Río Cuarto |

“Se puede vivir sin drogas, perder el deseo y tener una nueva vida”

Mediante una ayuda terapéutica, con base en la escucha, “adictos en recuperación” ayudan a otros a cambiar su vida. Narcóticos anónimos funciona hace 20 años en la ciudad y es un servicio libre, gratuito y confidencial.

¿Quién es un adicto? Un pequeño libro que se encontraba en una mesa de la Congregación Cristiana dice que una persona adicta es aquella cuya vida está controlada por las drogas. 

Son diversas las maneras en las que se llega al grupo: por recomendación de un amigo, un familiar o alguien que ya asiste a ellos. Una vez que el sentido de pertenencia se hace presente, el horizonte cambia. 

“Tuve la oportunidad de comenzar mi recuperación en los inicios. Lo que hoy me sostiene fue aquel compromiso inicial”, expresó Darío, que es uno de los compañeros que más tiempo lleva limpio. La semana pasada ha cumplido 20 años sin consumir. Él es uno de los motores del grupo ya que sus compañeros lo ven como un partícipe necesario, tanto en las reuniones como en su camino de recuperación. 



Comienzo 



El recién llegado es prioridad. Se le explica que la problemática no radica en el consumo de una sustancia en particular, sino que la adicción es una enfermedad. 

Para formar parte del grupo, el único requisito es el deseo de dejar de consumir.

Una de las recomendaciones que realizan para transitar el camino a la recuperación es abandonar todo aquello que se relacione con el consumo, aplica tanto a lugares como a personas. Y por otro lado, la asistencia con regularidad a las reuniones, en las que se comparte la experiencia con el otro. 

En esos encuentros se produce un “ambiente de recuperación”, en donde comienza a surgir un sentimiento de pertenencia que ayuda a la identificación y la conexión con lo que sucede en ese momento, en que comienzan a intercambiarse las experiencias. “Sólo conservamos lo que tenemos en la medida que lo compartimos con otras personas”, expresa una de las premisas del programa que repitieron varios de los integrantes del grupo.

“Es necesario pedir ayuda. Venís a NA a contar tu historia, a escuchar y ahí te das cuenta que estás compartiendo algo que tenés vos y que no lo reconocés. Eso es lo que ha logrado que yo, en 10 meses, continúe cambiando mi vida”, explicó Pamela. 



Mantenerse firme



Valeria es una joven que lleva un año y siete meses sin consumir. Explicó que llegó a los grupos luego de haber “tocado fondo”, mediante la ayuda de una amiga y personal de una clínica en donde estuvo internada. 

La incertidumbre de cómo mantenerse “limpia” luego de 20 años de consumo fue algo que preocupó a Valeria. Una vez en el grupo, le recomendaron asistir 90 días seguidos, lo que le permitió generar lazos con sus compañeros y darse cuenta de que, en el camino de la recuperación, no estaba sola. 

El recién llegado tiene la tarea de encontrar una persona a la cual denominará su padrino, y quien se convertirá en un sostén y su fuente de ayuda. 

Nueva oportunidad



“En mí no estaba el hecho de vivir sin drogas. De hecho, me aterrorizaba la idea de poder vivir sin drogas”, comentó Joel luego de que en su primer acercamiento a los grupos no encontrara lo que él necesitaba. 

Hace seis meses, el joven decidió darle (y darse) una nueva oportunidad. “Volví totalmente devastado, y me encontré con que se puede vivir sin drogas, perder el deseo y tener una nueva vida”, manifestó. 

Joel buscaba una palabra de aliento, algo que hiciera que su vida cambie. Y la encontró. Lleva 167 días limpio. 

Contar los días que se lleva sin consumir “es una manera de dar un mensaje de fe y esperanza. Es decirle al que recién llega que se puede, y mirá desde cuándo”, remarcó el joven.



Narcóticos anónimos

El programa se basa en una serie de principios escritos de forma sencilla a fin de poder seguir aplicándolos. Fomenta la creencia en algo en sí mismo, en donde se canaliza el deseo de la recuperación, y promueve una serie de valores que van de la mano en la “aventura”, como la denominó Darío. 



Aprender a vivir



Uno de los tantos grupos que se encuentran en la ciudad funciona en la Congregación Cristiana, ubicada en calle San Martín 640. 

Bajo el nombre de “Aprender a vivir” realizan reuniones los días lunes y jueves de 20 a 22 y los viernes de 20 a 21.30. 

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