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Testimonios: la lucha diaria de los pacientes que conviven con el cáncer

La mirada de quienes transitan la quimioterapia en el “hospital de día”. El proceso químico, el acompañamiento familiar y la fortaleza individual. El análisis del oncólogo Alberto Peyrano sobre los avances en el tratamiento.

María tiene poco menos de 50 años. Cada lunes debe acudir al denominado “hospital de día” para someterse a la sesión de quimioterapia. En el lugar se encuentra con sus compañeros de sala que buscan sobrellevar el momento entre anécdotas, análisis de la vida cotidiana pero sin profundizar en política, economía o religión. 

Del “cáncer”, esa enfermedad que los tiene en esta instancia, se omite cualquier comentario. 

Según la Organización Mundial de la Salud, define al cáncer como el proceso de crecimiento y diseminación incontrolable de células. Puede aparecer prácticamente en cualquier lugar del cuerpo. 

 De los tratamientos, la quimioterapia es la que genera más temor en los pacientes y familiares. Pero el avance en las investigaciones han reducido sustancialmente los efectos que esta produce en la persona.

Para afrontar este largo proceso no alcanza sólo lo químico, es sustancial contar con la predisposición del enfermo y su familia. “Es un 50 y 50”, aseguró el doctor Alberto Peyrano, especialista en Oncología. Y reafirma esto diciendo: “Yo tiro de un lado de la soga, pero necesito que el paciente tire para el mismo. Que esté bien de ánimo, que tenga voluntad, que tenga confianza plena, todo esto ayuda a llevar el proceso”.

A su consultorio en la Neoclínica de Río Cuarto acuden enfermos oncológicos de todo el sur provincial. De una franja etaria muy amplia, y de los más diversos estratos sociales. El cáncer no hace distinción y aunque la medicina avanza, también lo hace esta enfermedad,

Peyrano sostiene que, en cuanto a edad, hoy se observan más patologías tumorales en gente de entre 30 a 50 años, en comparación con una década atrás cuando los enfermos eran en su gran mayoría adultos mayores.

Los factores desencadenantes son particularmente cuestiones hereditarias, de allí la importancia de informar antecedentes familiares; sumándose en los últimos tiempo también causas externas como el alto consumo de productos ahumados, con conservantes. En tanto, siguen en debate el impacto de agroquímicos y el del agua, esta última que en algunas partes del país en su composición contiene arsénico, un elemento considerado cancerígeno.



Socializar



Acompañados de hijos, esposos, hermanos o amigos llegan a la sesión semanal, quincenal o mensual. 

Junto a María , en el sillón de al lado está Víctor, un hombre entrado en años, y al siguiente Selva, una alegre mujer que llega de viaje, entra a la sala, saluda y dice: “Vengo a desayunar. ¿Qué me vas a dar hoy Julieta?”, dirigiéndose a la enfermera que, pasos atrás, prepara sueros y las vías para canalizar.

A diferencia de la frialdad de una clínica en esta sala de internación de día, hay cinco sillones dispuestos en ronda. En medio, una mesa donde los acompañantes leen, otros tejen al crochet y algunos intercambian opiniones de las noticias que se desprenden de un viejo televisor sobre la heladera.

La decisión de “socializar” el tratamiento pretendió, según explica el doctor Peyrano, sacarle dramatismo a un tratamiento que de por sí sólo su nombre genera fantasmas y temores.

“Eliminé las revistas y todo lo que podría distraer. Sólo dejé el televisor. Y este cambio fue para bien. Los pacientes empezaron a comunicarse, se hicieron amigos, hubo gente que organizó viajes. Hasta se dio en algún momento que tres o cuatro pacientes terminaron el tratamiento juntos y trajeron tortas y festejaron”, relató el profesional.

Mientras pasan los sueros, Julieta se mueve presurosa para tomar la tensión o colocar la siguiente droga. “No te olvides del ondansetrón”, insiste María. Es que este medicamento reduce al mínimo los síntomas estomacales, vómitos y nauseas.

Por tercera vez, esta mujer pasa por el tratamiento de quimio. Un cáncer de mama que empezó en 2010, la tiene a maltraer. Pero no desiste, luego de su mastectomía de hace unos meses, vuelve a someterse al tratamiento semanal. Y meses más adelante será  quincenal y mensual. “Resistirse no sirve. Hay que aceptar y seguir”, dice María. Su larga melena oscura está reducida a una muy escasa cabellera. “Ya no uso pañuelos, tenía miedo a la mirada ajena. Ahora ya no”, dice.

En su experiencia, compartir el tratamiento con otros pacientes es beneficioso y ayuda a sobrellevarlo.

Suena un teléfono, es el de Víctor. Alguien le ofrece un negocio. Intercambia un saludo, dice “estoy en la quimio” y sigue en la negociación.

Otro paciente llega apurado desde algún pueblo vecino. Encuentra un lugar, se sienta y espera. El cansancio lo puede y se duerme. 



Dar lucha



Que ingrese una mujer calva no es novedad, sí lo es aquella que encuentra un sombrero o un pañuelo coqueto.

En diálogo con PUNTAL, el doctor Peyrano sostiene que hay claras diferencias entre los pacientes mujeres y hombres. “Muchas veces digo en broma que prefiero que todas mis pacientes sean mujeres, porque enfrentan totalmente diferente el tratamiento. El hombre es más susceptible a la depresión, a encerrarse, a alejarse de sus amigos. La mujer tiene otro pensamiento. Sale a la calle y si se encuentra con una amiga ya no tiene miedo de decir que su caída de cabello es por el tratamiento”, indicó.

Respecto del temor a la quimioterapia, precisa que hoy los avances en la medicina y en esta especialidad en particular alivian su proceso.

“Cuando empecé allá por los 90, en Oncología teníamos muy pocas drogas y la mayoría producía vómitos que hasta obligaban a internaciones. Con la aparición del ondansetrón cambió la vida del paciente. Hoy me sobran los dedos de la mano para contar los pacientes que deben ser internados por no poder cohibirles el vómito”, dijo.

Sobre la progresión del cáncer, admite que hoy se observa un crecimiento de casos y en edades más tempranas. “Cuando empecé en Oncología la gran mayoría era gente adulta mayor. En estos casi 10 años que llevo en la Neoclínica observo que hay más patología tumoral en gente de entre 30 a 50 años. Ha aumentado en esa franja etaria, y también la casuística de los tumores más diversos”, remarcó.



Avances médicos



Al mismo tiempo, el doctor Peyrano admite que hoy para tratar el cáncer existen muchas más drogas. “Si hacemos una comparación con la milicia, podemos decir que tenemos mucho más armamento. Se han desarrollado muchísimas drogas y moléculas que han hecho un cambio importantísimo y que amplían las expectativas de sobrevida. Yo tengo pacientes de 93 años sin la enfermedad. Que siguen con sus controles y en general van muy bien”.

Peyrano puntualiza que años atrás había de una a dos drogas para tratar todo tipo de tumores. Hoy son muchos más y puntuales. “Eso tiene un impacto en la sobrevida global, que es más prolongada y mejora la calidad de vida”. 

Ya finalizando, el oncólogo insiste en que todo tratamiento la predisposición y el ánimo del paciente son primordiales.

La sala comienza a vaciarse. Los pacientes terminan su día de tratamiento, se miran y sin mediar demasiadas palabras unos a otros se dicen: “Fuerza, fuerza”.

Y a esperar a la próxima sesión. 



Patricia Rossia

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