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Le diagnosticaron celiaquía y creó su propio emprendimiento gastronómico

Candela Ficco y su mamá hicieron de la enfermedad una oportunidad para ayudar a que otras personas puedan comer alimentos variados y libres de Tacc. Cocinan en su casa y venden por redes sociales.

Candela tiene 20 años y hace 5 le diagnosticaron celiaquía. En ese momento, descubrieron que su papá tenía la misma afección. De un día para otro, su familia tuvo que cambiar la rutina y empezar a seleccionar mejor los alimentos que podían consumir. Una gran aliada en todo este proceso fue su mamá, Gabriela, que buscó en internet recetas para cocinar preparaciones ricas y sanas para todo el núcleo familiar.

Una gran dificultad para las personas que tienen diagnosticada celiaquía es encontrar lugares para comer que preparen menúes especiales o dónde comprar comida apta y a buen precio. Así fue que a Candela se le ocurrió que las comidas que su mamá había aprendido a realizar podían servir a otras personas que tuvieran la misma enfermedad. 

Aunque en un principio Gabriela “no quería saber nada”, su hija la impulsó a llevar adelante el microemprendimiento. Candela se encarga de gestionar los pedidos a través de las redes sociales y también colabora con la elaboración de los alimentos. Por lo general, tienen alrededor de 15 órdenes por semana. Algunos clientes fijos y otros que van apareciendo.

Panes, pastas, prepizzas, galletas dulces y saladas, tortas, tapas de empanadas, pastas frolas son algunas de las opciones que venden Candela y su mamá. 

-¿Cómo es la preparación?

-Hacemos todo en casa. Como no tenemos ningún alimento con Tacc no hay riesgo de contaminación cruzada. Y además, tomamos todas las precauciones de higiene.



La dieta



Antes de confirmar que era celíaco, el papá de Candela tenía problemas para aumentar de peso y solía ir con frecuencia al baño. Ella sufría de dolores corporales. Así empezó a hacerse varios estudios, durante un año, hasta que su pediatra le recomendó hacerse un examen y así se enteró de que era celíaca. Luego, fue el turno de su papá. 

La vida de una persona con celiaquía requiere de prestar mayor atención a los alimentos y medicamentos que consume. Siempre hay que elegir los que tienen el símbolo de “producto libre de gluten. Sin Tacc”. 

“Si comés algo que no podés, al otro día tenés síntomas. Te duele la panza, te sentís sin energía, te salen llagas”, explica la joven. O al menos así se le manifiesta a ella la enfermedad.

-¿Costó adaptarse?

-Candela: Sí. Fue complicado. No podíamos comer harina y parecía que no había más alimentos. Después te das cuenta de que podés comer de todo, pero tenés que cocinarlos vos. Ahora yo preparo y guardo en el freezer. 

Gabriela: Al principio no te sale ninguna receta. Hay que buscar ideas y probar. Las pizzas eran muy líquidas, recuerdo haberme enojado y tirado todo a la basura.

-¿Y cómo reacciona el entorno familiar y de amigos?

-C: Ya saben que no podemos comer pizzas compradas o pan. Pero si hay un cumpleaños o una reunión, me llevo el tupper con comida. En el caso de mi familia todos comemos lo mismo, sin Tacc. 

-¿La ciudad está preparada, en general?

-C: No. Hay pocos lugares para salir a comer donde tengamos la seguridad de cómo se preparó la comida o si los condimentos están libres de Tacc. Los que ofrecen menú especial, por lo general es comida congelada.

Sí hemos encontrado algunos bares para merendar, que tienen pan o galletas sin Tacc.

Candela recuerda que durante los últimos años del secundario, no había nada para comprar en el kiosco “Tenía que llevarme una fruta o un yogurt”, dice. Ahora hay escuelas que tienen cantinas saludables.

-¿Qué hace falta?

-Hacen falta igualdad de precios y variedad de productos para celíacos. La ley no se cumple. Hay restaurantes que te piden disculpas por no tener menú especial y te dicen que van a preparar, pero vas al tiempo y no lo hicieron tampoco. También hace falta que la gente se informe más, que conozca del tema. 



Comer rico y más barato

Roxana Loza Torres es celíaca y su hija de 3, también. Hace unos meses se instaló en Río Cuarto y decidió abrir una distribuidora de productos sin gluten, con mayor variedad y a mejor precio que los que venden los supermercados. 

“Ser celíaco implica tener que andar haciendo espionaje. Es todo una investigación”, afirma la mujer. “Además, hay una falta de cultura entre la gente”, añade.

“Soy mamá y mi idea es que mi hija no sienta lo que sentí yo, de no poder comer ciertos alimentos”. Con ese objetivo, Roxana comenzó a investigar marcas que ofrecían productos similares a los tradicionales pero sin Tacc. Al principio los negocios no querían comprar por miedo a que los productos no tuvieran buena llegada. “Por suerte ahora están teniendo bastante circulación”, explica a PUNTAL.

La idea de su emprendimiento es ayudar también a otras personas en su misma situación, a que puedan comer igual de rico y a buen precio.



La dieta, el tratamiento

“El tratamiento más efectivo para la celiaquía es eliminar la ingesta del componente tóxico para los pacientes que es el gluten, que se encuentra en derivados de trigo, avena, cebada y centeno. Hay que apartar de la dieta esos alimentos y los que vayan a contener gluten para su manufactura”, explica la gastroenteróloga Carolina Balduzzi. “Este cuidado es de por vida, para estar sanos y que el intestino se recupere”, añade la especialista. 

¿Celíaco = intolerante?



“En los pacientes celíacos el gluten genera un daño, una destrucción de la mucosa intestinal y una mala absorción de alimentos, de los nutrientes. En cambio, en los intolerantes al gluten no se produce ese daño en la mucosa. Sí pueden tener una leve inflamación, pero no de la misma intensidad que se da en un celíaco”, aclara Balduzzi. “La biopsia pone el sello de la enfermedad y es necesaria para confirmarla”.