Es el mediodía del martes y dos años después del espantoso crimen de la joven de Adelia María Camila Carletti, llegó la hora de hacer justicia.
Con el cabello rapado a los costados, un pantalón negro tipo chupín y una camisa al tono a lunares blancos, el peón correntino de 30 años se sienta dócil en el banquillo y clava la vista al piso.
No va a declarar sobre el hecho, avisa su abogada -la asesora letrada Ivana Niesutta-, pero Villar hablará igual porque está obligado por ley a responder sobre sus condiciones personales.
Así, entre los datos biográficos que remiten a una infancia en la que no faltó la violencia en el hogar y el abandono desde chico; entre el paso por tres familias de crianza distintas y hasta por un hogar de menores, Villar mencionará tangencialmente la locura de esa tarde, la del 2 de septiembre de 2016, cuando acabó con la vida de una chica con la que solía mantener relaciones sexuales a cambio de dinero.
“Sé que cometí un error”, dice y se frena de golpe.
Lelia Manavella, una de las juezas de la Cámara Primera del Crimen, pregunta por qué ese día, justo el día en que Villar cumplía años, decidió citarse con otra mujer, cuando su esposa y sus hijos lo esperaban en su casa. En respuesta, Villar balbuceó: “Porque con mi esposa estábamos muy poco tiempo juntos”.
Más allá de estas infidencias, la estrategia del peón es guardar silencio sobre el episodio sucedido en la zona rural de Adelia María, cerca del campo donde Villar trabajaba de sol a sol. Dice que tomen como válida aquella declaración que hizo cuando lo detuvo la Policía.
Esa vez, contó del encuentro sexual, de una demanda de dinero que la víctima iba incrementando a medida que él la hacía esperar en el lugar pactado. Habla de una discusión y una presunta amenaza de Camila de mostrarle a su esposa los mensajes telefónicos si no le pagaba lo que exigía.
Pero cuando se aproxima al punto álgido, a la salvaje conducta que acabó con Carletti degollada y su cuerpo arrojado a un arroyo, en ese instante, la memoria del acusado se nubla.
“De pronto, me encuentro con que tengo en mis manos un cuchillo con sangre, no recuerdo lo que pasó, no recuerdo lo que hice con el cuerpo”, dijo la vez que se explayó sobre el homicidio.
El fiscal de instrucción, en su acusación, completó los datos que el peón dice no recordar: señala que con el cuchillo que solía llevar entre sus ropas le aplicó un golpe letal en el cuello; menciona que cavó un pozo y escondió allí la bicicleta blanca y la ropa de Camila, y luego cubrió esas evidencias con basura.
A la narración del homicidio de Carletti, ahora el tribunal le anexó que eso sucedió “en un contexto de violencia de género”.
Esa frase puede inclinar la balanza del juicio por jurado popular -que continúa hoy con rueda de testigos- y abre la puerta a una condena a perpetua.
Alejandro Fara. Redacción Puntal