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Sólo dos ramas industriales tuvieron crecimiento productivo en los últimos dos años

Mientras el debate por la situación de las distintas ramas de actividad sigue escalando, los datos oficiales reflejan la transformación de las condiciones generales de la economía. ¿Qué pasa detrás de Fate o Ilva?

El debate por la situación industrial y de la actividad económica en general fue escalando en las últimas semanas de la mano de las dificultades que comenzaron a trascender de parte de algunas empresas, con situaciones extremas de cierre como en el caso de Fate o Ilva. Allí hay factores de una transformación económica general que parecen impactar de lleno: un consumo que no tracciona por la notoria pérdida de poder adquisitivo en amplios sectores de la población, y en particular el cambio del gasto en los hogares, hoy más concentrado en sostener el pago de los servicios esenciales como luz, gas y obras sociales que lideraron el ajuste tarifario. Pero también una apertura mayor de la economía que facilita el ingreso de bienes, muchos de los cuales llegan en mejores condiciones de competitividad que los que ofrecen fábricas nacionales. Eso abrió otra ventana de debate que tiene a varios actores de la política como protagonistas: hasta dónde permitir especialmente el avance de productos chinos. El tercer elemento a considerar es que muchas industrias no tienen comercio exterior, para utilizar una válvula de escape, o encuentran dificultades para sostenerlo porque son poco competitivas; y ahí hay otro mar de fondo asociado al tipo de cambio, costos internos y presión impositiva.

En los últimos días, el Gobierno intentó contrarrestar esta observación creciente sobre la economía real con el dato surgido del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). Es que ese indicador difundido por el Indec mostró que en promedio la actividad económica nacional creció 4,4% en 2025 y 3,5% de punta a punta. Pero al interior de ese dato, se destaca el impulso significativo del agro, la intermediación financiera y sectores como el petróleo. Cuando el foco se posa concretamente sobre la industria, el desempeño cambia radicalmente.

Al mirar el EMAE de diciembre, la mitad de las subramas industriales se contrajeron, mientras la otra mitad evidenció crecimiento o nivel de producción estable. Así lo remarca el último informe sectorial del Ieral de la Fundación Mediterránea realizado por el economista Marcos Cohen Arazi. Las ramas que más retrocedieron en el mes incluyen a otros equipos, aparatos e instrumentos, otro equipo de transporte, productos de tabaco, productos de caucho y plástico y maquinaria y equipo.

De esta manera, en los 25 meses transcurridos desde noviembre de 2023 hasta el último dato de diciembre pasado, solo dos segmentos industriales se ubican en terreno positivo: refinación de petróleo y relacionados (+8,3%) y alimentos y bebidas (+4,3%), los que tienen un perfil marcado por la orientación exportadora.

Los segmentos más afectados por la reducción en su nivel de actividad son la producción textil (-31,5%, manifestó una recuperación en el mes de diciembre) caucho y plásticos (-28,4%), vehículos automotores (-23,3%), productos de metal (-19,9%) y minerales no metálicos (-18,7%).

“En estos segmentos rezagados, la característica general es que tienen fuerte dependencia del mercado interno, baja inserción exportadora y elevada exposición al desafío de productos importados, vulnerabilidades que eran menos visibles bajo la vigencia de restricciones cambiarias y comerciales más extendidas. La reconversión productiva en estos casos resulta extremadamente desafiante a corto plazo, debido a deficiencias de competitividad. Su situación deja en evidencia desafíos de transformación estructural que tiene no solo ese conjunto de industrias, sino también Argentina como un todo”, advierte Cohen Arazi.

El 53% de los industriales asegura que la falta de demanda interna es el principal limitante de su crecimiento

El Índice de Confianza Empresaria (ICE) de la industria manufacturera, que elabora el Indec, está compuesto por la opinión empresarial sobre las expectativas futuras del volumen de producción, la evaluación actual de la cartera total de pedidos de clientes y la evaluación actual del nivel de stocks de productos terminados; puede tomar valores entre -100% y 100%, según explica el organismo. En la medición de enero, el índice arrojó un valor de -20,1%, que si bien está mejor que los últimos 5 registros, está muy lejos de ser positivo.

Lo que arroja una claridad meridiana sobre lo que está ocurriendo en las fábricas es el compendio de respuestas a la pregunta que presentó el Indec sobre “los factores más importantes que están limitando su capacidad para aumentar la producción”. El 53,5% de los industriales contestó que es la demanda interna insuficiente. El segundo factor mencionado, con el 11,7%, fue la competencia de productos importados. En el tercer escalón se ubicó la incertidumbre económica, con el 5,7%.

Cuando a los empresarios se les preguntó sobre los cambios que espera en el volumen de producción durante febrero-abril de 2026 respecto a la situación actual, sólo el 17,6% cree que aumentará, mientras el 60% piensa que no tendrá cambios. Pero el 21,7% sostiene que espera nuevas caídas.

En el monitoreo del Indec, también se les consultó sobre la situación de la cartera total de pedidos de clientes en enero de 2026 y en qué nivel se encontraba. Allí, el 52,4% dijo que estaba por debajo de lo normal; el 2,6% por encima de lo normal; y el 45% según el promedio habitual.

Por último, sobre el nivel de stocks de productos terminados en términos de volumen, el 16,1% dijo que estaba por debajo de lo adecuado; un 61,4% en niveles adecuados y el restante 22,5%, por encima.

Luego, hay una pregunta general sobre la situación empresarial actual del negocio y allí sólo el 6,8% dijo que es buena; un 64,1% respondió que era normal; y el 29,1 admitió que es mala.