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Semilla Danzante: un espacio de gestión social de la educación

En el vivero Wichan Ranquen de Banda Norte funciona un centro educativo no formal en el que los niños aprenden en un entorno de juego y contacto con la naturaleza. Piden el reconocimiento de la Provincia

El espacio socioeducativo Semilla Danzante nació como un taller para niños en una casa de familia hasta que el vivero Wichan Ranquen en Banda Norte le abrió las puertas. El proyecto se constituyó como asociación civil como vía para autogestionarse y funciona como un ámbito de educación no formal. Analía Argarañaz y Viviana Corbari son las profesoras de nivel inicial, de primer y segundo ciclo al frente del espacio.

 -¿Cuál es la base de un centro de educación no formal?

-Nuestra base es la educación comunitaria. Las actividades que hacemos son voluntarias y no son siempre segmentadas por disciplina, porque creemos que en todo momento los niños  aprenden de todo. Por ejemplo, al ver cuántas semillas entran en una porción de terreno, o cuando hacemos el pan en el horno de barro, vemos varios conceptos a la vez. Es importante aclarar que esto no implica que no tengamos concepciones pedagógicas firmes, en las cuales nos asentamos para desarrollar nuestra tarea... tampoco quiere decir que no haya planificaciones de actividades o de los elementos que les vamos a ofrecer a los niños de acuerdo a sus intereses. 

En 2017 hubo 15 estudiantes de entre 2 y 9 años. Ahora están en período de inscripciones para sumar a más niños y niñas. 

-¿Cómo se desarrollan las actividades a partir de las diferencias de edad?

-Funciona como una multisala, al igual que en las escuelas rurales o las que no logran cubrir una sala y tienen esa modalidad. Nosotras lo elegimos de forma consciente porque creemos que la colaboración entre los más pequeños y los más grandes beneficia el aprendizaje.

La Ley 9870 de Educación en la provincia de Córdoba reconoce la existencia de ámbitos pedagógicos de educación no formal, no así de gestión social o comunitaria, como se reconoce este tipo de proyectos. 

-¿Qué implica que sean un centro de gestión social?

-Las decisiones las tomamos con las familias en asamblea, porque somos actores participativos y activos. Hasta el momento es un espacio de educación no formal, pero hacia adentro nos concebimos como un jardín. Somos muy cuidadosos de no llamarnos de esa manera por las cuestiones legales. 

-¿Cómo se sostienen?

-Con la asociación civil se sostiene el espacio. Tenemos socios que apoyan el proyecto y los padres hacen un aporte que tiene tres instancias: una cuota fija;, realizar trabajo comunitario (voluntario) y generar nuevos socios.

-¿De qué manera un niño se incorpora a la educación formal o se certifica su formación?

-Para tener el certificado de escolaridad obligatoria en sexto grado hay que rendir un examen y el Ministerio de Educación marca los conocimientos que deberían haber adquirido. La familia o escuela alternativa se encarga de que esos conocimientos estén presentes para que puedan ir a rendir. Hay escuelas que hacen simulacros de evaluación para preparar a sus alumnos. 

-¿Han elevado un pedido de reconocimiento al Ministerio de Educación?

-Sí. Además, como no es un pedido  solamente nuestro sino de varias instituciones de la Provincia, conformamos un movimiento de escuelas de gestión social que está peleando por la aceptación. Estamos trabajando en un proyecto de ley que todavía no se ha presentado a la Legislatura provincial. En la Ley Nacional de Educación sí está contemplada la existencia de escuelas de gestión comunitaria. 

Este tipo de instituciones surgieron con la crisis de 2001. “En ese momento la comunidad se hace cargo de las escuelas. El Estado tiene obligación de brindarles el sueldo a las docentes y la comunidad se hace cargo del mantenimiento del edificio”, explican las responsables.

-¿Cómo es un día normal en Semilla Danzante?

-Llegan los niños. Hacemos el saludo al sol y empezamos con algún proyecto de cocina, huerta, arte, expresión corporal, cuentos con caricias, lo que hayamos preparado de acuerdo al grupo que tengamos ese día. Después de la actividad se prepara la merienda o desayuno, vamos a buscar las hierbas para preparar el té, cortamos las frutas, preparamos los cereales que trajo cada niño para compartir. Nos lavamos las manos y nos sentamos a comer. Hay jarras pequeñas para que los niños se sirvan solitos. Tratamos de respetar su autonomía. Además, creemos que la merienda es un momento para respetar el cuerpo y el espíritu, entonces contamos un cuento mientras compartimos esa instancia.

-¿Cuál es el método de evaluación que utilizan?

-Nuestra evaluación es ir viendo lo que los niños van descubriendo y aportar herramientas y materiales para que sea un conocimiento rico y que les sirva para la vida, porque lo que vos conocés a través de un sentimiento placentero queda para siempre. Por ejemplo, un día llegó un niño, vio un caracol en un libro y se preguntó: ¿será como el que tenemos en el jardín? Y salieron todos a buscar caracoles. Ahí nomás armamos una ronda, cada uno tenía su caracol, una lupa, lo dibujaba y hasta comparaban las trayectorias de las babosas, así que mirá todo el conocimiento que surgió.

Lo que dicen las madres

 Verónica da clases de inglés en la Universidad y eligió enviar a su hija de 4 a Semilla Danzante porque “acá reciben una educación integral”, dijo. “Se entiende que el niño no es una máquina, hay algunos que son corporales, otros más mentales. Y en realidad somos mente, cuerpo, alma. Estoy convencida de que a los niños no les gusta estar sentados tanto tiempo, es importante que se les respeten las ganas de levantarse del banco, de agarrar una tiza, de dormir”, añadió. Sentada a su par, Rocío cuenta que al principio le quedaba “cómodo” que su primer hijo fuera al jardín, pero que los problemas comenzaron cuando quedó embarazada de su segundo hijo, ya que el mayor no se quería quedar solo. “Acá descubrí contención y un grupo humano con quien compartir”.