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La luminosa vigencia de un entrañable legado histórico

Lunes 15.- Menem recibió el último adiós en el cementerio islámico de San Justo.- En medio del dolor por la sensible pérdida de quien tenía aun tanto para dar (la interminable lista de proyectos que impulsaba desde su intensa actividad en el Senado se las debo porque el espacio es tirano), nos queda el consuelo de que el paso a la inmortalidad del último prócer del siglo pasado dio oportunidad de revivir su nutrido legado político. Esa profética visión de futuro a través de la cual se nos invitaba a visualizar los vuelos de hora y media, via estratósfera, a Japón y Corea, y por supuesto a otros planetas una vez producidos los contactos con la vida extraterrestre al parecer inminentes; pero también la imagen del Riachuelo como un transparente y bucólico manantial donde ir a “pasear en barco, a tomar mate, a bañarnos y a pescar”. Esas modestas descripciones de su figura como análogas a las de Julio César (“¡No teman, van con Menem y su estrella!”) o Jesucristo (“¡Argentina, levántate y anda!”), como para que nadie se equivoque respecto del tipo de líder que está siguiendo y que no lo va a defraudar. Esas exitosas políticas de reconciliación nacional (¿o acaso después de los indultos a Videla, Firmenich y compañía no quedamos todos los argentinos súper reconciliados?). Y ese manual de práctica política esgrimido para explicar en una frase la revolución productiva y el salariazo anunciados en campaña: “Si decía lo que iba a hacer, no me votaba nadie”. Está bien, hay cosas que no mueren nunca, y, en honor a la verdad, aspirantes a continuadores hay a rolete, pero así y todo ya lo estamos extrañando.

Martes 16.- Zaffaroni propuso una “ley de amnistía” para los dirigentes kirchneristas que están detenidos.- ¿Ven? El legado no muere. Con la misma sensibilidad al clamor popular que en su momento demostró tener Carlos Saúl a la hora de definir el destino de los responsables estatales y paraestatales de los pequeños desencuentros entre argentinos de los ‘70, nuestro más eximio jurista nacional y popular quiere una solución equivalente para quienes en tiempos más recientes, salvando las distancias, también pueden haberse sentido desbordados por el clima de la época y asumido comportamientos propios de la praxis política predominante. Entonces se trataba de encerrar a un oligarca en una cárcel del pueblo o meterle un caño a un jerarca de la burocracia sindical para hacer la revolución, o bien de aplicarle la parrilla o el submarino y tirar al río desde los aviones en vuelo a los sospechosos de tener ideas raras que amenazaban al ser nacional, todo para garantizar la permanencia de la patria en el occidente occidental y cristiano. Después, la cosa pasaba por administrar sabiamente los dineros de las licitaciones, las concesiones, la ayuda social, los planes de salud y cualquier mango público que ande dando vueltas, asegurando que una buena tajada vaya a reforzar el patrimonio de quienes cumplían tan noble tarea. Quizá Zaffaroni y Menem no se parezcan mucho, pero los hermana el mismo espíritu generoso: o acaso el primero no podría firmar aquello de “no puedo ver ni un pájaro enjaulado” con que el segundo explicó su vocación de perdonador serial. Seguro que sí, recordemos cómo él mismo, como juez, ha perdonado a violadores por haber tenido la deferencia de apagar la luz para que la víctima no se traumatizara tanto. Así que cómo no va a insistir en que la institución de la democracia por excelencia, el Congreso, ponga fin al cruel encierro que militantes de la causa del pueblo como Boudou, Milagro Sala, De Vido, sufren en los humildes domicilios que supieron conseguir.

Miércoles 17.- González García consideró que realizar las Paso “es un riesgo muy innecesario”.- Evidentemente, salvo que creamos en un destino fatal que ya a mediados de la semana le había hecho la cruz a nuestro ahora exministro, este pequeño cortocircuito ha de ser visto ahora como el puntapié inicial de una conspiración. Antes de que su cariño por los amigos fuera utilizado para sacar del medio a un formidable azote del coronavirus, a Ginés le cayeron encima por hacer esta declaración sobre la inconveniencia de ir a votar en la fecha indicada por la ley en la misma entrevista en la que manifestaba su confianza en tener "vacunados a todos los argentinos para agosto o septiembre". Debe de ser que por la envidia ante los continuos éxitos de su gestión, y en particular el hecho de que durante los últimos tiempos las versiones sobre su inminente desplazamiento del cargo se habían reducido a no más de dos por semana, que sus detractores le buscaban el pelo al huevo denunciando una contradicción que no existe: ¿Por qué va a ser peligroso si para entonces todos estaremos inmunizados? ¿Será que Ginés sospecha que su pronóstico respecto de la marcha de la campaña podría estar equivocado? ¡Imposible! ¿Cuándo se equivocaron Ginés y el Gobierno respecto de cómo iban a andar las cosas en la pandemia? Lo que ocurre es que leyeron mal la advertencia. Realizar las Paso en agosto es “un riesgo muy innecesario”, porque los argentinos podrían llegar a votar en contra del gobierno que los está cuidando tanto, por eso hay que darles más tiempo para que en el marco del plan “vamos viendo” podamos persuadirlos de qué es lo que verdaderamente les conviene. Así como hace un año le preocupaba más el dengue que el coronavirus, ahora el virus de la calentura de la gente le preocupa más que los dos juntos. Quizá por esa preocupación no se vio venir lo que se venía.

Jueves 18.- Desmienten tajantemente que se estén aplicando “vacunas por debajo de la mesa”.- Oportunísima aclaración del segundo más mentado de los ministros de Salud, el que está al servicio de Axel y del afortunado pueblo de la provincia de Buenos Aires, que salió al cruce de las insidiosas versiones de que en ese territorio había favoritismos nada más que porque en algunos pueblos sobraban vacunas y algunos muchachos que andaban por ahí, casualmente militantes de La Cámpora, hicieron el favor de ponérselas para que no tuvieran que tirarlas. Daniel Gollán dejó en claro así que todas las críticas a la campaña de vacunación son “politiquería barata”. Y quién va a discutirle la definición a un experto en hacer politiquería ni barata ni cara, sino con una impecable relación entre precio y calidad.

Viernes 19.- “La confusión involuntaria de mi secretaria privada en la citación a las personas vacunadas en este Ministerio ocurrió estando yo en la provincia de Entre Ríos”.- La carta de renuncia de Ginés lo pinta no sólo como un funcionario dedicado, sino que refleja su extraordinaria modestia, al atribuirle a su colaboradora la excelente idea de montar un vacunatorio en el Ministerio de Salud para que a nadie se le ocurriera decir que la gauchada a los amigos y a los amigos de los amigos se les hacía “por debajo de la mesa”. Parece que mandarlos al hospital -como antes a Moyano, a la señora de Moyano y al veinteañero nene de Moyano- no era suficientemente público y los exponía a la acusación propia de la politiquería barata de estar haciendo algo malo, así que la secretaria de Ginés decidió que el personal no ya esencial sino requetecontraesencial, como Valdés, Taiana y el amigazo Verbitzky -cualquier otra cosita que necesites, Horacio, ya sabés, y no hace falta que agradezcas nada-, se vacunaran en un lugar libre de cualquier sospecha de operación clandestina, porque a quién se le iba a ocurrir hacer en un Ministerio alguna cosa secreta y vergonzante: ¡cómo podía alguien no darse cuenta de lo que estaba pasando! Bueno, salvo que estuviera tan compenetrado en el seguimiento de las campañas de vacunación, como Ginés o su leal sucesora Carla Vizzotti, que algunos pequeños detalles comprensiblemente se les escaparan. Lo importante en todo caso es que en este gobierno no hay favoritismos ni actos por debajo de la mesa. Apenas -como diría el maestro cuyo legado honramos esta semana- “casualidades permanentes”.