Ricardo Araujo (50), la mano derecha del Francés, era uno de los testimonios más esperados de uno y de otro lado de la moneda en el juicio a Marcelo Macarrón.
Para el fiscal porque podría darle letra para avanzar contra el vocero del viudo, Daniel Lacase, y para la defensa, porque buscaría por todos los medios desmontar la coartada que coloca a Miguel Rohrer en Buenos Aires, cuando asesinaron a Nora Dalmasso.
El testigo se mostró parco pero al menos respondió cuando las preguntas provenían del fiscal Julio Rivero. Contó que la víspera del crimen de la Villa Golf y el sábado 25 de noviembre de 2006 estuvo en Buenos Aires, donde había viajado con su esposa.
Confió que el viernes compartió un encuentro de negocios con su jefe Miguel Rohrer en la estancia Ellerstina, donde concurrieron otros productores agropecuarios con la idea de desarrollar un proyecto de explotación agrícola en la localidad de Tartagal, en Salta.
Dijo que en ese sitio de las afueras de Buenos Aires estuvo desde el mediodía del viernes hasta entrada la tardecita, aunque no pudo precisar si Rohrer se retiró antes o después que él.
“Al día siguiente fuimos con mi señora a la casa de Rohrer a comer un asado y el lunes nos volvimos de Buenos Aires y fuimos al velorio de Nora”, afirmó.
Uno de los tramos centrales de su testimonio fue cuando recordó que el abogado Daniel Lacase lo llamó por teléfono con tono preocupado por las versiones que dejaban a Rohrer en el centro de las sospechas.
“Me dijo que al día siguiente Rohrer iba a salir en la tapa de todos los diarios del país y me pidió que le hiciera una lista con todas las personas que estuvimos con él en Buenos Aires. Al día siguiente le dejé un escrito con todos los nombres y teléfonos de esas personas”, comentó.
Araujo aludió luego a otro llamado de Lacase que, según dijo, marcaría un drástico quiebre en la amistad que unía a Rohrer con el vocero de Macarrón.
“Llamó a mi casa para decirme que le preguntara a Michel si estaba dispuesto a poner una suma de dinero que ahora no me acuerdo, para así limpiar su nombre y mejorar la situación en la que estaba involucrado”, comentó el testigo.
Cuando el fiscal le pidió que precisara con detalles el momento en que se produjo semejante comunicación, Araujo respondió con desparpajo:
-Esa se la voy a deber. Pero calcule que fue entre 5, 6 o 7 meses después de que yo declarara en la Justicia.
La declaración de Araujo en Tribunales se produjo el 16 de enero de 2007.
El fiscal ya tenía en su haber el dato que le serviría para, al final de la jornada, pedir que se remitan los antecedentes de la declaración de Araujo a una fiscalía para que investigue ese episodio.
Sobre el tenso intercambio telefónico con Lacase, Araujo dijo algo más. Contó que le trasladó la inquietud de Lacase a Valeria, la esposa de Roher, quien se molestó mucho con la propuesta y le respondió que “de ninguna manera” iba a aceptar algo así.
Araujo había llegado frente al tribunal con paso confiado, vestido con jeans, camisa leñadora y un suéter gris anudado en los hombros. Con el paso de las horas, y el desgastante interrogatorio al que lo sometería luego la defensa de Macarrón, su figura quedó magullada.
Las preguntas de Brito estuvieron orientadas hacia la situación económica del testigo: sus ingresos, cuándo y cómo había comprado su propiedad en Villa Golf, si era parte de alguna sociedad, qué vehículo tenía en el momento del crimen, y detalles sobre un viaje a Estados Unidos que Araujo hizo junto con su familia.
Como si hubiese entrado en una laguna mental, Araujo recurrió a la misma respuesta una y otra vez. “No recuerdo, no recuerdo, no recuerdo...”, fue el lacónico latiguillo con el que se desembarazaba de las interminables preguntas de Brito.
Poniendo a prueba la resistencia de los jueces, pero sobre todo la de los jurados populares que seguían con rostro de circunstancia la esgrima verbal entre el veterano letrado y el testigo huidizo, la defensa prolongó el interrogatorio hasta lo indecible sin conseguir alguna respuesta que le sirviera para su estrategia: la de trasladarle el peso de la acusación a Miguel Rohrer. Por eso, ya avanzada la tarde del miércoles Brito se decantó por pedir el falso testimonio de Araujo.
Alejandro Fara. Especial para Puntal

