El mapa político argentino, que se había teñido de violeta hace sólo dos meses, se alteró notoriamente en la primera vuelta de ayer. Sergio Massa, el candidato-ministro que desde el 13 de agosto hilvanó una devaluación y una dramática aceleración de la suba de precios, dio vuelta el resultado electoral:pasó de ser el segundo más votado a ganar claramente por 6,6 puntos, estuvo a sólo 3 puntos y medio de ganar en primera vuelta y sumó, a pesar de la angustia de la crisis, más de 3 millones de votos.

La remontada de Massa ya sería notable en condiciones normales pero lo es aún más en el estado de situación que padece el país. Pero en sus votantes, al menos en los que sumó, no pareció gravitar el estado de la economía sino el hecho de que el candidato oficialista consiguió convertirse en el resguardo para evitar el ascenso del temible Javier Milei. “La gente votó lo que quería, pero también lo que no quería. Nos marcó un camino”, dijo anoche Massa, pareciendo leer correctamente las motivaciones de quienes lo acompañaron.

El voto bronca perdió contra el voto miedo que Milei despertó con un discurso que prometía explosiones, demoliciones y motosierras. En gran parte, fue el libertario el que con su campaña le dio vida y competitividad al ministro oficialista.

Otro candidato que también tuvo un fuerte crecimiento entre las Paso y las generales fue el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, que pasó de 907.437 votos en las primarias a 1.766.025 votos ayer. Entre una instancia y otra, el mandatario provincial, que se instaló en el radar del país a partir de los debates, duplicó su caudal de votos. Incorporó 859 mil a los que había tenido el 13 de agosto. Ysólo 100 mil se originaron en Córdoba.

Schiaretti provocó, con su participación en los debates, dos hechos políticos que pueden parecer contradictorios pero que constituyen dos caras de su crecimiento. Primero, con su insistencia sobre las bondades del modelo Córdoba, se convirtió en un meme. Explotaron los videos que le hacían rezar al gobernador la fórmula exacta para preparar un buen fernet. Eso le dio visibilidad. Pero, paralelamente, su discurso empezó a ser oído y lo que decía sonó sensato para un sector de la población. Tal vez el gobernador sedujo a un votante que no quería avalar a Unión por la Patria ni a Juntos por el Cambio pero al que Milei le provocaba estupor.

Ahora, con 1.779.000 votos, el gobernador es uno de los dirigentes valiosos de cara a la segunda vuelta, a quien buscarán seducir tanto Massa como Milei.

Una de las cuestiones por develar es cómo actuarán desde hoy Schiaretti y el gobernador electo, Martín Llaryora. ¿Cambiarán su posición con respecto a Massa, ahora que el candidato pareció despojarse de los últimos resabios de kirchnerismo y convocó a un gobierno amplio y de unidad? ¿Tenderán algún puente con Milei? ¿O preferirán la prescindencia?

El gobernador evitó anoche, en su discurso, las definiciones. Dijo que es hora de que en el Congreso se junten los que quieren un federalismo en serio. Pero, ¿qué pasará si alguno de los dos presidenciales atiende a esa agenda ahora, entre la primera vuelta y el balotaje? Massa les habló anoche directamente a los “votantes de Juan”; es de esperar que en las próximas horas intente hablar con el propio Juan y, además, con Llaryora, con quien parece tener más afinidad.

El resultado hizo que Schiaretti cumpliera con un doble objetivo:obtuvo un caudal de votos que le permite construir un bloque de cinco diputados nacionales y desde allí gravitar en la política nacional;pero, además, reafirmó que sigue siendo un dirigente con capacidad para movilizar a un alto número de votantes en su territorio. Por esa razón, al menos por ahora los dos líderes del peronismo cordobés, Schiaretti y Llaryora, tendrán un destino de coexistencia.

Un párrafo aparte merece Río Cuarto. Milei volvió a ganar pero el peronismo cordobés mostró capacidad de reacción y acortó distancias. Creció 6 puntos que le permitieron al schiarettismo elevar su performance y a Juan Manuel Llamosas anotarse la mejora como un mérito propio.