Con la guardia en alza frente a las conspiraciones detrás de la pandemia
Uno no es de tirar mala onda, pero ¿no da a veces la impresión de que la cruel realidad se ensaña con nosotros? Ya veníamos más o menos aprendiendo a convivir con el temor al enemigo silencioso que acecha infiltrado entre las partículas de la atmósfera que respiramos, cuando nos avisan que mientras estamos atrincherados en nuestras casas se están adueñando de las calles, y a punto de arremeter contra nuestras paredes, hordas de asesinos, violadores y vándalos sedientos de sangre y ávidos de destrucción, después de que generosamente les abrieran las puertas de las cárceles jueces convencidos de que son las verdaderas víctimas de una sociedad que no los contiene y/o políticos que utilizan el poder para cagarnos la vida. O bueno, es la sensación que transmiten algunas de las advertencias que se escuchan por estos días. Es cierto, da para preguntarse por qué, si la clave para combatir el maldito bicho está en el aislamiento social obligatorio de los que andamos sueltos, vamos a soltar justamente a los que estaban obligatoriamente aislados, como para que sean más difíciles de cuidar. Pero bueno, qué sabremos nosotros de cómo se combate una epidemia. Además, seguro que el paso por la cárcel de los excarcelados reforzó su ya innata predisposición a respetar las reglas de convivencia y las disposiciones de las autoridades, de manera que se guardarán en sus domicilios escrupulosamente y no nos darán motivo para preocuparnos.
¿Por qué tanto alarmismo, entonces? Bueno, nada mejor que prestar atención a las explicaciones de los que saben: Resulta que hay una “campaña mediática” (ooooootra más) que busca “hacer creer a la ciudadanía” que el Gobierno promueve “una salida masiva” de presos, denuncia nuestro Presidente, que sin pelos en la lengua expresa su desprecio por la “poco apreciable condición humana” de los que así intranquilizan a la gente. Muy oportuna salida al ruedo aunque, si Alberto me lo permite, le faltó ser más explícito en señalar a los responsables de la campaña mediática para calumniar al Gobierno. Por ejemplo, debió acusar al que calumnió al secretario de Derechos Humanos Pietragalla diciendo que había pedido las libertades de Jaime, D’Elía o el primogénito de Lázaro con argumentos “humanitarios” que igual servirían para pedir las del Gordo Valor o el cura Grassi. Al que falsificó un documento oficial de la Defensoría General de la Nación en el que instaba a conceder las libertades pedidas por los presos. Al que fraguó la noticia de que funcionarios del Gobierno participan de negociaciones con presos de Devoto para ver en qué los podemos ayudar, muchachos. Al que hackeó la cuenta de Twitter del propio Alberto, mirá el atrevimiento, para hablar del riesgo de contagio por el hacinamiento y las recomendaciones de organismos internacionales, como si estuviera “invitando” a los jueces a asegurar el distanciamiento social despoblando las cárceles. Es por estas cosas que la ciudadanía incauta podría caer en las redes de la diabólica campaña mediática que quiere hacerle creer cosas feas del Gobierno.
Y no es todo: por ahí hemos escuchado al siempre locuaz Sergio Berni en otro alarde de su singular cristinismo patriciabullrichista diciendo que si por él fuera no saldría ni uno solo y la respuesta del jurista nac & pop número uno Eugenio Zaffaroni acusándolo de representar el “populacho vindicativo” que co-mo tiene “pocas neuronas” dice “cualquier cosa”. O a otro Sergio manodurista, Sergio Massa, amenazando con juicios políticos a todo juez de lapicera fácil que anda por ahí, incluido más de un autodeclarado fan de Cristina. Suponemos que serán todas mentiras de los medios, prueba de que la campaña no apunta solo a presentar al Gobierno como medio blandengue con la delincuencia, sino a sugerir que dentro del Frente de Todos hay compañeros que no se llevan del todo bien los unos con los otros.
En cualquier caso, y sin que esto signifique tender el más tenue manto de duda sobre la existencia de la campaña mediática denunciada por Alberto -¿o acaso alguna vez que un político argentino ha denunciado que los medios le tienen inquina lo ha hecho sin fundamentos?- para ser justos y equilibrados (sobre todo equilibrados) tenemos que transcribir hipótesis alternativas en relación con la liberación masiva de presos. Una senadora llamada Felicitas Beccar Varela -de ahora, ¿eh?, en el siglo XIX senadoras no había- denunció una conspiración de otro tipo: “Los presos liberados son futuras patrullas que amenazan jueces y los largan para tomar tu capital”, luego de lo cual, por las dudas y lo bien que hizo, aclaró que “no es joda”. Y todo como parte de un plan más amplio: “El coronavirus es una excusa para cerrar la economía, cerrar las fronteras y que todos los comercios e industrias se fundan para luego empezar a estatizar”. Es decir, la crisis sanitaria es en realidad una guerra revolucionaria y el virus un arma que, esgrimida por hordas de violadores y asesinos de inspiración marxista-leninista, viene a reemplazar nuestra celeste y blanca por un sucio trapo rojo. Felicitas, como bien parece indicarlo su nombre, nos lleva a evocar la lucidez de los defensores del ser nacional de hace cuarenta o cincuenta años, para los cuales todo -por ejemplo, mostrar un culo por televisión- era parte del complot comunista para degradar los valores de la sociedad occidental y cristiana con vistas a apropiarse del mundo y, peor aún, de tu capital.
Ojo, a cualquiera que ose desoír la advertencia de que esto “no es joda” le decimos que la seriedad de la teoría está avalada por un cuerpo ideológico sólido como el que sustenta al gobierno de nuestros vecinos brasileños. Ya su esclarecido conductor Jair Bolsonaro había abordado el tema, pero el que lo explicitó a fines del mes pasado fue su canciller Ernesto Araujo, para quien el virus es un instrumento para “construir un orden mundial sin naciones y sin libertad", porque después de esconder durante 30 años que “el globalismo sustituyó al socialismo como fase preparatoria para el comunismo”, el marxismo internacional, con apoyo de la OMS, está dando “el primer paso en la construcción de la solidaridad comunista planetaria". Mirá vos. Y uno que pensaba que, después de aquella denuncia de Nicolás Maduro de que el coronavirus es un “arma de guerra” diseñada en los Estados Unidos contra “la China y los pueblos del mundo” para imponer el capitalismo a través de la globalización, ya había quedado todo claro, ahora resulta que la mano viene desde el otro lado. Pero fíjense que más allá de la solo aparente contradicción, ambas teorías le adjudican un papel clave como cómplice del virus, sea para imponer el dominio capitalista o el dominio comunista, a la globalización, justamente cuando la pandemia hace que todas las fronteras y las economías se cierren y la globalización parece estar en su peor momento desde que le pusieron ese nombre. Pero parece, ¿eh?, solo parece, porque este imperialismo marxista neoliberal distópico y ateo no da puntada sin hilo.
Así que, querido lector, estas son mis convicciones acerca de lo que está pasando. Pero, si no le gustan, activo mi lado marxista (grouchomarxista para ser más exacto) y le tiro un par más: el aire más limpio, el regreso de los peces a los ríos y el hecho de que dos pandas hayan tenido sexo después de diez años son pruebas irrefutables de que el coronavirus es un arma biológica detonada por una coalición de organizaciones terroristas ambientales que pretenden frenar el calentamiento global a través del exterminio de la especie humana. Y la demostración de que se trata de una conspiración extraterrestre para mantener vivo el engaño a la ingenua ciudadanía que cree que nuestro planeta tiene forma esférica, bueno, esa te la estoy debiendo, pero no faltará oportunidad, que la cuarentena viene para largo.