Especialistas advierten que existen determinantes menos conocidos que pueden resultar igual o más decisivos para desencadenar un infarto, un accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca. La fragilidad, la pérdida de masa muscular, la malnutrición, la polifarmacia, el aislamiento social y la depresión son algunos ejemplos de una nueva generación de factores de riesgo que obligan a repensar la prevención