Opinión | presupuesto

Presupuesto, grietas y advertencias por recortes

El transporte del interior, que de $ 27 mil millones iba a recibir $ 46 mil millones, comenzará 2022 con una partida de $ 20 mil millones, la misma que este año. El oficialismo quedará con la posibilidad de un mayor uso discrecional de recursos
Sergio Massa fue el encargado de subir nuevamente la apuesta al culpar a los diputados por los recortes que tendrán las provincias.  

La polémica sesión de Diputados en la que se trató el proyecto de Presupuesto de 2022 tensó mucho más la cuerda entre oficialismo y los distintos sectores de la oposición. Y la onda expansiva aún continúa. Ayer fue el presidente de la Cámara, Sergio Massa, el encargado de sostener el voltaje elevado al sacar a relucir el cúmulo de recursos que no llegarán automáticamente a las provincias por tener que reconducir el Presupuesto 2021 hacia el año que viene.

El referente del Partido Renovador, una de las patas fundamentales del Frente de Todos, recordó que habrá unos 180 mil millones de pesos menos que llegarán a provincias y municipios. Sin embargo, la otra cara será que el efecto inflacionario dejará en manos del Gobierno un mayor monto de recursos con posibilidad de distribuirlos de manera discrecional, especialmente impulsados por la inflación. En el caso de Córdoba, la cifra asciende a casi 19 mil millones.

Allí se incluyen fondos por Bienes Personales, Ganancias y hasta un plus por subsidios al transporte que la Nación se había comprometido a incrementar fuertemente para el interior, que iba a pasar de 28 mil millones a 46 mil millones. Este último ítem fue presentado poco antes del tratamiento en el recinto por parte del oficialismo y luego de un planteo de las provincias que observaron que el monto originalmente establecido en el proyecto de la Casa Rosada era el mismo que terminará ejecutándose en 2021. Es decir, iba a sufrir un importante recorte en términos reales.

Allí la Nación aprovechó para cuestionar a provincias y municipios por no aportar a los sistemas de transporte los fondos necesarios. Remarcó que el sostenimiento corresponde a intendentes y gobernadores. Fue el secretario del área, el riocuartense Marcos Farina, el que explicó eso antes de remarcar que el alza en los recursos finalmente iba a alcanzar el 70% y que el año próximo todas las ciudades con transporte urbano iban a tener que sumarse a la SUBE para sostener los fondos en 2023. Eso ahora entró en la nebulosa general porque, al caer el proyecto de presupuesto, el transporte del interior se suma a la incertidumbre de qué pasará. En principio tiene asignados 20 mil millones de pesos, que es lo establecido en 2021 y que luego el gobierno nacional decidió ampliar en la práctica a $ 27 mil millones y sobre el fin de año agregó mil millones más. Pero, al reconducir el presupuesto, arrancará con una asignación de 20 mil millones, algo que no representa ni la mitad de lo que se había anunciado. Con esa cifra, todo el transporte del interior estará en crisis.

Transporte: en el caso puntual de Córdoba, al pasar a 46 mil millones lo previsto para todo el interior en 2022, le iban a tocar casi $ 3.500 millones más.

En el caso puntual de Córdoba, al pasar a 46 mil millones lo previsto para todo el interior en 2022, le iban a tocar casi 3.500 millones más. Era el distrito que más aumento iba a recibir según los números de Massa. Una particularidad: completaban el podio Santa Fe y Mendoza, por lo cual se incluía ahí tres jurisdicciones grandes que electoralmente se mostraron alejadas del oficialismo.

Por eso, Massa sugirió a las provincias y municipios que deberían replantear sus propios presupuestos para el año que viene, basados lógicamente en los supuestos de la Nación que ya no van a existir.

La posición del oficialismo que ayer expresó el presidente de la Cámara de Diputados fue tomada como “una amenaza” por parte de las fuerzas opositoras. Eso, basado en la expericiencia reciente de otros presupuestos que se decidió reconducir en los últimos años. Sin ir más lejos, el que dejó Mauricio Macri en 2019 antes de irse y que, al asumir, Alberto Fernández decidió no respaldar en el Congreso y por lo tanto tuvo en 2020 el mismo del año previo.

Pero no sólo esta situación dejará con más discrecionalidad al oficialismo de cara a la asignación de recursos del año próximo, sino que le quita una señal fuerte de respaldo frente a la negociación que intenta llevar adelante con el Fondo Monetario Internacional. Tener un presupuesto aprobado por el Congreso, más allá de la composición de esos votos, es una buena carta de presentación porque permite al menos plantear algunas líneas directrices de las cuentas públicas, con sus ingresos y sus gastos. Claramente eran cuestionables algunas de ellas, como las estimaciones de inflación que se calculaba en un 33% cuando la mayoría de las estimaciones hablan de un piso del 50%, incluido el sondeo que hace el propio Banco Central.

Para sentarse ante el FMI, como pretende el gobierno nacional, era preferible un presupuesto cuestionable que la nada.

Pero para sentarse ante el FMI, como pretende el Gobierno, que quiere un acuerdo para encauzar la economía a partir de ese hecho, era preferible un presupuesto cuestionable en algunos de sus parámetros que la nada. Allí la oposición cuestionó hasta último momento que era poco sustentable en sus números y que incluso a último momento se habían incluído partidas cuya fuente de financiación no estaba prevista.

Hace rato en realidad que los presupuestos nacionales se parecen cada vez más a garabatos que a serias pretenciones de anticipar lo que puede ocurrir en el siguiente ejercicio. En este y en el anterior gobierno hay ejemplos de sobra y especialmente con las proyecciones de inflación, la mayor preocupación hoy de los argentinos y que los ministros de Economía no lograron ni logran solucionar.