Río Cuarto |

“Me hago cargo de todo” Coco Mercado confesó que iba fuera de control en la ruta y pidió perdón

Después de casi 8 años, el dirigente de Surrbac estuvo cara a cara con dos de las víctimas y pidió disculpas por su negligencia al volante. Fue en el inicio del juicio por homicidio culposo. Ahora la Justicia debe decidir si le aplica una pena condicional o va a la cárcel

Es la madrugada del 26 de agosto de 2011 y, sin sospecharlo, Héctor Manzano conduce una camioneta Fiat Iveco que va directo a la tragedia. 

Manzano, un excamionero experimentado, lleva el coche cargado de viguetas y hierros para la construcción. Salió de un corralón de Río Cuarto por la ruta 8 rumbo a la localidad puntana de Anchorena. Va a 70, a lo sumo, a 80 kilómetros por hora como de costumbre cuando viaja con sobrepeso. Como de costumbre también lo acompaña Pedro Fredes, un viejo amigo, un hombre de 60 años que siempre se ofrece a ir con él, para no aburrirse, para darle charla.

En eso están los dos, en hacer chanzas, cuando pasan por el cementerio y crematorio de Santa Catalina: “Mirá, estos parecen que están de asado”, lo chucea Fredes y se ríen con ganas. Pero la risa se les congela en un rictus cuando salen a la siguiente curva y ven las luces enloquecidas que se les abalanzan, haciendo zigzag.

-¡Mirá, estos hijos de puta! -Alcanza a advertirle Fredes-, cuando ve que la Ford Ranger se les viene encima, bamboléandose de una punta a la otra de la ruta.

Manzano ve venir lo peor y se lo dice a su amigo. Es la despedida que quedará clavada como esquirla en su memoria: “¡Sonamos, compañero!”.

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Pedro Roque Fredes murió en el acto. Tenía el cuerpo atravesado por los fierros cuando los bomberos lo sacaron de la Fiat Iveco. Manzano quedó entrampado en el habitáculo del conductor. Para tranquilizarlo, los bomberos le decían que su amigo estaba bien, que lo que importaba ahora era poder liberarlo a él entre las chapas aplastadas.

“Si hubiera sabido que Pedro se había muerto...Si en vez de quedar herido hubiera podido caminar, no se lo que hubiera hecho”, dice ahora Manzano mirando a los ojos de Jorge Alejandro Mercado, el hombre corpulento y de pelo rapado sentado en el banquillo de los acusados de la Cámara Primera del Crimen, de Tribunales.

La voz de Manzano es serena. No hay odio en la mirada ni en el tono de voz, más bien resignación y un dolor que no se va ni siquiera ocho años después del peor día de su vida. 

El hombre manso, de largos cabellos canosos, no duda un segundo en aceptar las disculpas de Mercado.  “Si me hubieras pedido disculpas al día siguiente en el hospital, también te las aceptaba”, le respondió el testigo.



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Desde el jueves, “Coco” Mercado -como lo llaman sus conocidos- está siendo juzgado por la muerte de Fredes y por las graves lesiones que su conducción imprudente les provocó a Manzano y a su propio amigo, Claudio Altamirano, el hombre que lo acompañaba cuando salieron en la Ford Ranger negra de Gamsur, con rumbo a Sampacho.

Si esa noche Mercado estaba o no embriagado sólo lo sabe él. El policía que lo detuvo, el sargento Cremonazzi, dijo que su aliento olía a alcohol cuando lo detuvo en medio de un campo de soja. La pericia oficial dice lo contrario: sugestivamente, el resultado de alcohol en sangre dio negativo.

Lo que ninguna pericia desmiente es que Mercado venía lanzado a toda velocidad, que la Ford Ranger ya había obligado a varios coches a refugiarse en la banquina para esquivarla y que, después de chocar contra el auto que venía de frente, en el tramo entre Holmberg y Las Vertientes, “Coco” Mercado se desabrochó el cinturón y se escapó de la escena.

Ese es el relato que hicieron los testigos, a pocas horas del accidente, y es el hecho por el que el dirigente gremial del Sindicato Único de Recolección de Residuos y Barrido de Córdoba, finalmente, fue citado por la Justicia.

Escoltado por el abogado cordobés, Jorge Sánchez del Bianco, Mercado mostró un cambio de actitud, en el lloviznoso mediodía: después de rehuir una y mil veces el camino al banquillo, tuvo ayer un gesto valorable cuando la secretaria de la Cámara le recordó en detalle el hecho por el que estaba en la sala de juzgamiento.

“Me hago cargo de todo, y lo más importante es que quiero pedirles disculpas a las dos familias, entiendo cómo se pueden sentir. Mi familia también se vio muy perjudicada, sobre todo mi hija. Pido disculpas, nada más”, dijo Mercado.

Tras la confesión, se hizo un silencio de unos segundos en la sala atestada de estudiantes de periodismo. Los jóvenes pertrechados con biromes y libretas cruzaban miradas de incredulidad.  Por primera vez, Mercado ensayaba una expiación.  

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Acto seguido, la jueza Virginia Emma les tomó declaración a los tres testigos principales de la causa: a Manzano, el chofer que hasta el accidente contó que hombreaba bolsas en su flete y ahora está impedido de hacer cualquier trabajo; a Cremonezzi, el primer policía en llegar al lugar del choque y el que salió en búsqueda de Mercado (ver recuadro); y a Claudio Altamirano, la otra víctima que, hasta hoy sufre las secuelas del accidente.

Altamirano, un hombre semicalvo y fornido, fue el único de los tres testigos que nunca antes había declarado. “Nunca me llamaron”, aclaró.

Se presentó frente al tribunal como un amigo y compañero de trabajo de Mercado. Esa noche, la del choque, salieron juntos hacia Sampacho en la camioneta de Gamsur. “Fue una negligencia de nuestra parte haber ido en el coche de la empresa”, aceptó el testigo. 

Dijo que apenas llegaron al baile se separaron porque cada uno se fue a bailar y recién al final de la noche volvieron a verse las caras. “Cuando nos vimos charlamos lo de siempre, cómo nos había ido con las chicas, cosas normales. Yo estaba tomado, él no sé, yo no me di cuenta si tomó o no”, respondió con cautela el testigo, advertido de que estaba pisando terreno espinoso.

Tampoco aportó demasiados detalles sobre el modo en que iba manejando Mercado. “Apenas subí a la camioneta, me puse el cinturón y me quedé dormido. Me desperté con la explosión”, recalcó el operario que sigue trabajando para la empresa de recolección de residuos.

La primera imagen que tiene del momento del impacto es el de los dos airbags que se iban desinflando lentamente. “Vi que él se desabrochó el cinturón y se fue. Yo tenía el cuerpo aprisionado entre el torpedo y el asiento. Escuchaba que la gente nos puteaba”, dijo. 

Julio Rivero, el fiscal, le preguntó por qué:

-Nos decían que íbamos haciendo zigzag, no sé nada porque iba dormido, pero mucha gente decía eso y puteaba. -Insistió Altamirano.

Con el paso de los minutos, empezó a desesperarse: no podía liberarse y sentía que el pecho le había estallado.

Después de esas horas críticas, Altamirano estuvo tres meses en coma farmacológico. Al cabo de ese tiempo despertó y continuó su recuperación que se extendió un año, en su casa para evitar infecciones en la clínica donde lo atendían. 

“Los días de humedad, como hoy, el dolor vuelve y me tira a la cama, pero ya estoy acostumbrado”, confió. 

El juicio oral y público seguirá el lunes 6 de mayo. Ese día tomarán testimonios a los últimos testigos y tanto el fiscal como la defensa pronunciarán sus alegatos.

Será un momento decisivo porque Rivero deberá argumentar si a “Coco” Mercado le corresponde o no ir a la cárcel.



Alejandro Fara.  Redacción Puntal