Opinión | Retenciones | Precios | productores

Retenciones y su impacto en la lucha contra la inflación

De forma desordenada, el Gobierno volvió a plantear la "necesidad" de subir derechos de exportación para frenar la suba de alimentos. Esta vez lo apuntó el Presidente y lo desmintió el ministro Domínguez. ¿Sirven las retenciones para bajar precios?

Está enrarecido el negocio agropecuario y en el medio del barro cada uno intenta llevar agua para su molino. Y muchos cuentan sólo medias verdades, que rápidamente encuentran medias desmentidas a poco de andar.

El mundo tiene hoy un par de argumentos fuertes para sostener los altos precios de los granos y difícilmente desaparezcan en el corto plazo. Más bien, allí hay una coincidencia bastante extendida de que los valores serán altos en los próximos meses, con algunas fluctuaciones naturales. La guerra y una demanda que se muestra más sólida que la oferta por cuestiones climáticas, son dos columnas que sostienen las pizarras de Chicago.

La primera parece lejos de solucionarse o desaparecer; y aún pensando en que mañana el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania se termine, las consecuencias para la producción agrícola mundial seguirán un buen tiempo. Los daños en los medios de producción, en la logística y en los puertos, son apenas un puñado de razones para imaginar que llevará un largo tiempo reconstruir Ucrania y volver a ponerla en el lugar en que estaba antes del 24 de febrero. Vale recordar que es un actor central en la oferta de trigo y girasol y desde ahí es que se da el arrastre no sólo del precio de esos dos granos sino de otros como maíz y soja.

El Gobierno está encerrado entre que quiere combatir la inflación con más retenciones y la necesidad de que el agro genere cada vez más dólares.

Esa escalada de las commodities no es gratis. El mundo hoy paga alimentos más caros y el temor por una situación social más inestable en los países periféricos es cada vez más una realidad.

En medio de ese delicado contexto mundial, la Argentina tiene una oportunidad, porque no es de los que tienen que comprar alimentos caros, sino de los que venden. Pero esa primera definición no deja de generar controversias. El Gobierno está encerrado entre que quiere combatir la inflación desacoplando precios internacionales del mercado interno mediante las retenciones y la necesidad de que el agro genere cada vez más dólares para estabilizar la economía, que viene en zona de fuerte turbulencia.

No es fácil resolver la ecuación. Y más cuando hay tanta contradicción entre los funcionarios. Algunos quieren que las retenciones al trigo, hoy en el 12%, lleguen al 25% justo cuando los productores están a punto de sembrar; y otros que insisten con no hacer más ruido para que haya más hectáreas sembradas y así se genere un piso alto de ingreso de divisas.

Las estimaciones de siembra de cultivos de invierno muestan que los productores ocuparán menos hectáreas con trigo, aún cuando hay precios récord.

El Gobierno debería primero ponerse de acuerdo sobre qué quiere hacer. Porque las contradicciones provocan parálisis. Los primeros datos sobre estimaciones de área de trigo para la próxima campaña están por debajo de la superficie del año pasado. Es decir, los productores van a sembrar menos trigo que en la campaña previa por un cúmulo de razones, entre ellas la incertidumbre que genera la política agropecuaria de la que opinan desde el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, hasta el secretario de Comercio Interior, Roberto Feletti; el ministro de Economía, Martín Guzmán; el presidente Alberto Fernández; el titular de la bancada del oficialismo en Diputados, entre otros representantes del Frente de Todos. Y no está mal que eso ocurra, lo que sí está mal es que todos dicen algo distinto al mismo tiempo.

A esa situación se suma el aspecto climático como factor central para que los productores de amplias zonas del país decidan no sembrar trigo y conservar la escasa humedad en el perfil pensando en la gruesa. Y también se suma el costo de los insumos, con inflación en dólar blue. Eso quiere decir que no sólo están ajustados al precio del dólar informal, sino que incluso se ubican por arriba de este en su evolución. Eso hace que los incentivos que dan los precios de los granos se diluyan en parte por los costos. De todos modos, en gran parte del país la ecuación sigue siendo positiva. ¿Pero si suben las retenciones?

Ante ese temor, los mismos relevamientos de superficie a sembrar muestran que la cebada empieza a ser una alternativa en crecimiento en el país. Así, esquivan las retenciones y capturan un precio también interesante. Esto no deja de ser perjudicial para el Gobierno: tanto que muchos productores decidan no sembrar, o apostar por otra alternativa diferente, termina con el resultado de menos hectáreas de trigo en el país. Y es lo que está pasando. Y cuanto menos trigo haya más tensión habrá en el mercado y menor saldo exportable: menos dólares para la economía. Eso es clave. Todo el armado que pueda pergeñar Guzmán tiene como pata débil la escasez de divisas. Ante eso, todo tambalea.

Hoy la Argentina tiene un problema grave y en escalada como es la inflación que pega fuerte en los sectores medios y bajos. Y los derivados del trigo o del maíz son apenas un puñado de precios en el conjunto de la economía. Igual, la incidencia de esos granos en los productos finales no supera el 20% y eso hace que las medidas sobre esa materia prima tengan limitado impacto en las góndolas al tiempo que desalientan la producción y la generación de dólares. El mensaje desordenado del Gobierno frente a las retenciones no contribuye así a desacoplar precios como se repite. De hecho hay desacople por doble vía: retenciones y desdoblamiento cambiario, y aún así los resultados son cada vez peores. Insistir con profundizar lo que no funciona no parece un camino alentador.

Además, se siguen gastanto energías en medidas pequeñas y parciales y se demoran acciones integrales y sistémicas que generen expectativas de una batalla verdadera contra la inflación.

Gonzalo Dal Bianco. Redacción Puntal