Con la llegada de Rubén Darío "Yagui" Forestello al frente del plantel profesional, el León del Imperio puso en marcha una pretemporada que no admite medias tintas: hay que salvar la categoría, y el reloj ya está corriendo. La imagen fue elocuente. El nuevo cuerpo técnico en el campo, los jugadores entrenando con una intensidad que las semanas oscuras del Apertura parecían haber apagado, y desde las redes sociales del club un mensaje que sintetizó el espíritu del nuevo ciclo como pocas palabras podrían hacerlo: "Trabajo, disciplina y la convicción de que el esfuerzo de hoy es la gloria del mañana." Pocas frases, mucho peso. Porque el contexto exige exactamente eso.
El Torneo Apertura 2026 fue, sin rodeos, el semestre más doloroso de la breve historia del León en el fútbol de Primera División. Un solo triunfo en dieciséis presentaciones, dos empates que supieron a poco, trece derrotas que se fueron acumulando como piedras en el pecho, apenas cinco goles a favor y veinticuatro en contra. Cinco puntos. El último lugar de la zona, el último lugar de la tabla anual y el último lugar en los promedios. Una radiografía que duele al leerla y que duele más al recordarla. Iván Delfino, el artífice del ascenso histórico que conmovió a toda la ciudad, no pudo encontrar el código de la Primera Nacional y debió ser apartado. Gerardo Acuña tomó el mando de manera interina, peleó con uñas y dientes, pero solo pudo arrancarle un punto al torneo en siete partidos. El barco pedía un timonel de otra dimensión.
Forestello: experiencia, templanza y hambre de revancha
La dirigencia no se demoró. Con la urgencia que marca tener un Clausura para jugársela todo, el club del sur tendió la mano hacia un entrenador que acumula dos décadas en los bancos del fútbol argentino y más de quinientos partidos dirigidos. Rubén Darío Forestello, firmó y apareció en Río Cuarto con la calma del que ya vio de todo y la determinación del que todavía tiene mucho para demostrar.
Su historia como técnico tiene la forma de una parábola. Empezó conduciendo a El Porvenir en la Primera B Metropolitana con resultados que no acompañaron, atravesó años en los que los triunfos se hacían esperar, y supo lo que es tocar fondo antes de renacer. El resurgimiento llegó cuando nadie esperaba demasiado de él: en 2023 agarró Gimnasia y Tiro de Salta en el Federal A, se convirtió en campeón del torneo y llevó al equipo salteño hasta el reducido por el ascenso a la temporada siguiente. Ese ciclo lo relanzó. Luego vino Temperley, donde también metió al club en el playoff de ascenso, y más recientemente un paso breve por Patronato que no terminó como esperaba. El Yagui viene con deudas propias que saldar y con las ganas intactas de quien sabe que puede más. A sus 55 años, Forestello llega al club celeste con algo que en este momento vale más que cualquier promesa de fichaje: experiencia para gestionar la presión, criterio para ordenar un plantel que necesita ser reconstituido y la capacidad de hacer rendir al máximo los recursos disponibles. Porque el margen de error en el Clausura es inexistente.
El cuerpo técnico que lo acompañará en esta travesía quedó definido con claridad: Marcelo Bangert como ayudante de campo, Alejandro Meloño en el rol de asistente técnico, Leandro Ardengui y Juan Nahas a cargo de la preparación física, y Bautista Morales como analista de video. Un equipo de trabajo que llega con la misión clara de poner en forma y en funcionamiento a un plantel que deberá rendir desde el primer partido. La semana será de intenso trabajo hasta el sábado por la mañana.