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Río Cuarto, cada vez con más deuda y menos inversión

El pasivo tuvo un crecimiento constante: pasó del 3,42 por ciento en 2012 a más del 17 por ciento de los ingresos totales de la Municipalidad. Como contracara, la obra pública bajó a la mitad en ese lapso

Río Cuarto cada vez se endeuda más pero con esos fondos no hace obras sino que los destina a gastos corrientes. Invierte poco y nada y lo que obtiene a través de la toma de pasivos se esfuma en sueldos, pagos de servicios, funcionamiento diario.



Esa es una de las principales conclusiones de un trabajo que hizo la Fundación 2030 y que abarca un período que arranca en 2012 y llega hasta 2016. Es decir, incluye a la última gestión del radicalismo y toma los primeros seis meses del mandato de Juan Manuel Llamosas.



En ese período, el peso de la deuda fue intensificándose. En 2012, la carga del pasivo representaba solamente el 3,42 por ciento de los ingresos totales. Desde entonces, ese porcentaje no paró de crecer. Pasó al 4,05 por ciento en 2013, saltó al 7,12 por ciento en 2014, al 8,03 en 2015 y marcó el récord del 17,52 por ciento durante el 2016.



Es decir, de los recursos que maneja la Municipalidad, más de 17 de cada 100 pesos corresponden a la deuda. Cuatro años antes eran apenas 3 pesos.



El trabajo fue realizado por Gastón Chiesa, titular de la Fundación 2030, y por el licenciado Matías Scasso.



En el mismo período, los recursos propios del Municipio cayeron del 64,6 al 54,1 por ciento del total.



En el caso de las transferencias, es decir los recursos que llegan como aportes desde los gobiernos nacional y provincial, en el 2016 hubo un cambio de tendencia: pasaron de representar el 6,69 por ciento del total de ingresos al 12,29. Esto refleja el alineamiento del gobierno municipal de Juan Manuel Llamosas con la gestión de Juan Schiaretti; por primera vez desde 2004 las dos administraciones tienen el mismo signo político.



Como consecuencia directa de la mayor participación de la deuda en los ingresos municipales, también cada vez va incrementándose más ese componente en los egresos. Así, mientras en el 2012 los servicios de la deuda se llevaban el 8,77 por ciento de los gastos, en el 2016 esa cifra se ubicó en el 12,67 por ciento.



“La estructura del gasto municipal permanece estable durante el período analizado, con valores mayoritarios en gastos corrientes y servicios de la deuda pública en constante crecimiento”, se lee en el trabajo.



La contracara del análisis de peso de la deuda es en qué gasta la Municipalidad los recursos de que dispone. Un dato especialmente preocupante es que hay una profunda caída de los gastos de capital, es decir de las inversiones en infraestructura o en maquinaria. Esto indica que no existe un acompañamiento del crecimiento de la ciudad ni una previsión sobre el desarrollo futuro.



En 2012, el 7,46 por ciento de los gastos totales de la Municipalidad se destinaba a inversión en capital. Desde entonces, ha sufrido una merma constante.



Un año después, el porcentaje había caído al 6,51 por ciento, al 5,27 por ciento en el 2014, al 4,55 por ciento en 2015 y en el 2016 el Municipio registró el menor porcentaje de inversión de los últimos años: apenas el 3,83 por ciento de los egresos tuvo ese destino.



A partir de esos datos, la Fundación 2030 elaboró un semáforo con los aspectos positivos y negativos. En rojo puso los servicios de la deuda en constante crecimiento, la inversión de capital en caída  y la inexistencia de un presupuesto plurianual. En amarillo quedaron los gastos corrientes en relación a los gastos totales y la magnitud de las transferencias a las fundaciones, que cada vez es mayor. En verde, está el crecimiento de los fondos que están llegando desde la Nación o la Provincia.



“Los crecientes niveles de endeudamiento comprometieron los gastos de varios años por el pago de servicios de deuda y su asignación no fue direccionada a inversión pública sino a gastos corrientes. Las inversiones en capital y en obra pública se desplomaron”, concluye el informe.