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Occidente acusó a Rusia de cometer crímenes de guerra en Ucrania

Se expresaron denuncias por parte de varias potencias. A su vez, se conoció servicios de rescate de Mariupol desbordados

La ciudad ucraniana de Mariupol volvió a concentrar hoy la atención por el colapso de los servicios de rescate, que quedaron en evidencia por la sobrevida de solo 130 personas de las 1.300 que se habían refugiado en un teatro que fue bombardeado, lo que renovó las acusaciones contra Rusia por cometer crímenes de guerra, a la vez que Estados Unidos volvió a advertir a China por su rol en el conflicto.

"No hay operación de rescate porque todos los servicios que se supone que son para rescatar a las personas, para tratarlas, para enterrarlas, esos servicios ya no existen", expresó diputado ucraniano Serguei Taruta, sobre Mariupol, en la televisión local.

El legislador, quien fue gobernador de la provincia de Donetsk, donde se encuentra Mariupol, agregó que creía que 1.300 personas estaban en el edificio al momento del ataque y que 130 fueron rescatadas.

"La gente está haciendo todo por sí misma. Mis amigos fueron a ayudar, pero debido a los constantes bombardeos no era seguro. La gente está limpiando los escombros", detalló Taruta.

Más temprano, sin más detalle, el legislador informaba en su cuenta de Facebook que el refugió había resistido al bombardeo.

En paralelo, la municipalidad local informó esta tarde que aún desconocía el balance del bombardeo del teatro y que estaba "averiguando informaciones sobre las víctimas".

"Ayer y hoy, pese a los tiros incesantes, la retirada de escombros y las operaciones de salvamento continúan en la medida de lo posible", explicó Vadim Boychenko, el alcalde de Mariupol, en un mensaje en Telegram, según la agencia de noticias AFP.

También precisó que "alrededor de 30.000 personas se fueron en su propio medio de transporte" y "el 80% de las viviendas de la ciudad fue destruido". Reveló además que otras 350.000 personas "continúan escondiéndose en refugios y sótanos".

De acuerdo con las autoridades locales, los aviones rusos lanzan cada día, en promedio, "de 50 a 100 bombas" sobre la ciudad.

Ayer, el Ministerio de Defensa de Rusia desmintió haber bombardeado el teatro y acusó de la explosión al batallón nacionalista ucraniano Azov, a quien ya había imputado un bombardeo contra una clínica de maternidad de Mariupol la semana pasada.

En medio de la angustia, el alivio llegó con el acuerdo entre los dos países en conflicto para la apertura de nueve rutas de evacuación de ciudades ucranianas sitiadas o escenario de combates, incluyendo a Mariupol misma.

En 22 días de guerra, Kiev y Moscú ya acordaron varias veces la apertura de rutas de evacuación llamadas "corredores humanitarios", para permitir la salida de civiles atrapados en las ciudades atacadas y el ingreso a ellas de ayuda humanitaria, aunque no siempre funcionaron.

El conflicto sumó hoy a un nuevo actor, porque el presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko, denunció el lanzamiento de varios misiles tácticos Tochka-U desde territorio ucraniano hacia Bielorrusia.

"En la última semana lanzaron como mínimo dos misiles hacia el territorio bielorruso. Afortunadamente, logramos derribarlos", afirmó el mandatario en una entrevista con la cadena de televisión japonesa TBS.

"¿Qué es esto? ¿Quieren bombardear Bielorrusia con un misil?", se preguntó Lukashenko, antes de plantear la posibilidad de que "buscan incitarnos para que empecemos a responder", informó la agencia de noticias estatal bielorrusia Belta.

La invasión rusa, además, volvió a tensar los cruces de declaraciones entre China y Estados Unidos, porque el Ministerio de Relaciones Exteriores chino rechazó hoy en términos enérgicos los comentarios del secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, sobre la postura de Beijing, a la que endilgó estar "en el lado equivocado de la historia".

El vocero de la Cancillería china, Zhao Lijian, calificó de "irresponsable" a Blinken y agregó que con esa declaración, el secretario de Estado "calumnia y vilipendia a China, dejando al descubierto una mentalidad de la Guerra Fría con su antagonismo de bloques", según informó la agencia rusa de noticias Sputnik.

Pero para mañana está previsto una charla con los actores centrales de esta relación: los presidentes Joe Biden y Xi Jinping tendrán una conversación telefónica con la guerra como tema central.

Por otro lado, Moscú volvió aglutinar hoy denuncias de las potencias y bloques de occidente que, en un tono coincidente, renovaron sus acusaciones de crímenes de guerra cometidos por las tropas rusas.

El jefe de la diplomacia de la Unión Europea (UE), Josep Borell, dijo hoy que Rusia comete "crímenes de guerra" en Ucrania y condenó los constantes "ataques deliberados" de sus fuerzas armadas contra población e infraestructuras civiles ucranianas.

"La UE condena en los términos más enérgicos a las fuerzas armadas rusas y a sus líderes, que siguen atacando a la población civil y las infraestructuras ucranianas", afirmó Borrell en un comunicado.

Un rato antes, Blinken aseguró que los ataques contra civiles eran "crímenes de guerra".

"Apuntar intencionalmente contra civiles es un crimen de guerra. Después de toda la destrucción de las últimas semanas, me resulta difícil concluir que los rusos están haciendo lo contrario", acusó Blinken durante una conferencia de prensa.

Y los cancilleres del G7, que reúne a las potencias industrializadas, coincidieron en un documento en que los autores de crímenes de guerra deberán "rendir cuentas" ante la justicia internacional, además de expresar su “satisfacción por el trabajo de investigación y recolección de pruebas que se está llevando a cabo en Ucrania, incluso por el fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI)".

Sin novedades en materia de negociaciones bilaterales, Turquía hizo hoy otro esfuerzo por aparecer como un potencial mediador, con la propuesta del presidente Recep Tayyip Erdogan para que Vladimir Putin y Volodimir Zelenski se reúnan en Ankara o Estambul, iniciativa que le transmitió al ruso vía telefónica.

El canciller ucraniano, Dmytro Kuleba, pareció darle un empujón a la aspiración turca, al pedir que Ankara sea "uno de los garantes" de un eventual acuerdo con Rusia.