Río Cuarto |

Miralles: “Lo que provocó la muerte de Sol Correa fue un control ilegal de la Policía”

El fiscal y los querellantes coincidieron en que la negligencia e irresponsabilidad de los tres agentes originó el accidente fatal del 5 de mayo de 2013 en la ruta 8 de Holmberg.

Hacía minutos había terminado el superclásico entre Boca y River. Un “superbodrio”, según lo calificaron los especialistas. Fue un uno a uno trabado, marullero, que terminó más tarde de lo previsto,  pasadas las seis de la tarde del domingo 5 de mayo de 2013, a causa de las interrupciones por los alborotos de los hinchas en la Bombonera.

“Partido para el olvido” titularon los diarios al día siguiente. Para Mercedes Murúa esa fecha y ese partido quedarían grabados a fuego: fue la tarde en que la vida de su hija Griselda Soledad Correa -o Sol, como le decían todos- se apagó de la forma más paradójica e inexplicable que ella pueda imaginar: en un control vial que debía garantizar la seguridad de quienes iban por la ruta 8, camino a Holmberg.

“Ese día jugaron Boca y River, y siempre me pregunto: ¿en qué condiciones habrá estado ese policía que salió a las apuradas a hacer el control?”.

La sugestiva frase de Murúa resonó en los pasillos de los tribunales, donde ayer empezaron a juzgar al oficial inspector Orlando Darío Bildoza (41) y a los cabos Cristian Gianini (39) y Facundo Gómez, que justo el día en que fue llevado al banquillo cumplió 36 años.

Todos ellos estaban a cargo del control caminero de Holmberg, en el kilómetro 613 de la ruta 8, cuando Sol fue aplastada por el acoplado de un camión que no logró detenerse a tiempo en el puesto de control. 

Igual que el camionero, los policías quedaron acusados de homicidio culposo por la muerte de Soledad Correa y lesiones graves culposas por la fractura de tibia y peroné que sufrió el novio de Sol, Enzo Grabriel Moreira.

Además, Bildoza, Gómez y Gianini deberán responder por el delito de incumplimiento de los deberes del funcionario público porque, según la acusación, el puesto estaba asentado en uno de los sectores expresamente prohibidos por leyes provinciales y nacionales (a la salida de una curva), y porque el control que se montó al caer la tarde no habría respetado las mínimas medidas para evitar lo que finalmente acaeció: que el camión que conducía el chofer de Las Vertientes, José Alberto Mores, arrollara la moto Honda Wave en la que iban Moreira y su novia.

Advertencia para uno

Previsto para las diez de la mañana, el juicio con jurados populares arrancó con una hora y media de tardanza en la Cámara Segunda del Crimen porque uno de los tres acusados, Gianini, no aparecía por la sala de juzgamiento.

El presidente del tribunal, Emilio Andruet, se lo hizo notar con tono de pocos amigos: “Si arrancamos a esta hora es por culpa suya, si mañana no se presenta a horario, lo mando a buscar con la fuerza pública, ¿me entendió?”, lo reprendió el magistrado.

Ninguno de los uniformados optó por declarar ayer. Se abstuvieron y se remitieron a lo que ya habían declarado en la Fiscalía de Primer Turno (ver “Para los policías el único culpable...”).

Por eso, después de que la secretaria de la cámara les leyera el hecho por el que estaban en el banquillo, el juez permitió que el fiscal de Cámara, Daniel Miralles, los querellantes Fernando Magoia (por la madre de Sol) y Pablo Ottaviani (por el padre), y los defensores José Abrile, Osvaldo Narcisi y Luciana Casas se dirigieran al jurado popular y les explicaran qué función cumplirían en el juicio.

La ocasión no fue desaprovechada por ninguno de ellos. Más que una breve presentación, lo que cada uno hizo fue adelantar sus posturas y, con astucia, tratar de convencer a los ciudadanos comunes.

Daniel Miralles, el fiscal de Cámara encargado de sostener la acusación, fue el que más se explayó.

Sin quitar la vista de los jurados populares, reseñó paso a paso la fatídica tarde. Puso el acento en lo que los agentes omitieron hacer, pero también en aquello en lo que -a su criterio- se extralimitaron.

“¿Quieren saber por qué estos señores están acá?, por un control de tránsito mal implementado, negligente e ilegal que provocó la muerte de Sol Correa”, arrancó.

Miralles puso el foco en estos puntos críticos:

-Sostuvo que el puesto caminero más antiguo de la provincia está enclavado en una zona ilegal, pues recordó que la ley prohibe que funcionen en subidas o bajadas, en zonas de puentes o a la salida de una curva, como es el caso del control de Holmberg.

-Dijo que el operativo que se montó a las 19.30 del 5 de mayo de 2013 no respetó las medidas de seguridad (“sólo tenía un cono sobre la ruta, en lugar de demarcar una zona de varios metros para advertir a los automovilistas”).

-Remarcó que uno de los policías salió “a pasos agigantados” hacia la ruta para detener de apuro a los motociclistas que venían con todas las medidas de seguridad en regla: llevaban prendida la luz, iban a baja velocidad y tanto Moreira como Correa tenían puestos sus cascos.

-Por último, señaló que la moto se detuvo en el acto, pero el camionero que circulaba detrás de ellos venía a mayor velocidad que la aceptada en ese tramo y su accionar “imprudente y negligente” lo llevó a tratar de tirarse a la banquina para evitar chocarlos.

Pero no lo logró. Al virar el camión, con una carga de 30 mil kilos, el acoplado perdió la estabilidad y terminó impactando a los jóvenes.

El abogado de la madre de Sol, Fernando Magoia, fue categórico: “Represento a Mercedes Murúa      -dijo-, una madre que perdió de una manera inesperada e injusta a su hija. Para esta querella surge con claridad que esta absurda e inexplicable muerte se debió al accionar negligente y antirreglamentario de quienes debían velar por la seguridad de las personas”.

Sentado frente a él, José Abrile, uno de los defensores, lo frenó y le pidió al juez que le llamara la atención.

-Este no es el momento de alegar, sino de presentar el caso. -Le recordó a viva voz.

Sin embargo, Magoia se dio un tiempo más para señalar que lo que pasó en la Caminera de Holmberg fue una “trampa mortal” y señaló especialmente al cabo Bildoza por salir de apuro con una vara lumínica y frenar de golpe a los motociclistas, sin calibrar el peligro que representaba el camión que venía detrás de ellos.

Mercedes Murúa está convencida de que los tres policías fueron responsables, pero dijo que si hay uno que indefectiblemente debe ser condenado, ese es Bildoza.

Sentado en las primeras butacas de la sala había un hombre de unos sesenta años y con un auricular en la oreja, a quien pocos reconocían: se trataba de José Florenciano Correa, el padre de Sol, que durante todo el proceso mantuvo un bajísimo perfil.

Ayer, tampoco aceptó hablar a la prensa (“les pido disculpas, pero no voy a hacer declaraciones”, se excusó).

Quien sí habló en su nombre fue otro de los querellantes, Pablo Ottaviani, que se preocupó en aclarar que en el juicio que podría concluir hoy con los alegatos y el veredicto se cometieron dos delitos en dos momentos diferentes.

“Aunque en la acusación pareciera que se dio todo junto, a mi criterio uno de los delitos -el incumplimiento de los deberes del funcionario público- venía cometiéndose mucho antes del accidente, porque está más que probado que este control vehicular incumplía hasta el propio reglamento de la Policía Caminera”, remarcó.

En la otra vereda, los defensores tampoco perdieron la ocasión de dejar sentada su postura diametralmente opuesta. 

“En este juicio vamos a probar que estos policías no incumplieron ninguna norma, es más, se limitaron a cumplir las directivas de sus superiores”.

Abrile remarcó que para que exista un homicidio culposo debe haber un “aporte esencial” que lo provoque. “Y ese aporte esencial lo dio una persona que hoy no está aquí entre los acusados, me refiero al camionero José Alberto Mores. Está demostrado que fue él quien provocó este accidente, por eso adelantamos que vamos a pedir la absolución de los acusados”, recalcó.

A su lado, Osvaldo Narcisi, coincidió: “Acá no está el verdadero culpable, el camionero”, dijo y justificó a los policías afirmando que ellos hicieron el control porque “cumplieron órdenes que les impartieron sus superiores, que en este proceso siempre brillaron por su ausencia”.

Por último, la asesora letrada Luciana Casas, que defiende a Gianini, subrayó que su cliente no estuvo en la escena del hecho. “Estaba buscando en el patrullero un aparato para hacer multas cuando se produjo el accidente”, afirmó.

Durante la jornada inicial, desfiló el grueso de los testigos: el novio de Sol, policías y testigos que estuvieron cerca del lugar del impacto fatal. Si el tribunal da por cerrada las pruebas, hoy podrían alegar y, en horas de la tarde, se conocería el veredicto.



Alejandro Fara. Redacción Puntal

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