Río Cuarto |

¿Por qué no irá a la cárcel?: El femicida que fue declarado inimputable

En la última Navidad, el ordenanza municipal José Matías Luján (63) le disparó con una escopeta a su esposa Susana Beatriz Duarte (55). Ahora, los peritos dicen que sus trastornos le impidieron entender lo que hacía. Lo enviaron a un neuropsiquiátrico

José Matías Luján se ganaba la vida sirviendo el mate cocido en el área de Economía de la Municipalidad de Río Cuarto, pero cada día cuando llegaba a su sencilla casa ubicada al final del barrio Alberdi se obraba en él una transformación: allí, el ordenanza servicial era atendido a cuerpo de rey por Susana Beatriz Duarte (55), una mujer ocho años más joven que él.

Luján y Duarte tenían hijos de parejas anteriores y también un hijo en común, pero en la casa de calle Pirovano 410 vivían solos y rara vez recibían visitas: el mal genio del dueño de casa las ahuyentaba.

La noche del espanto, aunque era Nochebuena, también los encontró solos. Al mediodía habían recibido las visitas familiares pero a la hora del brindis no había testigos directos del salvaje ataque que Luján emprendió contra su esposa.

La madrugada del 25 de diciembre de 2017, cuando los riocuartenses acababan de recibir la Navidad, el domicilio de Pirovano 410 estaba en boca de los primeros noticieros de la madrugada: “Un hombre le disparó a su esposa con una escopeta y se descerrajó un tiro con la misma arma”.

En el sector de calles de tierra y casas modestas, las detonaciones de la escopeta calibre 16 de Luján se confundían con el estallido de los petardos. Pero las columnas de humo y fuego que empezaron a levantarse después ya eran un signo inconfundible de que algo grave estaba sucediendo.

Un puñado de vecinos se arracimó cerca de la casa del ordenanza, algunos hicieron el intento de acercarse a socorrer a los ocupantes de la vivienda, pero corrieron despavoridos cuando vieron que Luján salía a la vereda empuñando el arma homicida.

-La maté porque me gorreó. ¿Cómo no me maté? ¡Por qué no me matan ustedes!-, les gritaba Luján a los policías.

La investigación que hizo Javier Di Santo, el fiscal de Instrucción de Segundo Turno, reconstruyó esos minutos críticos así: dijo que, alrededor de las 2 de la madrugada de esa Navidad, Luján discutió acaloradamente con su mujer por los celos enfermizos que venía demostrando desde largo tiempo y que se traslucían en agresiones verbales, amenazas y violencias psicológicas.

El fiscal sostuvo que Luján mantenía a su mujer como un “sujeto vulnerable” y “erradamente avalaba una supremacía suya por sobre las decisiones de su pareja”.

Esa noche tomó la escopeta que usaba para cazar liebres y le disparó a Duarte desde atrás y a escasa distancia. Ese cobarde acto  le produjo la muerte en forma instantánea.

No se detuvo ahí. 

Luján salió al patio, armó una antorcha con unas prendas y les prendió fuego primero a las dos motos que tenían y después a la Volkswagen Suran que estaba estacionada frente a la vivienda.

“No les voy a dejar nada a mis hijos”, gritaba hecho una furia.

Luján regresó al interior de la casa y con la misma escopeta se descerrajó un tiro a la altura del tórax y del brazo izquierdo.

Hasta aquí, la de Di Santo es la descripción de manual de un femicidio cuyo autor seguramente sería condenado a la pena máxima.

Pero no pasó eso. 

Tras permanecer las primeras jornadas de detención en la cárcel de Río Cuarto y luego en Bouwer, José Matías Luján está ahora internado en el Hospital de Cruz del Eje “Aurelio Crespo”, un neuropsiquiátrico con medidas de seguridad para evitar fugas. Y todo indica que seguirá allí.



El camino 

a la inimputabilidad



J.M.L. no pudo comprender la criminalidad de sus actos ni dirigir sus acciones, fue el concluyente dictamen de los peritos psiquiátricos y psicológicos que examinaron al acusado en la ciudad de Córdoba.

Eso llevó al fiscal de la causa a pedir esta semana al juez de control el sobreseimiento total de Luján. En otras palabras, las evaluaciones médicas al ordenanza municipal afirman que no es una persona imputable, por lo tanto no se lo puede someter a juicio ni imponerle condena alguna.

Cuando Luján fue examinado en Río Cuarto, apenas días después del crimen de Duarte, la conclusión de la pericia psiquiátrica preliminar que le hizo la jefa de la Unidad Programática de Salud Mental, Gloria Jure, arrojó que Luján no presentaba “ninguna alteración por la que no se pueda realizar la indagatoria o cualquier otro procedimiento judicial”.

Sin embargo, el caso dio un vuelco radical cuando se ordenaron las pericias definitivas en la ciudad de Córdoba. 

Allí Di Santo pidió que se determine grado de inteligencia, afectividad, rasgos de carácter y personalidad del hombre que declaró ser analfabeto.

La pericia psiquiátrica de las doctoras Débora Moyano y María Laura Fiore reveló que “se observaron ideas delirantes de contenido celotípico -vinculado a los celos-, interpretación delirante de los hechos cotidianos. (...) Produciendo todo esto una desviación en su juicio crítico”. 

En el relato a las especialistas Luján le atribuía a su esposa una infidelidad y, como si de una propiedad se tratara, actuó con toda la furia de la que fue capaz.

“El sistema delirante del peritado no sólo se construye a razón de actitudes erróneamente percibidas en su pareja, sino también por falsas interpretaciones de situaciones cotidianas relacionadas a otras personas incrementando así su certeza delirante”, recalcaron.

En la misma línea, se expidió la perito psicóloga cordobesa Marcela Scarafía.  “J.M.L. presenta una personalidad en la que las experiencias infantiles adversas habrían dejado huellas psíquicas lesivas. (...) Padece un trastorno delirante de tipo celotípico. La implicancia de este trastorno en el pensamiento, en las emociones y en las acciones resulta altamente perjudicial, viciando el juicio crítico y el sentido común, por lo que se infiere que al momento de los hechos que se investigan el peritado habría incurrido en conductas particularmente peligrosas y destructivas que, si bien estaban dirigidas a producir un efecto determinado, se encontraban sustentadas por pensamientos delirantes y del todo patológicos”. 

Eso llevó a Scarafía a afirmar que Luján no logró comprender la criminalidad de sus acciones.

Así, aunque las pericias preliminarias indicaban lo contrario, Di Santo modificó la percepción inicial que tenía sobre el acusado y, basado en el informe de los peritos oficiales, redactó una pieza judicial llamada “Requerimiento de Sobreseimiento total”.



¿Final inexorable?



Si es avalado por el juez de Control y Garantías, José Varela Geuna, ese pedido tendrá una implicancia decisiva en el femicidio de Susana Beatriz Duarte, pues su muerte quedará sin condena.

¿Qué chances existen de que se revierta el camino a la inimputabilidad de Luján?

Prácticamente, ninguna.

Sin un abogado querellante que represente a los deudos de la víctima, y con un informe médico que es coincidente, la causa se encamina a hacia el sobreseimiento definitivo.



Alejandro Fara