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Todo bullish y una realidad de ficción

El Presidente citó a Carlos Maslatón, un exsocio de Milei, cuya teoría es que Argentina está en un ciclo expansivo que la conduce a su mejor momento de la historia. Fernández dijo que quiere cerrar su mandato sosteniendo ese círculo virtuoso

En una nueva seguidilla de intervenciones públicas con análisis de la realidad nacional, el presidente Alberto Fernández volvió a sorprender en los últimos días al insistir con un viejo concepto que ya había vertido sobre el aspecto psicológico de la inflación, que vive en la mente de los argentinos y que de allí se corporiza en las góndolas.

La afirmación presidencial surgió en el contexto del nuevo dato de inflación que dio a conocer el Indec el viernes y que fue del 8,4% para abril, pero con alimentos subiendo arriba del 10%mensual. Este último rubro encabeza junto con Educación los aumentos en el primer cuatrimestre del año con poco más del 41%, mientras que en los últimos 12 meses acumuló 114,3%, lo que muestra la persistencia de los altos incrementos de los alimentos, que son la mayor parte del gasto en el que incurren los sectores más vulnerables y clases medias bajas. Curiosamente, muchos de ellos, aun con empleos formales, no pueden seguir con sus ingresos a la par de la inflación. Y hay allí una paradoja: mientras las paritarias (que solo una parte de los trabajadores la tienen) se acuerdan tomando el valor general de inflación, cada vez más empleados deben destinar mayor parte de sus ingresos a la compra de alimentos, que suben por encima del Índice de Precios al Consumidor que difunde el Indec. Eso explica un dato preocupante que mostró hace unos días el economista y ex asesor presidencial Antonio Aracre, cuando comparó la evolución del salario medio con la canasta de alimentos en los últimos 6 años: perdió 32% de su poder de compra en el supermercado.

Es decir que, mientras salarios y asistencias sociales toman como referencia el IPC, en realidad el mayor porcentaje de su destino es alimentos, que van bien por encima, lo que provoca un marcado deterioro.

Frente a esa acuciante realidad, el Gobierno, que está a 7 meses de terminar su mandato, todavía no tiene claro cuál es el origen del proceso corrosivo. Ahora ensayó una hipótesis psicológica.

“Tuvimos un problema muy serio con la inflación en abril, una corrida que llevó el dólar de 460 a quinientos y pico de pesos. En una semana, subió y bajó y volvió a los precios que tenía. Pero esa subida de precios opera en la cabeza de los argentinos como que va a haber una disparada y se produce una escalada de precios y luego baja el dólar y los precios no”, dijo el Presidente. Algo así como una profesía autocumplida.

No fue la única observación que realizó el Presidente sobre el contexto económico turbulento del país. También destacó que intentará continuar por esta senda de crecimiento para llegar al final de su mandato con este ciclo de expansión. Lo afirmó. “Maslatón decía esto, a partir de 2020 Argentina entró en un círculo virtuoso y esto es imparable y yo creo eso, quiero dejar al país en ese círculo virtuoso”, declaró Fernández. Maslatón es Carlos, un abogado especialista en finanzas que surgió cercano a Javier Milei, del cual se distanció el año pasado pero al que de todos modos dice que votará por “obediencia partidaria”. Su punto más destacado fue entrar al Guinness por haber estado en todos los partidos del Mundial de Qatar. Lo otro que lo catapultó en medios y redes es el haber instalado el uso del término anglosajón “Bullish”, que en su acepción financiera hace alusión a mercados en franco ascenso. Maslatón dice que en Argentina está todo bullish.

La cita del Presidente sobre los dichos de Maslatón es otro enigma más. ¿Por qué tomó esa fuente de frecuente ostentación en medio de un complejo panorama social? Hay una realidad paralela sobre la que parecen transitar el Presidente y parte de su gabinete, incluida su vocera, y que en algún punto parece conectar con Maslatón; o, en todo caso, la descripción del abogado coincide con lo que el Presidente quisiera escuchar.

Sí hubo de parte del mandatario un tirón de orejas para el ministro de Economía, Sergio Massa, algo que entraría en contradicción con lo anterior. De hecho, si hay crecimiento no debería existir reprimenda. “Anoche hablaba del tema con Sergio (Massa), tenemos que ponernos algún objetivo definitivo para parar esto, hay muchas causas que están generando esto, una es la especulación de que pueda haber una devaluación, que el dólar blue sube, el 'por las dudas aumentamos', eso por lo que muchos me criticaron y yo llamaba inflación autoconstruida, inflación psicológica, es precisamente eso, que no está en el consumidor, está en el pequeño comerciante”, insistió Fernández. Pero, sin dudas, la frase “Tenemos que ponernos algún objetivo” encierra una crítica que claramente lo incluye. A esta altura de su gestión resulta una obscenidad.

Luego de ese planteo, el Gobierno dejó trascender que el fin de semana el equipo económico anunciaría una batería de medidas para intentar contener la inflación que sigue en ascenso, lo que configura un paso más hacia el riesgo de una espiralización. Pero, además, alimenta el empobrecimiento de esa clase media que sigue desmoronándose y hundiendo aun más a quienes ven cada vez más lejos la línea de pobreza, desde abajo. Ayer Massa encabezó esos anuncios que parecen ratificar una apuesta no declarada: contener la inflación por frío. La fuerte suba de las tasas nuevamente (autocrítica incluida), que busca desactivar el circuito de pesos a dólares, tiene como contracara la profundización de la recesión que ya se observa en la economía. Aunque eso ya no se trataría de bullish sino de bearish.