En julio de 1970, médicos de la ciudad utilizaron por primera vez una bomba corazón-pulmón artificial que reemplazó el trabajo del corazón (lo paró) de una niña de 10 años durante alrededor de media hora, mientras se le suturó la perforación ventricular (soplo) que padecía de manera congénita. Fue, sin dudas, un hito que marcó el inicio de la cirugía cardiovascular en Río Cuarto.
Para dimensionar el hecho es necesario tener en cuenta que, hace 50 años, la ciudad tenía alrededor de 75 mil habitantes, menos de la mitad de los que tiene en la actualidad. No obstante eso, fue una de las primeras localidades del interior del país en desarrollar la práctica.
La trascendencia de la intervención, que duró casi 3 horas, fue de tal magnitud que distintos especialistas siguieron el procedimiento por medio de un circuito cerrado de televisión.
Los profesionales que participaron fueron los doctores Juan Carlos Suizer, quien trajo el equipamiento desde Córdoba capital, Francisco Amuchástegui y Roberto Cagnolatti.
Puntal reunió al hijo de Amuchástegui, Guillermo (que es cardiólogo como su padre), y a Cagnolatti, quienes recordaron la importancia de la operación que tuvo lugar en la Clínica Regional del Sud el viernes 31 de julio de 1970.
“Fue un procedimiento trascendental porque se implementó la circulación extracorpórea. Es decir, se detuvo el corazón de la niña y su sangre no oxigenada se pasó por la bomba para ser oxigenada. Una vez cumplido ese proceso, la sangre volvió a ingresar al cuerpo de la paciente. Si bien hoy hay muchas técnicas, en aquel momento se marcó el inicio de la cirugía cardiovascular en Río Cuarto”, sostuvo Guillermo Amuchástegui.
-¿Cuál era el problema de la niña?
Amuchástegui: Fue una cirugía de una cardiopatía congénita. Algunos niños nacían con un soplo y eso se tenía que solucionar. En este caso, a la chiquita se la operó de una comunicación interventricular, que es un huequito entre el ventrículo derecho y el izquierdo. Entonces, se le abrió el corazón y se le hizo una sutura. En ese momento, mi papá (Francisco Amuchástegui) era el jefe del servicio de cardiología y el doctor Roberto Cagnolatti se ocupada de la recuperación cardiovascular. En tanto, Suizer era de Córdoba y venía a atender a la ciudad. Él fue el que trajo la bomba. Ellos se quedaban a dormir en la clínica. Llegaban a quedarse dos días seguidos para cuidar a los pacientes.
-¿Qué sucedía con los pacientes que tenían este problema hasta el momento en el que se empezó a utilizar la bomba en Río Cuarto?
Amuchástegui: Se derivaban a otros centros del país que lo hacían. En algunos casos no se podía hacer nada y los pacientes vivían hasta una determinada edad. El que nacía con una cardiopatía congénita vivía, probablemente, hasta los 40 años. Por eso, la cirugía de hace 50 años fue un orgullo para los médicos, la clínica y la ciudad.
-¿Se siguió empleando el método después del primer caso en Río Cuarto?
Amuchástegui: Sí, se siguió usando mucho. Hay muchas personas que tienen alrededor de 60 años que fueron operadas como la niña de la que hemos hablado. Mi papá siempre hacía alusión al caso. Después, por las crisis propias de la Argentina, se discontinuó y se volvió a retomar. A los médicos de afuera les interesaba venir a la ciudad e implementar métodos nuevos. Asimismo, los profesionales de entonces decían: “Lo tenemos que hacer acá”, era todo un desafío. Este tipo de procedimientos se implementaron por primera vez en la década de 1950 en Estados Unidos y, unos 15 años después, se empezaron a hacer en Río Cuarto, todo un avance para la época.
Una epopeya
El doctor Roberto Cagnolatti, por su parte, señaló que lo sucedido hace 50 años en Río Cuarto fue una epopeya y destacó a sus colegas Francisco Amuchástegui y Juan Carlos Suizer.
“La operación y el uso de la bomba se hizo en una época en la que nos vimos empujados científicamente por la figura de René Favaloro. Fue una epopeya. Había que estar en una sala quirúrgica con una criatura de 10 años y pararle el corazón para curarla. Afortunadamente, la niña quedó muy bien y siguió adelante con su vida”, dijo Cagnolatti.
“El doctor Suizer venía a Río Cuarto en su auto particular. Tenía un Ford Fairlane y traía la máquina en un carrito conectado a su vehículo. Una vez que llegaba, había que bajar el equipo y montarlo para ponerlo en funcionamiento acá y hacer las cirugías. Por eso hablo de epopeya”, añadió Cagnolatti.
-¿Cómo lo vivieron ustedes en aquel momento?
Cagnolatti: Con procedimientos nuevos y no del todo conocidos siempre hay angustia y cierta inseguridad porque algo puede fallar o se puede escapar algún detalle. Nosotros recibíamos a un doctor de Córdoba que tenía mucho prestigio para hacer una operación extraña en aquel tiempo, pero todo salió bien.
-Evidentemente, tenían pasión por lo que hacían…
Cagnolatti: Sí, se armaba todo con gran pasión. Había muchas ganas de progresar. Fue uno de los hechos que dignificaron a la ciudad y a sus médicos.

