres, hasta que luego les aplicábamos veneno de distintas formas, como el recordado DDT, que tenía múltiples usos, y la única que nos quedaba era aplicarlo para que murieran las langostas y así poder proteger la casa, sus alrededores y los cultivos. A pesar de que era muy peligroso para las personas y los animales, algo teníamos que hacer contra la langosta", justifica.
Grosso recuerda también que se creó en aquel tiempo, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, la Dirección de Defensa Agrícola y Sanidad Vegetal, que tenía como misión principal asistir a los productores agropecuarios que sufrían recurrentes ataques de langostas, que por entonces no tenían otro método efectivo para lograrlo.
A golpear la lata para espantarlas
"La colocación de chapas daba buen resultado. Mis padres me mandaban con la latita a la siesta para hacer ruido y tratar de alejar a las langostas; así pasábamos las tardes cuando las langostas amenazaban con volver", recuerda este vecino.
Finalmente, aportó la última anécdota: "Eran tantas las langostas que, además de tapar el sol, un día se pegaron tanto a las ruedas del tren que resbalababa y no podía avanzar; parece cuento, pero yo lo vi".
Por estos días las langostas volvieron, pero a diferencia de aquellas, las actuales las doblan en tamaño.
Tanto el Senasa como la cartera agropecuaria, junto con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta), trabajan en el monitoreo y control de la plaga, para reducir su población y minimizar pérdidas económicas.
Domingo Grosso recordó que en aquella época se apeló al uso del “DDT, dicloro difenil tricloroetano”, un poderoso insecticida, pero con las leyes ambientales vigentes hoy es imposible utilizarlo.
Sobre lo que está ocurriendo por estos días en Córdoba capital y alrededores, con la aparición de langostas que superan los 5 centímetros de tamaño, aseguró que “si no llegaron a esta zona es por el viento y los incendios. Pero si no ya estarían acá haciendo estragos en los cultivos”.
Anécdota
En 2015, cuando PUNTAL recopiló una serie de anécdotas e historias de la región, fue Domingo Grosso, un vecino de General Cabrera, quien recordó las invasiones de langostas.
El título de aquel informe fue “Cuando las langostas taparon el sol ”, y recordaba hechos ocurridos en la década del ‘50.
A mediados de los `70 también estos insectos hacían de las suyas en la zona.
Por ejemplo, en Coronel Moldes, cada noche, las paredes de viviendas lindantes con campos aparecían cubiertas de estos insectos, que en horas del día arrasaban con los cultivos.
Grosso, vecino de General Cabrera, recuerda haber sido testigo de esos días en que estos insectos llegaban para destruir todo. Su familia era propietaria de un campo próximo a la ruta 158, que en la década del '50 era atravesada por cuatro o cinco autos por día. "Venían mangas de langostas que tapaban el sol por varios minutos y nada podíamos hacer para impedir que se comieran todo lo que encontraban a su paso. Comenzaban con los frutales y terminaban con las cosechas", exclama Mingo.
Les prendían fuego
Para tratar de pararlas, se echaba mano a cuanto se podía: "Por entonces se construían largas trincheras en el piso y se colocaban barreras con chapas para proteger los cultivos –agrega Grosso-. Al chocar, las langostas caían en las zanjas y luego venían con lanzallamas y les prendían fuego. Ahora resulta increíble contarlo, pero era real".
"Siempre, durante varios años, las mangas de langostas azotaban nuestra zona y arrasaban cultivos enteros en los meses de primavera", recuerda este productor cabrerense.
"Hacían desastres, hasta que luego les aplicábamos veneno de distintas formas, como el recordado DDT, que tenía múltiples usos, y la única que nos quedaba era aplicarlo para que murieran las langostas y así poder proteger la casa, sus alrededores y los cultivos. A pesar de que era muy peligroso para las personas y los animales, algo teníamos que hacer contra la langosta", justifica.
Grosso recuerda también que se creó en aquel tiempo, bajo la presidencia de Juan Domingo Perón, la Dirección de Defensa Agrícola y Sanidad Vegetal, que tenía como misión principal asistir a los productores agropecuarios que sufrían recurrentes ataques de langostas, que por entonces no tenían otro método efectivo para lograrlo.
A golpear la lata para espantarlas
"La colocación de chapas daba buen resultado. Mis padres me mandaban con la latita a la siesta para hacer ruido y tratar de alejar a las langostas; así pasábamos las tardes cuando las langostas amenazaban con volver", recuerda este vecino.
Finalmente, aportó la última anécdota: "Eran tantas las langostas que, además de tapar el sol, un día se pegaron tanto a las ruedas del tren que resbalababa y no podía avanzar; parece cuento, pero yo lo vi".
Por estos días las langostas volvieron, pero a diferencia de aquellas, las actuales las doblan en tamaño.
Tanto el Senasa como la cartera agropecuaria, junto con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta), trabajan en el monitoreo y control de la plaga, para reducir su población y minimizar pérdidas económicas.

