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Distinguen a un riocuartense que asistió el hundimiento del buque Belgrano

Marcelo Gramaccioli recibirá hoy el reconocimiento de Ciudadano Ilustre del Municipio, ciudad costera donde reside actualmente. Se desempeñaba como cabo segundo de Operaciones e iba a bordo del Destructor Piedra Buena en momentos en que atacaron al crucero.

Marcelo Gramaccioli, el excombatiente oriundo de Río Cuarto que asistió el hundimiento del buque Manuel Belgrano en la guerra de Malvinas, recibirá esta tarde desde las 16 horas el reconocimiento de Ciudadano Ilustre otorgado por la Municipalidad de esa ciudad costera donde reside actualmente.

Con 20 años, Gramaccioli fue uno de los tripulantes que circulaba a bordo del Destructor Piedra Buena, uno de los buques que el 2 de mayo de 1982 escoltaba al crucero Manuel Belgrano en momentos en que fue atacado hasta darle hundimiento.

En diálogo con Puntal.com.ar, Gramaccioli recordó que ese día se encontraban acompañando la misión de reconocimiento y detección, y que en momentos en que retornaban avistaron un avión que en principios desconocieron la procedencia.

Luego iban a enterarse que se trataba de una aeronave de reconocimiento chilena que transmitió la posición de las embarcaciones y que dio lugar al ataque en horas posteriores fuera de la zona de exclusión que terminaron con el hundimiento del Manuel Belgrano.

Gramaccioli dijo que fueron al menos cuatro los torpedos que dieron en el buque y que las horas posteriores “fueron muy duras”.



“En el Destructor Piedra Buena logramos rescatar a 274 del buque Belgrano, dos de ellos sin vida”, relató el excombatiente que vivió hasta los 18 años en Río Cuarto y que tras la contienda bélica de Malvinas siguió ligado a las fuerzas militares.

Hoy, con la experiencia que le dio la vida traza su balance sobre el origen de la guerra y tiene su postura sobre el vecino país trasandino al considerar que “el ciudadano chileno no es lo mismo que el militar chileno”.

A continuación, algunas de las vivencias que Gramaccioli anotó en su diario personal y que se replican en distintas redes y medios de comunicación:

Empiezo a vivir la guerra en carne propia cuando se hunde el “Belgrano” —cuenta Marcelo Gramaccioli, que presenció de cerca cómo el crucero desapareció de los radares y de la faz del mar.

En 1982, tenía 20 años y era cabo segundo de Operaciones en el destructor ARA “Piedrabuena”, uno de los buques que escoltaban al “Belgrano” la jornada del 2 de mayo, cuando lo atacó el submarino británico HMS “Conqueror”, durante la guerra por las islas Malvinas.



—Sabés que cuando se pierde el contacto radar no es porque te alejaste mucho. Algo pasó —advierte—. Estamos a unas 20 millas cuando vemos que se pierde la marcación. Ahí nos damos cuenta de que el crucero se está hundiendo.

Un torpedo le había arrancado 12 metros de proa y otro lo había herido de muerte más al centro, cerca de las máquinas. Eran las 4 de la tarde.

Gramaccioli sintió dolor y bronca cuando en el cuarto de Contramedidas de su buque se enteró del ataque. También angustia, porque entre los 1.093 tripulantes del crucero había 3 que eran sus amigos.

Junto al destructor ARA “Bouchard”, el “Piedrabuena” salió a proteger a su buque insignia y a buscar al submarino enemigo.

—Comenzamos un acortinado alrededor del buque y a lanzar bombas y más bombas de profundidad, con el riesgo de también ser atacados. Y pensás: “Los muchachos están tirándose en este momento a una balsa y nosotros en cualquier momento podemos estar en la misma situación”. Ahí te das cuenta de en qué baile estás.



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Una imagen: “Cuarto de Contramedidas, arriba del hangar del ‘Piedrabuena’. El foco de señales del puente de comando del crucero ‘Belgrano’ que emite señales en Morse y el barco cruzado, sin la proa, con algunas balsas. Me queda en la memoria que nos alejamos y veo salpicar agua por todos lados. Una leve escora. Después, nos distanciamos y no veo más nada. Es la última foto en mi cabeza.”

Una anotación: "…siendo las 16,53 hs. y estando a 22 millas del crucero lo pierdo en la pantalla (…) para mí, se ha hundido…". Gramaccioli lo escribió en su libreta 100 hojas de tapas negras que usaba de diario personal y que todavía conserva.

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Con el “Belgrano” desaparecido ya del radar y sin haber encontrado al submarino, el “Piedrabuena” vuelve al lugar del hundimiento a buscar náufragos. Son las 2 de la mañana y hay una neblina y un pesto terribles. Y una escena desalentadora: pedazos de carcasas de balsas, pero ninguna en la zona.

—Pensamos: “Se fueron todos a pique con el barco”.

Habían hecho los cálculos de deriva, viento y corriente marina y les daban que las balsas iban al sudeste; pero lo real era que iban al sur derecho.

A las 14 del otro día, un avión Neptune da la primera localización de las balsas.

—Fue una alegría que nos cambió el ánimo. Me fui a trabajar para rescatar a los náufragos. Quería colaborar y ver si aparecían mis amigos.

—Éramos compinches, compañeros del taquillero frente al Puesto 1 de Puerto Belgrano donde guardábamos la ropa. Vivíamos juntos y jugábamos juntos al fútbol: Fernando Dorgambide, Julio César Tello y Jorge Antonio Yacante.

Los perdió en el hundimiento.

El destructor “Piedrabuena” fue el primero en llegar al sitio del naufragio y el último en irse. Se quedaron pintando las balsas que sólo llevaban tripulantes muertos para que las levantasen los buques hospitales ARA “Almirante Irízar” y “Bahía Paraíso” y lograron rescatar una con los últimos 16 tripulantes vivos, al borde de morir por congelamiento.

Entre ellos estaba el cabo segundo Hugo Gorosito, el último rescatado:

—Lo recuerdo porque no podía subir. Estaba totalmente congelado de la cintura para abajo, todo entumecido. Le gritábamos que se agarrara y no podía. Se tiró uno de los nadadores de rescate y lo enganchó con el arnés para que lo pudiéramos levantar.

Gorosito sobrevivió y le costó casi un mes poder volver a caminar. Estuvo 21 días en descongelamiento y fue el último en irse del Hospital Naval Puerto Belgrano.

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—Me gustaría ver la silueta del crucero “Belgrano” otra vez navegando frente a Mar del Plata.

—Es una lástima que un barco tan grande se haya muerto así, sin poder defenderse —dice—. Yo lo vi tirar y era impresionante lo que escupían esos cañones. Y duele mucho volver a Puerto Belgrano y ver ese espacio vacío en la dársena. Junto al portaviones, eran dos emblemas; tenían un muelle propio, era todo de ellos.

—Tenés un antes y un después del 82. Después de la guerra volví a vivir, a mi manera y mirando al sur. Cuántos tipos hoy no pueden disfrutar lo que yo disfruté, a pesar de haber vivido una guerra. Eso es gracias a la familia.

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Nacido en Río Cuarto (Córdoba), Marcelo Gramaccioli llegó al “Piedrabuena” en diciembre de 1981 y su primera navegación la hizo el 2 de febrero a Ushuaia, 4 meses exactos antes del hundimiento del crucero ARA “General Belgrano”. Se retiró de la Armada en Mar del Plata, donde vive en la actualidad.

Dice que no puede estar lejos de los barcos: “En una de esas, este año agarro el bolso de abandono que siempre tengo armado y me prendo a navegar con Greenpeace. Aprendí mucho de ecología y medioambiente en el aviso ‘Castillo’, en la Antártida”.

En tierra se marea, se siente mal, necesita vivir el mar: “Soy barquero”.