El trabajo de Ramiro Ghigliazza: Da vida a los próceres argentinos con un detallado trabajo digital
El diseñador gráfico Ramiro Ghigliazza ha logrado dar vida a nuestros más importantes próceres con una particular técnica digital, y con ello, asegura, “brindar un poco de esperanzas en estos tiempos”. San Martín, Belgrano, Juana Azurduy, Güemes, hasta el soldado Cabral, han formado parte de su detallado trabajo que, mezclado con aplicaciones de video, le hacen a cualquiera poner la piel de gallina por lo humanas que se ven aquellas figuras de las que sólo conocíamos retratos pintados.
“Es un proyecto que busca traerlos a la realidad, algo que creo estábamos necesitando mucho, y por eso la gente se emociona tanto. Por este motivo, cuando descubrimos el cuadro de San Martín en el convento San Carlos, el granadero se emocionó y se le cayó una lágrima, es esa sensación de impotencia de muchos años, que nos hace reaccionar cuando vemos estas fotos que parecen haber sido sacadas ayer”, sostuvo el artista en diálogo con Puntal, y aseguró: “Me dicen que les da impresión, porque parecen estar vivos”.
Uno de sus últimos trabajos fue realizado sobre el daguerrotipo que se conoce de San Martín en sus últimos años de vida, registro sobre el que Ghigliazza explica que, a diferencia de las fotografías actuales, uno debía posar un largo tiempo quieto sin pestañar. “Por eso San Martín sale con esa postura, no es que está mirando al futuro o lo que se evalúa de la imagen, y esto le quita el carácter espontáneo que pueda tener, y mi idea fue recrearlo y que nos mire e interpele a todos”, explicó el artista.
La presentación de esta obra se hizo días atrás en Mendoza, en el marco del aniversario del nacimiento del prócer el 25 de febrero. Fue un intenso trabajo, que significó todo un desafío, al partir de otra imagen fotográfica y proponiendo un modelo más actual de San Martín.
De hecho, ya con el empleo de otros programas, y jugando un poco con la figura del Padre de la Patria, Ghigliazza se anima a hacerlo decir “Viva la Patria” y hasta sonreír (situación que se puede ver en las redes sociales tras su viralización, y que muestra a un general muy distinto del que vemos en la escuela o en las revistas infantiles tradicionales.
Su descubrimiento fue tan impactante para los presentes, que la imagen del evento fue la del granadero en formación junto con el cuadro y dejando escapar una lágrima por la emoción, luego de ver la fotografía editada.
A diferencia del viejo daguerrotipo, la nueva imagen de San Martín tiene una mirada hacia quien observa la fotografía, generando una complicidad y un vínculo muy especial.
De igual modo, en 2020, con el bicentenario del fallecimiento de Manuel Belgrano realizó un retrato a partir del cuadro del prócer, “el consejo municipal de Rosario me dio el impulso de poder terminarlo en tiempo y forma, cuando a fines de febrero me lo encargaron para terminarlo en junio, son trabajos que llevan mucho tiempo”, indicó. Este retrato, comentó, le significó un gran desafío, considerando que los testimonios de historiadores difieren de lo que son las imágenes pintadas que se conocen de Belgrano, “dicen que era más rubio, siendo que en la pintura se lo ve más morocho o castaño oscuro, al igual que indican que los ojos eran celestes, pero lo pintaron con ojos marrones”, destaca.
En este trabajo de investigación, asegura, “la historia comienza a trabajar en distintas direcciones, con la idea de que puede haber sido ese tipo de personas que a la luz tienen un tipo de color de ojos y en las sombras otras, o que el color de pelo de Belgrano se debe a que estaba perdiendo el cabello y se lo tiraba para adelante, por eso su peinado, y al mojarlo se oscurece, son aspectos que me parece lo hacen más real y simpático, con más vida”, explicó.
- Este impacto en la gente, ¿puede deberse a la falta de registros que hay de ellos distinto de los referentes del siglo XX de los que hay numerosas fotos y videos?
- Me suele pasar que me piden hacer fotos de Fontanarrosa o de Ginobili, pero les planteo que ya las tenemos, no tiene sentido, yo no soy un fotógrafo, soy un artista. Trabajo con el fotógrafo Beto Ritta que me pasa las fotos para que trabaje, que es otra etapa de los proyectos. El objetivo de este juego es traerlos del pasado para ver cómo podrían verse hoy.
La primera etapa de cada proyecto tiene que ver con la investigación de la documentación que exista del prócer, pinturas, retratos, testimonios que lo describan, “son cosas que te dan una pauta de las diferencias que pueden haber entre la pintura y la realidad”, explica y señala que para el retrato de San Martín incluso tomó en cuenta el daguerrotipo para calcular las dimensiones y posiciones de cada pieza de la obra. Luego hay una instancia en la que su fotógrafo amigo retrata a personas de la actualidad, para capturar distintos rasgos, tonos de piel, gestos, y le pasa todo el material a Ramiro. “Una vez que tengo el material voy montando parte por parte, es un trabajo muy artesanal, intentando que no quede como robot o una mezcla sin forma”, sostiene.
Trabajo detallado
A través del uso de aplicaciones digitales, puntualmente con Photoshop, reemplaza cada segmento de la cara que toma como base los viejos retratos por fragmentos de las fotografías que recibe. “No uso ningún tipo de software 3D o inteligencia artificial, de hecho, cuando empecé este trabajo esos programas no existían aún”, comenta e indica que en cada instancia del trabajo cuenta con muchos ojos críticos de colaboradores que le hacen observaciones sobre cómo va el proceso.
Del mismo modo, lo coteja con el conocimiento de varios historiadores, “es importante conocer la personalidad de quién se está retratando, no sólo lo físico, porque hay que tratar de transmitir lo que era, para que no quede muy fría la imagen”. Felipe Pigna, Eduardo Mundani, Roberto Colimodio, Marcelo Calabria y Miguel Carrillo son algunos de los historiadores que lo asesoran en estas instancias.
Para dar cierre a cada retrato, lo imprimen en un lienzo especial y se lo monta como si fuera un cuadro, de hecho, en muchas oportunidades se lo hace con marcos tallados de manera artística simulando los viejos retratos de los próceres. “Es una buena experiencia con el compromiso de los artistas que acompañan en esa instancia, como pasó con Israel Pérez Hugas y Sonia López que hicieron un trabajo espectacular para el cuadro de San Martín para la sala de los gobernadores de Mendoza”, afirmó Ghigliazza.
A la hora del trabajo, asegura que hay características de los próceres que facilitan el trabajo, como lo es la barba en algunos de ellos, porque oculta los detalles de la cara y sus gestos, pero consultado sobre cuáles son los más difíciles de captar comenta que son la boca y los ojos.
“En la boca podés llegar a estar 1 mes para trabajarla, porque un milímetro que se mueva la comisura ya está diciendo otra cosa, puede parecer falso, y además tiene que estar combinado con los ojos, la mirada, por eso es muy compleja”, describe. Sostiene que la tensión de la boca puede marcar todo el retrato, “si se ríe tensionado o relajado, por eso trabajo allí mucho las luces y las sombras, es complicado”, dice.
El proceso de trabajo con los programas de computadora
Más allá de lo sumamente interesante que resulta el estudio que Ramiro Ghigliazza realiza junto con los historiadores argentinos para conocer rasgos de la personalidad de los próceres, ver registros de su trabajo en la edición de las imágenes merece toda la admiración de quien disfruta de una obra de arte. Porque más allá de su formación como diseñador gráfico, Ghigliazza es un artista indiscutido.
Podría decirse que el trabajo es similar a un collage, porque acopla fragmentos de fotografías que su compañero Beto Ritta le saca a personas que viven en la actualidad y en las que Ghigliazza busca similitudes con los próceres. Sin embargo, tal como lo indica el artista, no busca que todo se convierta en un “pastiche”, una mezcla forzada.
Luego es todo un trabajo sumamente minucioso, tarda meses en remplazar cada centímetro del cuadro que quiere transformar en foto, con pedazos muy pequeños de imágenes realistas.
Pero lo particular de estos proyectos son los detalles, aquellos que nacen en la investigación previa. Por ejemplo, dicen que Belgrano en realidad era rubio, o que San Martín podía tener una marca tenue en la piel de la nariz por el uso de los anteojos.
Las luces, los bellos faciales, el castigo del paso del tiempo en la piel, todo hace a una imagen más próxima, más real y que, sorprendentemente, los hace vivir en la actualidad.