Opinión | Rectorado

Las chicas al poder en la UNRC

Las elecciones en la Universidad mostraron un cambio no sólo de conducción. Las urnas reflejaron la necesidad de una renovación en la gestión, de nuevas ideas. También hay un reordenamiento de las relaciones de poder entre facultades

Nora Bianconi y Marisa Rovera, la fórmula del éxito en las elecciones de la Universidad Nacional de Río Cuarto.

 

“Se hicieron muchas cosas a lo largo de los últimos 8 años y muchas están claramente a la vista”, comentaba un alto funcionario del Rectorado en medio de las urnas, durante la semana pasada, mientras docentes, graduados y estudiantes avanzaban para emitir su voto en las mesas montadas alrededor de la conversación, en pleno pabellón 5 de la Universidad Nacional de Río Cuarto. “De hecho este pabellón es parte de la nueva infraestructura que logramos terminar”, agregó. En ese momento, una integrante de la Facultad de Económicas, enfrentada desde lo político con el Rectorado, se plegó a la charla: “Mirá, en Económicas hay otra muestra, con el edificio que se viene prometiendo desde hace años y ahora es una realidad la obra”, completó casi como anticipando lo incomprensible de la derrota que aún no se había plasmado, pero que a esa hora ya tomaba forma dentro de las urnas. Con varias elecciones encima, el funcionario del Rectorado intuyó lo que podía ocurrir. “No solo fueron obras de infraestructura, también trabajamos mucho para incorporar tecnología de punta para fortalecer investigaciones y enseñanza. Hoy tenemos equipamiento que antes de esta gestión no estaba”, exclamó.

Luego cerró el análisis: “Nos equivocamos en la comunicación. Siempre preferimos hacer y no publicitar, incluso hacer para todos de la misma manera. Acá nadie puede decir que se orientó en favor de una facultad más que de otra. Lo de Económicas lo explica, o bien todo el equipamiento que logramos sumar en Exactas, pero es cierto que en muchos casos los hechos no se conocieron”, afirmó uno de los que tienen oficina en el Rectorado, mientras no dejaba de señalar cierta preocupación por el resultado final de los comicios.

Cuando se abrieron las urnas el resultado fue lapidario; incluso mucho peor que lo que presumía ese funcionario e incluso por encima de lo que se animaban a soñar los más optimistas de la oposición. Hubo una ola que ni unos ni otros lograron dimensionar; sí sospechaban de la orientación que podía tener. El oficialismo claramente admitía dificultades en la previa y que no sólo tenían que ver con aspectos de comunicación, sino que eran más de fondo. Algunos de gestión, especialmente durante la pandemia, de construcción política y hasta de la fórmula que finalmente fue a la contienda. Claramente no hay una sola explicación para el resultado. Y mucho menos en una densidad como la universitaria, plagada de pliegos e intrincados vínculos y enfrentamientos, algunos que se dan en la superficie y otros de forma subterránea. Por si le faltara algo a esa realidad, se suma un sistema electoral de votos ponderados en donde alguien que obtenga casi todo el apoyo docente y no sume en estudiantes, graduados y no docentes, puede ser elegido rector. Ese sistema le costó incluso un papelón en elecciones anteriores a una consultora que hizo un estudio para anticipar el resultado, que terminó siendo el opuesto al vaticinado. Esta vez, no hubo sondeos.

Por eso, no hay dudas que los méritos de Marisa Rovera y Nora Bianconi para construir una victoria tan contundente no pueden ser menores. Pero es necesario sumar a ese resultado los desaciertos del oficialismo. El funcionario ubicado en el pabellón 5, antes de despedirse de la charla, admitió la necesidad de una renovación de ideas, de oxigenar la conducción, de incluir “nuevas cabezas”. Tal vez fue otra parte de la explicación. La opción que se presentó era una evidente continuidad, lo que fue leído como más de lo mismo. Incluso pareció advertirse esta situación de antemano, cuando se definió el nombre de la lista de Sergio González y Viviana Macchiarola: Nuevo Impulso, intentando ser un avance sobre la misma línea de conducción. No alcanzó.

Por supuesto que además hay otra dimensión que se solapó en las explicaciones: una presencia de la política partidaria interna y externa. Tal vez pocas veces hubo un movimiento y un interés tan marcados desde afuera del campus por lo que ocurría en las elecciones. Se notó en la militancia previa, se notó después de conocerse los resultados.

Pero al interior de la Universidad también hubo un quiebre especial en la relación de poderes entre facultades. Es conocido que la política universitaria tiene una máxima que acaba de derrumbarse: nadie es rector si en la fórmula no hay alguien de Agronomía y Veterinaria. Y eso se apoyaba en la muestra empírica: desde la normalización de la Universidad con Roberto Seiller, Alberto Cantero o Leónidas Cholaky, integrantes de esa facultad, pasando por Oscar Spada que surgido de Ingeniería apostó por Sergio Busso y Aníbal Bessone (los dos de Agronomía y Veterinaria) para que lo acompañen, o Marcelo Ruiz, un hombre de Exactas que fue secundado por Javier Salminis, profesor de Veterinaria. Luego, el actual rector Roberto Rovere, también veterinario, fue incluso decano de esa facultad, antes de subir un piso.

El oficialismo buscó conservar esa máxima al proponer a González, exdecano de Agronomía y Veterinaria. Sin embargo, Rovera y Bianconi patearon el tablero en ese sentido. Una de Exactas y la otra de Humanas, no sólo hicieron eje en una inédita fórmula de mujeres, sino que se apoyaron en otras estructuras. De hecho, su amplio triunfo se debió a la diferencia abrumadora en Exactas y también en Económicas e Ingeniería. Perdieron en Humanas y Agronomía y Veterinaria, las dos más grandes. Ahora, las tres facultades “más chicas” fueron las responsables de romper la inercia y abrir una nueva etapa que comenzará el 5 de mayo en el Rectorado.