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La soja vuelve a darnos otra oportunidad

Una vez más, se nos presenta una oportunidad para empezar a encauzar el rumbo del país.

Los precios de los commodities que exportamos empezaron hace semanas a subir, en gran medida como consecuencia de un incremento en la demanda, de la mano de la recuperación económica de China, y por una disminución de la oferta, provocada por el efecto de la Niña, que secó parte de la producción de otros países exportadores.

Además, la política de los principales Bancos Centrales, entre ellos la FED, de inyectar liquidez al mercado, hizo que el dólar se debilitara a nivel mundial, empujando la cotización de los productos valuados en dicha moneda.

Así, desde 2019 hasta el 19 de enero del 2021, el precio de la soja creció 46,6%, situándose en US$ 508 por tonelada en Chicago, precio que no se observaba desde el 2014. Lo mismo sucede con el trigo y con el maíz.

El resultado de esta suba de precios es un incremento en el valor de nuestras exportaciones, aunque el gobierno se empecine en empantanar el clima de negocios para aquellos que tratan de exportar.

En este sentido, el crecimiento se da por un aumento de precios que compensa la caída en las cantidades exportadas.

Mirando sólo la soja, el maíz y el trigo, por la suba de los precios ingresarían alrededor de US$ 5.500 millones extras, en un año en que la tensión cambiaria jugará, otra vez, un papel fundamental en la percepción que tiene la sociedad sobre la performance del gobierno.

Al ser un año electoral, la coalición que gobierna tratará de patear para adelante los ajustes fiscales que tarde o temprano se van a realizar.

Poco a poco

En cuanto al tipo de cambio, el BCRA viene siguiendo la política de ´crawling peg´, que consiste en ir corriendo la cotización del dólar de a poco, tratando de seguir a la inflación.

Pero, dado que los desequilibrios macroeconómicos son muy grandes, la escasez de reservas pone en jaque a esta estrategia, ya que, en caso de quedarse sin reservas, el tipo de cambio deberá ajustarse a la oferta y demanda del mercado.

Aunque todavía hay estrategias para dar vuelta la partida y evitar un salto traumático en el tipo de cambio, no se ve voluntad por parte del gobierno para encarar la jugada ganadora.

Esta oportunidad de precios altos en los commodities, que se nos presenta dentro del contexto de la negociación con el FMI, es un buen punto de partida para hacer reformas estructurales que establezcan un clima empresarial mucho más saludable.

Contrariamente al discurso anti empresarial, y últimamente anti exportador, que venimos observando que espanta a aquellos que deseen invertir en el país.

El intento de expropiación de Vicentin, la declaración de servicios públicos de las telecomunicaciones, el intento también de prohibir exportaciones de maíz, la reforma judicial cajoneada en la Cámara baja y diputados oficialistas hablando de la "maldición de exportar alimentos" son ejemplos de porqué no entran inversiones a nuestro país.

Para cambiar el flujo de inversiones y que, en vez de irse, los dólares entren, hay que establecer reglas de juego claras y respeto hacia la propiedad privada.

Por desgracia, el gobierno probablemente se termine inclinando por la estrategia de poner parches cortoplacistas, con el fin de llegar a las elecciones sin importar que ello termine profundizando el deterioro de las variables macroeconómicas que ya venían muy golpeadas por la crisis del 2018 y ahora con la pandemia.

Los dólares extras de las exportaciones agrícolas son como "maná" caído del cielo y seguramente se utilicen para atrasar el ajuste en el tipo de cambio, con el mero objetivo de obtener un mejor resultado electoral.

Este no es el camino.