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¿Puede el agro argentino jugar una final del mundo?

La producción de alimentos a nivel mundial es otra de las finales mundialistas en la que Argentina participa cada año

A horas de que la selección argentina de fútbol juegue una nueva final del mundo, alcanzando así ese lugar en dos de los últimos tres torneos -la sexta en su historia-, la locura por la celeste y blanca, por Messi y compañía, se extiende incluso mucho más allá de los límites del país y de Qatar, donde será el encuentro con el actual campeón del mundo, el equipo francés.

Pero hay otra competencia internacional que Argentina disputa año tras año: la de los productores de alimentos a escala global. Un certamen con grandes potencias, equipos muy entrenados, que desde hace años mantienen un estilo de juego, con un cuerpo técnico que intenta que cada pieza exprese su máximo potencial para que el conjunto sea mucho más que la suma de las individualidades. En ese torneo, el conjunto nacional cuenta con grandes figuras, de renombre internacional, pero las dificultades suelen aparecer frecuentemente y su potencialidad a veces se resiente. Sin embargo, y a pesar de todo, siempre es un conjunto de elite y al que incluso las potencias respetan.

Y para demostrar esto hay datos contundentes. La Fundación Fada, en su último monitor de exportaciones anual, correspondiente a 2021 (último año completo) ubica a la Argentina como 1° exportador de aceite y harina de soja, aceite y jugo de limón, maní, maíz y porotos, 2° en yerba mate y 3° en grano de soja. Ahí se destacan muchos Messi, Di María, De Paul, Alvarez, Fernández, pero también algunos Otamendi, Romero y Mac Allister. Son los que generalmente juegan semifinales y finales del mundo todos los años. Pero hay otros que dan pelea y a menudo están en cuartos: te, cebada, peras, complejo pesquero, trigo, girasol, carne ovina, bovina, forestal. Son los que animan los campeonatos pero aún les resta para alcanzar instancias decisivas como la de este domingo.

Por supuesto que esa relevancia del agro en los mercados mundiales le da a la economía argentina el fluido necesario para evitar mayores problemas que los que ya acumula. Básicamente es la fuente mayoritaria y genuina de dólares que necesita el país para funcionar.

“Las cadenas agroindustriales cumplen un rol central, ya que son el principal generador de dólares de la economía argentina, y uno de los pocos sectores que genera divisas netas positivas, en el sentido de que tiene una balanza comercial sectorial positiva”, dice el trabajo de Fada.

Sin embargo, los distintos actores del sector coinciden en una sensación: Argentina tiene todo para jugar y competir con los mejores del mundo, pero falta que quien dirige al equipo articule y deje de cambiar las reglas de juego sistemáticamente a mitad de partido.

Porque no son pocas las virtudes y las fortalezas que tiene el agro argentino -entendido como campo y agroindustria- para salir a la cancha, comenzando por el propio suelo, ya que el país cuenta con uno de los tres lugares del mundo de mayor calidad (junto a Estados Unidos y Ucrania).

Pero después viene todo lo demás: la impronta de los productores, el conocimiento, la innovación, la tecnología, la capacidad de trabajo, la inversión. Hay generaciones de conocimiento acumulado en el agro. Y eso fue potenciando la productividad, lo que en última instancia permite generar más con los mismos recursos.

Pero esos jugadores no se sienten respaldados por el cuerpo técnico. Hay cierta similitud con lo ocurrido en 2018, no casualmente por la sequía, sino por los cortocircuitos constantes y evidentes entre cuerpo técnico y jugadores. Había un clima de tensión en aquel entonces que impedía que las cosas fluyeran. Y el resultado fue el que todos imaginaban: el único de los últimos tres torneos en los que Argentina no logró prosperar y meterse en instancias decisivas. El viaje Moscú-Buenos Aires se adelantó, con el mejor del mundo entre sus pasajeros y viendo cómo otros competían por la copa.

En el agro pasa algo similar porque viene teniendo varios Sampaoli en el banco y eso, lejos de potenciar las virtudes de cada jugador, termina deprimiéndolas. Pese a eso, las virtudes de las individualidades hacen que muchos déficits se disimulen.

Tranquera Abierta dialogó sobre ese protagonismo argentino en el escenario internacional, con sus fortalezas y debilidades, con referentes importantes del sector: desde Gustavo Idígoras, titular de la poderosa Cámara Aceitera Argentina (Ciara) y del Centro de Exportadores de Cereales (CEC), pasando por Juan Cruz Molina, titular del Inta Córdoba y exsecretario de Agricultura de la Provincia; Eloisa Frederking, secretaria de la Sociedad Rural Argentina (SRA); el riocuartense Javier Rotondo, presidente de Cartez; y David Miazzo, economista jefe de Fundación Fada.

Todos coinciden en que Argentina es un jugador de peso internacional y que sus competidores son mayormente Estados Unidos y Brasil, de fuerte crecimiento en los últimos años. A ese primer corte se puede sumar luego Ucrania, Paraguay, Uruguay, Australia y Nueva Zelanda, dependiendo mucho el tipo de producción a la que se apunte.

Molina se entusiasma con el potencial del campo y remarca que “tenemos una serie de fortalezas en términos de competitividad en agricultura y ganadería. Y podemos demostrarle al mundo cómo llevar adelante un proceso de intensificación sostenible, aumento de la productividad por unidad de área, con foco en el cuidado del ambiente y en el uso de los recursos”, indicó el titular del Inta en la provincia.

Para Rotondo, “no hay dudas de que podríamos estar en una final del mundo por capacidad, por innovación, por apuestas, por resiliencia, por la enorme capacidad de superación aún en escenarios muy adversos y negativos”. Sin embargo, el dirigente agropecuario destacó que en el otro plato hay mucho peso: “Desde las cuestiones climáticas actuales a las pésimas políticas agropecuarias que venimos teniendo en el marco de un país que no encuentra rumbo en lo económico. Y con un lastre absoluto por parte del Estado, confiscatorio de nuestras actividades; pero aun así somos competitivos a nivel mundial”, destacó.

En definitiva lo que los actores destacan es que si el agro es ya relevante para la economía argentina, lo podría ser mucho más aún si las condiciones y las reglas de juego se mantuvieran estables para dar previsibilidad, un ingrediente central para alentar inversiones en cualquier lugar del mundo.

¿Qué piensan los jugadores?

Eloisa Frederking | Sociedad Rural Argentina

El agro argentino estaría sin dudas en una final del mundo si tuviéramos un cuerpo técnico como el de la Scaloneta.

Tenemos un equipo increíble, porque todos los productores argentinos somos buenos como Messi, pero nos faltan políticos que dirijan y organicen nuestro futuro. Nuestros rivales son los nuevos desafíos que enfrenta el sector, entre ellos la sostenibilidad y el cambio climático, las reglas claras y justas, entre otras.

David Miazzo | Economista Jefe de Fada

Sin dudas Argentina podría jugar un mundial del agro y además estar en la final porque es uno de los principales países productores y exportadores de alimentos al mundo. Resalto lo de exportadores porque no necesariamente es el principal productor de muchos granos, por ejemplo, pero sí está entre los primeros lugares de ventas al mundo.

Aún en la adversidad dada por los derechos de exportación, atraso cambiario, brecha cambiaria, restricciones a las exportaciones, que no son nuevas sino que vienen de hace décadas. Y sumemos la falta de crédito. Pese a todo eso el agro argentino ocupa un lugar destacado a nivel mundial y tiene la capacidad de llegar a una final. Pensemos el potencial que tendría con condiciones más favorables.

Otro de los problemas que tiene el agro argentino para poder expresar todo su potencial es el cambio constante de las reglas de juego. Está en un partido en donde de manera permanente el propio director técnico le modifica las condiciones y las reglas a los jugadores.

Juan Cruz Molina | Director Centro Regional Córdoba del INTA

Claramente Argentina juega instancias finales del mundial del agro y hay claros ejemplos desde Argentina y desde Córdoba en particular. Se observa que hay una participación, una red de conocimiento que gestiona esta bioeconomía, y hay un equipo que trabaja en ese sentido.

Cuando hablamos de bioeconomía nos referimos a ese uso intensivo de conocimientos, procesos, tecnologías y principios biológicos para la producción sostenible de bienes y servicios. Y en eso somos competitivos y venimos trabajando de manera colaborativa.

Esta producción sostenible de bienes y servicios por supuesto que se da en cada uno de los sectores de la economía.

Y en ese marco el INTA es una fuente de oferta de I+D+I para este sistema agrobioindustrial de la Argentina y del mundo porque el partido se juega con el resto de los países.

Este partido se juega con todos y este sistema agrobioindustrial argentino y cordobés particularmente hay un muy buen equipo, tiene buenos jugadores, están entrenados, los vemos en la cancha y hasta podría hacer la analogía de que tenemos en la agrobioindustria varios Julián Álvarez, Cuti Romero, Lionel Messi.

Pero además hace un tiempo que se está trabajando en esta propuesta de modelo interactivo de innovación con una visión de exportación y en donde la competencia la tenemos con el resto del mundo y donde cada uno tiene que hacer su parte.

Competitividad y colaboración es el nuevo paradigma; y el partido se juega con el resto del mundo.

Con respecto a fortalezas y debilidades para jugar este partido es un punto interesante para hacer un análisis interno. Y allí me animo a decir que tenemos una serie de fortalezas en términos de competitividad en agricultura y ganadería. Y podemos demostrarle al mundo cómo llevar adelante un proceso de intensificación sostenible, aumento de la productividad por unidad de área, con foco en el cuidado del ambiente y en el uso de los recursos. También entre las fortalezas venimos llevando adelante procesos de sustitución de tecnologías y de prácticas. Hay un camino recorrido para ver cómo estamos focalizando para el recambio y así cuidar mejor el recurso natural y el ambiente.

Y por supuesto también en los rediseños de sistemas productivos porque esto es dinámico y la misma comunidad agroalimentaria está repensándose permanentemente, rediseñándose para ser cada vez más competitivos en todas las dimensiones para proveer más sustentabilidad, facilitando la producción de alimentos, fibras y combustibles a tasas incrementales.

Y por el lado de las debilidades pienso que en Argentina no tenemos las mismas reglas para jugar este partido que nuestros competidores.

Los rivales, en el mejor de los sentidos, para la provisión de alimentos y servicios, pueden ser Brasil, Estados Unidos, Australia, algunos países de Europa, que nos permiten inspirarnos y que se pueden inspirar en nosotros de cómo llevar adelante este partido. Creo que Argentina está en ligas mayores, mostrando procesos de sistemas productivos muy eficientes, eficaces, competitivos y colaborativos. Tenemos la oportunidad y ejemplos de cómo compartiendo información logramos que esos jugadores y jugadoras de la agricultura y ganadería sean competitivos y puedan salir a la cancha para estar entre los mejores.

Javier Rotondo | Presidente de Cartez

No hay dudas de que podríamos estar en una final del mundo por capacidad, por innovación, por apuestas, por resiliencia, por la enorme capacidad de superación aún en escenarios muy adversos y negativos. Así y todo somos líderes en muchas producciones en agricultura, ganadería, tecnología agrícola, en innovación, robótica, inteligencia artificial. Estamos realmente capacitados y preparados para jugar la final de un mundial.

Tenemos muchas fortalezas, pero especialmente la capacidad de resiliencia que los productores muestran todo el tiempo, de superar dificultades endógenas y exógenas, como las climáticas o las pésimas políticas agropecuarias que venimos teniendo en el marco de un país que no encuentra rumbo en lo económico. Y con un lastre absoluto por parte del Estado, confiscatorio de nuestras actividades; y aún así somos competitivos a nivel mundial.

La debilidad mayor es la incomprensión de un país del rol que juega el sector agropecuario en la producción de alimentos y divisas; sumemos la incomprensión y a veces cierta malicia de los distintos gobiernos. Pensemos lo que podríamos ser con políticas agropecuarias acordes a lo que necesitaría un país con nuestras características.

Nuestros competidores son los países con fuerte producción agroundustrial. No hay dudas que Estados Unidos, Brasil son los dos jugadores a vencer en cuanto a similitudes productivas. Tenemos una desventaja inicial porque ellos mantuvieron un norte en cuanto a política productiva. Hay otros emergentes que si Argentina expresara todo su potencial no serían rivales como Paraguay o Uruguay, pero por la falta de nuestro rumbo hoy nos compiten. Otro jugador destacado que pasa un momento complejo es Ucrania, que es un rival de fuste porque tiene uno de los tres lugares del mundo con suelos Clase 1; los otros son Argentina y Estados Unidos. Sumemos a Australia, con condiciones agroecológicas más desfavorables, y Nueva Zelanda.