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La inflación goza de buena salud y estira su reinado

En la última década acumuló un alza del 2.173% en el país, lo que llevó a que un bien que costaba 100 pesos a comienzos de 2012, alcanzara un valor de $ 2.273 el 31 de diciembre. El salario mínimo, en ese tiempo, perdió casi la mitad de su valor

El proceso inflacionario y la pérdida de poder adquisitivo que trae, en un proceso largo, como consecuencia inevitable se sigue consolidando y enero parece que no fue la excepción. Según la mayoría de las consultoras privadas que realizan sondeos permanentes de precios coinciden en que el dato que dará mañana el Indec estará entre el 3,5 y el 4,5 por ciento. Ese valor está en línea con lo que fue enero de 2021 (4%) por lo que el acumulado de los últimos 12 meses no variaría demasiado y quedaría alrededor del 51%.

Ese valor es el segundo más alto de la última década después de 2019, que totalizó el 53,8%. Pero en esos 10 años claramente los últimos son los que marcan un salto hacia un escalón superior en la suba de precios. Vale recordar que en 2012 alcanzó el 25,6% y al año siguiente llegó al 28%. En 2014 dio un salto y se ubicó 37,9%: fue el año que comenzó con la devaluación decidida por el entonces ministro de Economía de la Nación, el hoy gobernador bonaerense Axel Kicillof. En el año de las elecciones presidenciales el proceso se desaceleró parcialmente y fue del 27%, en línea con lo de 2012 y 2013.

El 2016, otro año de devaluación, ahora en la gestión de Mauricio Macri, que fue resuelta con la argumentación de unificar el tipo de cambio y liberar el mercado cambiario, la cifra alcanzó el 38%. En 2017, año de elecciones legislativas de medio término en las que siempre el oficialismo intenta consolidar su poder en el Congreso, el Gobierno de Juntos por el Cambio decidió “pisar” el tipo de cambio y si bien las elecciones fueron positivas para su fuerza y la inflación resultó muy inferior al año previo (24,8%), pareció más un envión para el año siguiente que una resolución definitiva. En 2018, con devaluación incluída y una perseverante crisis cambiaria, la cifra llegó al 47,6%. Fue el primer paso hacia una plataforma superior en materia de inflación. Como se dijo, en el último año de gestión de Macri, sin poder resolver la tensión cambiaria, los precios volaron al 53,8% promedio.

En 2018, con una perseverante crisis cambiaria, la cifra llegó al 47,6%. Fue el primer paso hacia una plataforma superior en materia de inflación.

El inicio del mandato de Alberto Fernández fue sorprendido por la pandemia, que paralizó la actividad económica por el aislamiento obligatorio, especialmente entre abril y el comienzo de la primavera, llevó a que los precios también tuvieran un paréntesis. Menos actividad, menos circulación de dinero, menos inflación. Hacia octubre, cuando las aperturas en las distintas ramas de la economía empezaron a sentirse, también repuntó la escalada de precios. El último trimestre de 2020 fue “caliente” y terminó redondeando un 36,1%; y así arrancó el año pasado, que terminó con 50,9%.

Eso no fue gratis. Como la inflación es un proceso acumulativo, lo que a comienzos de 2012 -el 1 de enero- costaba $ 100, el 31 de diciembre último alcanzó un valor de $ 2.273,85. Es decir que en 10 años la Argentina tuvo una inflación del 2.173%. Es decir que, por ejemplo, un trabajador con un salario de 6 mil pesos en 2012 hoy debería cobrar $ 136.380 para no haber perdido terreno frente a la inflación. El salario mínimo, por su parte, que en 2012 fue de $ 2.300 la primera parte y luego $ 2.670, debería hoy ubicarse en torno a los $ 55 mil, pero en realidad alcanza los $ 32 mil.

Tomando el nuevo escalón que alcanzaron los precios a partir de 2018, con la crisis económica desatada ese año, hubo pérdidas de salarios en promedio en torno al 10%. Los trabajadores formales perdieron -siempre en promedio- algo menos y los informales algún punto más. Pero esa crisis ajustó primero por salarios y luego, al llegar 2020 lo hizo además por puestos de trabajo. La pandemia hizo insostenible para muchas empresas, especialmente pymes, mantenerse en pié con la misma plantilla de personal. La recuperación de los puestos de trabajo ocurrida en 2021 fue importante y casi alcanza a equilibrar los perdidos en 2020. Pero los ingresos de los trabajadores es una tarea pendiente y que se sostiene con la misma tendencia que se inició en 2018. Aún restan conocerse los datos finales de 2021, pero en el mejor de los casos hubo un empate con la inflación, tomando el promedio de los trabajadores.

La crisis económica iniciada en 2018, con devaluación incluida, ajustó primero por salarios y luego, al llegar 2020, lo hizo además por puestos de trabajo.

Ahora, que enero comience otra vez con una inflación elevada pone grandes signos de interrogación porque a más largo plazo, mayores posibilidades de que la inflación le gane a los sueldos. La vieja frase de los precios van por el ascensor y los salarios por la escalera sirve también para ilustrar este fenómeno: es probable que alguien por la escalera llegue primero al primer piso y tal vez al segundo; pero difícilmente lo hará de allí para adelante si corre contra un elevador.

No hay demasiadas discusiones de que el fenómeno inflacionario es multicausal. Eso hace que cada uno privilegie algún motivo de acuerdo a sus intereses para argumentar, haciendo hincapié en algún aspecto sobre otros. Es un fenómeno monetario, con inercia posterior, que suma especulación y actitudes lógicas de parte de los distintos agentes económicos que buscan cubrirse y hasta juegan aspectos de precios internacionales y contingencias como las dificultades logísticas mundiales. Lo que sigue sin estar claro es el remedio.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal