La intervención fue realizada por los doctores Martín Cossa (MP 34717 - ME 17240) y Gonzalo Peñaloza (MP 38342 - ME 21528), junto con los doctores Luis Esteban Criado del Río y Dayana Naranjo Cárdenas, profesionales que viajaron desde Córdoba para participar del procedimiento.
El paciente, de aproximadamente unos 70 años, había llegado inicialmente a la consulta con una lesión en la lengua y, como ocurre en este tipo de cuadros, el primer paso fue determinar con precisión la naturaleza de la lesión. “Primeramente, se le practicó una biopsia para confirmar el tumor y saber de qué estirpe era, para después planificar la cirugía”, explicó Cossa a Salud & Ciencia.
Con el diagnóstico confirmado, el equipo de cirujanos comenzó a evaluar la estrategia quirúrgica. No se trataba simplemente de retirar el tejido afectado: por la extensión del tumor, era necesario extraer una parte considerable de la lengua y posteriormente reconstruirla.
Así, la cirugía implicó la resección de los dos tercios anteriores de la lengua y, para reconstruir ese sector, se utilizó una técnica denominada colgajo libre radial, que permite trasladar tejido de otra parte del cuerpo y conectarlo mediante sus vasos sanguíneos a los vasos de la zona receptora. “Lo que hicimos fue una resección de todo el tumor. Se resecaron los dos tercios anteriores de la lengua y la reconstrucción la hicimos con un colgajo libre radial”, detalló Cossa.
El procedimiento consistió en tomar tejido fascio-cutáneo del antebrazo, junto con una arteria y una vena. Ese tejido se trasladó hasta la región del cuello y los vasos sanguíneos se conectaron con otros vasos de esa zona mediante suturas extremadamente pequeñas.
De esta manera, el tejido trasladado puede recibir irrigación sanguínea y convertirse en la estructura utilizada para reconstruir el sector de lengua que fue retirado.
Los especialistas explicaron que la finalidad no fue solamente cubrir el defecto producido por la extracción del tumor, por lo que consideraron que la reconstrucción tuvo una importancia funcional determinante.
“Con la piel y todo el tejido fascio-cutáneo terminamos de reconstruir el defecto que nos quedaba en la lengua. Eso se hace para darle funcionalidad al paciente, para que pueda hablar y pueda comer con esa neolengua que armamos a través del colgajo libre”, explicó Cossa.
Precisión y tecnología
Una de las particularidades de este tipo de intervenciones es el nivel de precisión requerido. Los vasos sanguíneos que deben conectarse tienen un diámetro muy pequeño, por lo que no pueden utilizarse materiales quirúrgicos convencionales.
La preparación previa fue, por eso, determinante. “No se usa el tipo de sutura que podemos encontrar en cualquier quirófano, sino que se piden unas suturas especiales muy finas para hacer la anastomosis de los vasos”, señaló Peñaloza.
Además, los profesionales necesitan contar con sistemas de magnificación que permitan observar con claridad esas estructuras durante la intervención. En este caso se utilizó un exoscopio, una tecnología que permite ampliar el campo quirúrgico y visualizar en tiempo real las estructuras sobre las que están trabajando los cirujanos.
El equipamiento también posibilitó que el resto del equipo siguiera el procedimiento mientras los profesionales realizaban las conexiones vasculares.
La complejidad no estuvo únicamente relacionada con la técnica quirúrgica. También fue necesario preparar previamente a la institución para una intervención prolongada, que exige la participación coordinada de distintas áreas.
“Son cirugías largas, son cirugías complejas y necesitamos de la colaboración de todo el equipo, de toda la institución”, remarcó Peñaloza.
Trabajo simultáneo
La intervención contó con cuatro cirujanos que trabajaron de manera coordinada y prácticamente en simultáneo.
Mientras un grupo realizaba la resección del tumor, el vaciamiento y la búsqueda de los vasos sanguíneos en el cuello, otro equipo trabajaba sobre el antebrazo para obtener el colgajo que posteriormente sería utilizado en la reconstrucción.
Una vez obtenidos los tejidos y preparados los vasos, los equipos fueron alternando sus funciones. Mientras unos profesionales realizaban las anastomosis vasculares, otros se ocupaban del defecto generado en el antebrazo.
Finalmente, se procedió a colocar y adaptar el colgajo en la cavidad oral para completar la reconstrucción.
El tiempo total de quirófano fue de aproximadamente de 10 horas. En este tipo de operaciones, además de los cirujanos, resulta indispensable la intervención de profesionales de otras especialidades.
Anestesia, terapia intensiva y nutrición, entre otros servicios, cumplen un papel relevante tanto durante la operación como en las etapas posteriores.
A diferencia de una cirugía convencional, el período posterior requiere una vigilancia estrecha y prolongada. El paciente permaneció internado y fue controlado durante las diferentes etapas de recuperación.
Postoperatorio
“La evolución fue favorable. Entre una semana y diez días de concretada la operación, el paciente empezó con alimentación líquida vía oral, bien tolerada y no hubo pérdida en cuanto a fístula”, destacó Cossa.
Al momento de la entrevista habían transcurrido aproximadamente un mes y medio desde la operación. El paciente ya había comenzado además las primeras sesiones de radioterapia y quimioterapia indicadas como parte del tratamiento oncológico.
El resultado de una intervención de estas características no se mide únicamente por la extracción completa de la enfermedad. La posibilidad de recuperar funciones que impactan directamente en la vida cotidiana constituye también un objetivo central de la reconstrucción.
Alta complejidad, en Río Cuarto
Para los profesionales, otro aspecto significativo de esta experiencia es haber podido concretar todo el procedimiento en Río Cuarto.
Según explicaron los especialistas, habitualmente este tipo de cirugía se realizaba en centros de mayor complejidad de la capital provincial y poder desarrollarla en Río Cuarto implica una alternativa para pacientes que, además de afrontar una enfermedad oncológica, deberían asumir los costos y las dificultades de trasladarse junto con sus familias durante un período prolongado.
“En este tipo de intervención no se van de alta a los dos o tres días, debido a que no es una cirugía normal. Pasan varios días en terapia, después son derivados al piso hasta que consideremos que el paciente se encuentre en condiciones óptimas”, explicó Peñaloza.
Por eso, permanecer cerca del entorno familiar puede representar una diferencia importante durante la recuperación.
En este caso, la posibilidad de que los familiares pudieran organizarse para acompañar al paciente en los distintos momentos de la internación fue otro de los beneficios derivados de realizar la intervención en la ciudad.
La realización de la cirugía también puso de manifiesto que trasladar procedimientos de alta complejidad a una ciudad del interior requiere una planificación específica.
“No están las instituciones todavía del todo preparadas, entonces previamente se trabajó mucho en conseguir autorizaciones y en preparar todos los servicios que nos hacían falta para el postquirúrgico del paciente”, explicó Cossa.
La disponibilidad de instrumental, suturas especiales, tecnología de magnificación y profesionales de distintas áreas debe estar garantizada antes de comenzar una intervención que, además, no admite demoras innecesarias debido a las características de la enfermedad oncológica.
Precisamente por eso, los médicos consideran que uno de los aprendizajes de esta experiencia es la posibilidad de seguir ajustando la logística para acortar los tiempos previos a futuras intervenciones.
“Es algo que se puede hacer y uno está tratando de aceitar todas esas cosas para limitar un poco más los tiempos prequirúrgicos”, sostuvo Cossa.
La participación de profesionales especializados que pueden trasladarse desde Córdoba constituye, en ese sentido, una posibilidad para ampliar el acceso a determinadas prácticas de alta complejidad sin que necesariamente el paciente deba abandonar su ciudad.
La experiencia realizada en Neoclínica muestra así que una cirugía oncológica compleja puede requerir mucho más que una intervención puntual: detrás de las horas de quirófano existe un proceso que involucra diagnóstico, planificación, tecnología, logística, múltiples especialidades y un seguimiento posterior prolongado.