El caricaturista e ilustrador uruguayo Hermenegildo "Menchi" Sábat falleció a los 85 años mientras dormía, informó Clarín, medio en el que el también artista plástico trabajaba desde 1973.
Nacido en Montevideo en 1933, el artista estaba casado con Blanca, con quien tuvo dos hijos, Alfredo y Rafael.
Desde los quince años Sábat se dedicaba al periodismo gráfico, primero en Montevideo, donde fue fotógrafo y redactor del diario El País, hasta que decidió volcarse definitivamente a las artes plásticas, sobre todo el dibujo, especializándose en el retrato y la caricatura de hombres políticos.
Llegó a la Argentina en 1966 (se nacionalizó en 1980) y fue caricaturista del diario La Opinión y la revista Primera Plana, hasta que en 1973 se incorporó a la redacción de Clarín, donde era considerado por todos como "un maestro".
Sus caricaturas políticas se hicieron célebres desde la época de la última dictadura militar, cuando a pesar de las prohibiciones dibujó al presidente de facto Jorge Rafael Videla.
"Fue el primer dibujo y abrió un camino de expresión. Yo miro las cosas que hice en esa época y pienso que es casi un milagro estar vivo", dijo Sábat en una entrevista el año pasado.
No hubo hombre poderoso a quien no retratara con su irónico trazo: Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa o Néstor Kirchner, entre muchos otros.
Ser retratado por Sábat significaba siempre un homenaje, aunque muchas veces no fueran leídos de esa manera por los retratados.
Molesta por un retrato en medio del conflicto con las retenciones al campo, en abril de 2008, la por entonces presidenta Cristina Fernández lo acusó de "emitir mensajes cuasi mafiosos".
Por su enorme trayectoria, Sábat recibió varios premios y el año pasado fue galardonado con el Kónex de Brillante.
Presidió la Fundación Artes Visuales, que había creado en 1982, para enseñar dibujo, pintura, grabado e ilustración en su taller de Monserrat
Sábat era hijo del dibujante, periodista y escritor Juan Carlos Sábat Pebet y su abuelo fue Hermenegildo Sábat Lleó, nacido en España, donde se dedicó a la pintura y fue un popular caricaturista.
Sábat según Jericles
Es parte de esa plaga de uruguayos (como Julio Sosa, Víctor Hugo, Drexler, el Enzo, China Zorrilla, Galeano, Benedetti, Zitarrosa…) que cruzaron el charco y nos conquistaron a fuerza de talento.
Hermenegildo (llamado como su abuelo, que también era dibujante) llegó en los ’70 para deslumbrarnos con sus caricaturas, primero desde Primera Plana, Crisis y La Opinión, y después en Clarín, pasando por sus innumerables libros sobre los grandes artistas de dos géneros de los que se consideraba fanático: el jazz y el tango. Y hay un libro suyo que particularmente me impacta: “Siempre dije que este tipo no me gusta”, donde están impresos sus trabajos más jugados de la época de la dictadura argentina. Allí están reflejados –con la cuota de desbordante talento y opinión que sus dibujos llevaban- todos los personajes nefastos de aquel trágico momento de la vida argentina.
Lo conocí personalmente hace veinte años, cuando mi hija Magalú empezó a publicar sus caricaturas en Puntal, y con los primeros pesos ganados no tuvo mejor idea que perfeccionarse visitando semanalmente al Maestro en su taller de San Telmo: parco, siempre sobrio, un caballero oriental.
Nos dejó Sábat, el Quino de la caricatura, y con él se lleva algunos de sus dibujos más recientes, envueltos en una polémica de bajo vuelo, demasiado bajo para un artista de su calidad y su trayectoria.
Este año ya se llevó a Vogt, Maicas, Garaycochea, Limura y Sábat… ¿no será demasiado?
Desde los quince años Sábat se dedicaba al periodismo gráfico, primero en Montevideo, donde fue fotógrafo y redactor del diario El País, hasta que decidió volcarse definitivamente a las artes plásticas, sobre todo el dibujo, especializándose en el retrato y la caricatura de hombres políticos.
Llegó a la Argentina en 1966 (se nacionalizó en 1980) y fue caricaturista del diario La Opinión y la revista Primera Plana, hasta que en 1973 se incorporó a la redacción de Clarín, donde era considerado por todos como "un maestro".
Sus caricaturas políticas se hicieron célebres desde la época de la última dictadura militar, cuando a pesar de las prohibiciones dibujó al presidente de facto Jorge Rafael Videla.
"Fue el primer dibujo y abrió un camino de expresión. Yo miro las cosas que hice en esa época y pienso que es casi un milagro estar vivo", dijo Sábat en una entrevista el año pasado.
No hubo hombre poderoso a quien no retratara con su irónico trazo: Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa o Néstor Kirchner, entre muchos otros.
Ser retratado por Sábat significaba siempre un homenaje, aunque muchas veces no fueran leídos de esa manera por los retratados.
Molesta por un retrato en medio del conflicto con las retenciones al campo, en abril de 2008, la por entonces presidenta Cristina Fernández lo acusó de "emitir mensajes cuasi mafiosos".
Por su enorme trayectoria, Sábat recibió varios premios y el año pasado fue galardonado con el Kónex de Brillante.
Presidió la Fundación Artes Visuales, que había creado en 1982, para enseñar dibujo, pintura, grabado e ilustración en su taller de Monserrat
Sábat era hijo del dibujante, periodista y escritor Juan Carlos Sábat Pebet y su abuelo fue Hermenegildo Sábat Lleó, nacido en España, donde se dedicó a la pintura y fue un popular caricaturista.
Sábat según Jericles
Es parte de esa plaga de uruguayos (como Julio Sosa, Víctor Hugo, Drexler, el Enzo, China Zorrilla, Galeano, Benedetti, Zitarrosa…) que cruzaron el charco y nos conquistaron a fuerza de talento.
Hermenegildo (llamado como su abuelo, que también era dibujante) llegó en los ’70 para deslumbrarnos con sus caricaturas, primero desde Primera Plana, Crisis y La Opinión, y después en Clarín, pasando por sus innumerables libros sobre los grandes artistas de dos géneros de los que se consideraba fanático: el jazz y el tango. Y hay un libro suyo que particularmente me impacta: “Siempre dije que este tipo no me gusta”, donde están impresos sus trabajos más jugados de la época de la dictadura argentina. Allí están reflejados –con la cuota de desbordante talento y opinión que sus dibujos llevaban- todos los personajes nefastos de aquel trágico momento de la vida argentina.
Lo conocí personalmente hace veinte años, cuando mi hija Magalú empezó a publicar sus caricaturas en Puntal, y con los primeros pesos ganados no tuvo mejor idea que perfeccionarse visitando semanalmente al Maestro en su taller de San Telmo: parco, siempre sobrio, un caballero oriental.
Nos dejó Sábat, el Quino de la caricatura, y con él se lleva algunos de sus dibujos más recientes, envueltos en una polémica de bajo vuelo, demasiado bajo para un artista de su calidad y su trayectoria.
Este año ya se llevó a Vogt, Maicas, Garaycochea, Limura y Sábat… ¿no será demasiado?

