La tarea se realiza todas las semanas en nueve barrios de la ciudad: en casas de familia, centros municipales y vecinales. Como modo de complementar de manera estadística el trabajo realizado en años anteriores, desde el Programa de Alfabetización recorrieron diez barrios de la ciudad desde comienzos de este año y visitaron 2.815 viviendas. Allí pudieron dialogar con 4.422 personas mayores de 15 años que les contaron si habían asistido a la escuela, si tenían los estudios finalizados o no y, lo más elemental, si pudieron aprender a leer y a escbirir. De esta consulta simultánea surgió que 319 personas están en situación de analfabetismo. Lo cual se podría dividir en analfabetismo puro y funcional, porque hay personas que a pesar de no contar con estas herramientas pueden enfrentar las exigencias de la vida diaria.
El trabajo
Paola Rivero es la coordinadora del Programa de Alfabetización Municipal. “Luego del relevamiento aparecieron 44 personas que no saben leer ni escribir, que están en situación de analfabetismo, a quienes detectamos en actividades realizadas en centros de jubilados, volanteadas en barrios o cerca de algún centro que anda flojo para captar a nuevas personas”, explicó.
Una de las características del censo es que los datos son una muestra parcial, ya que el trabajo en territorio es en general dinámico y en constante actualización.
Además, Rivero señaló que el relevamiento se enfocó en las personas en situación de analfabetismo, que es la problemática sobre la que puede tomar injerencia la Subsecretaría de Educación en el marco de la educación no formal.
Sin embargo, la investigación arrojó que del total de personas que se encuentran en situación de analfabetismo más de la mitad no admiten no haber pasado por la escuela. Otro dato es que la mayoría de los que dicen no saber leer ni escribir son hombres: la cifra es de 191, contra 128 mujeres.
“Que haya más hombres también es porque el patriarcado es más fuerte, en el sentido de exigirles a los hombres que vayan a trabajar y a las mujeres no dejarlas educar. Esta situación muestra las dos caras del patriarcado”, reflexionó la alfabetizadora.
Un dato que despierta alarma es la situación de 32 jóvenes que quedaron fuera del sistema de educación formal.
“A mí lo que más me llama la atención es ese número de los jóvenes entre 15 y 20. ¿Ahí que está pasando?”, indagó. “Y lo que no está registrado en estos números, porque en lo cotidiano de nuestro laburo en territorio vemos a los chicos de sexto grado que a veces no pueden escribir una oración solos, ¿qué van a hacer cuando ingresen al secundario? El sistema los termina expulsando”.
-¿Qué creen que pasó para que esos jóvenes no estudien?
-Yo tuve dos hermanos que no habían estudiado porque el papá no los mandó. Ellos querían ir al centro de alfabetización y se escapaban para ir, le mentían al papá, que iban al kiosco, y en realidad iban al centro.
Articulación
“Estamos trabajando de manera articulada con los Cenpa que funcionan en la ciudad. Ellos toman a los chicos adolescentes, mayores a 16 o 17, para que puedan ingresar a la escuela nocturna. Nosotros podemos ser un puente con ellos porque a lo mejor llega una persona que no sabe leer ni escribir, no conoce las letras, y con nosotros hace un paso previo, la alfabetización básica, y luego culminan los estudios de la primaria o secundaria para adultos”, explicó.
-¿Cuál es el límite de su función?
-Lo que pasa es que acá estamos en educación no formal. Venimos a tapar el bache que se ha producido en alguna instancia en la que el sistema formal falló.
Podríamos estar denunciando a los padres que no mandan los chicos a la escuela, si vemos a un niño que está en edad escolar y no asiste, entonces sí llamamos a la Senaf. Nos pasó hace poco que una abuela contó que el nieto no tenía documento, entonces hablamos con la Subsecretaría de Niñez para ver en qué instancia está la documentación de ese niño y que se haga el puente con la escuela.
-De las personas que están relevadas, ¿cuántas asisten a los centros?
-Es muy dinámico, pero alrededor del 10% de cada sector ha participado del centro de alfabetización. En cada uno de estos sectores tenemos presencia, menos en barrio Oncativo, la idea es generar estrategias para estar.
-Para revertir la situación, ¿qué hace falta?
-Estamos tratando de articular con Edecom y tener un centro de alfabetización allí, y que las personas que se acercan con la motivación de tener un carné tengan el centro de alfabetización.
Además, esta semana vamos a estar con el área de Derechos Humanos para llegar al colectivo de personas trans, trabajadoras sexuales, los chicos en tratamiento con adicciones. Es otra forma de estar trabajando en concreto. No es un trabajo aislado sino con otras áreas del Municipio. Es un trabajo que hay que seguir haciéndolo.
Otro tema es que a nivel nacional al carné de conducir no se lo van a dar a personas que no sepan leer ni escribir. Todavía no bajó esa ley acá y al examen lo toman de manera oral. ¿Qué va a pasar con estas personas? Por eso va a ser más importante la alfabetización.
Testimonio
María Zuniga tiene 38 y hace 4 meses que empezó a asistir al Centro de Alfabetización que funciona en Casasnovas. Vive en su casa con su marido y sus 5 hijos. Las dos mayores ya se casaron y dejaron la vivienda familiar.
-¿Cómo se te ocurrió venir?
-Porque uno de los nenes míos va a primer grado, y yo dije: "Voy a aprender porque no sabía nada".
María cursó la escuela hace mucho tiempo atrás y ahora se anotó también en la primaria de adultos. “Mi sueño es terminar la secundaria”, confesó.
Otro de sus varones también está cursando la escuela para adultos, pero en otro año. Así que las tareas se hacen todas las noches en equipo en la mesa de su casa.
“El otro día les conté a mis hijos un párrafo de un cuento y uno me dijo: ‘Mami, estás aprendiendo’, me dio una alegría”, recordó.
El Centro Municipal de Calasanz, ubicado a metros del río, es el espacio de apoyo para seis personas que viven a pocas cuadras del lugar. José Magallanes, de 67, y Cristian Gremillon, de 22, son dos de los alumnos que asisten tres veces a la semana.
José aprendió a leer de grande. Durante su infancia pasó tiempo trabajando en el campo y se hacía “la chupina”, mientras que Cristian terminó la primaria, pero no quiso seguir estudiando. Pero su papá sí deseaba algo mejor para su hijo y averiguó qué podía hacer. Así llegó al Programa Municipal.
“Es importante saber escribir porque por ahí tenés que decir algo y tenés que andar buscando a alguien que te ayude. He adelantado mucho”, afirmó José, que además llega a su casa y le enseña a su compañera a leer y escribir.
Cristian trabaja como albañil y quiere rendir para obtener la matrícula como electricista. Las clases son estímulo para lograrlo.