El domingo pasado, cuando se celebró el Día Nacional del Bombero Voluntario, Alejandro se retiró de esta desinteresada tarea que realizó durante 26 años de vocación y trayectoria, no sólo en su pueblo y zona, sino también siendo parte de las distintos incendios forestales a los que acudió, como otras unidades del resto del país.
Hoy, Alejandro recuerda miles de experiencias compartidas y cientos de emergencias cubiertas.
Pero sobre todo, capacitación y estudio, él dictaba cursos de primeros auxilios; algo que siempre disfrutó en toda su trayectoria fue la atención primaria.
Una de sus primeras experiencias fue cuando el padre Pablo lo invita a Santiago del Estero por sus cursos de atención primaria y allí relata que junto al doctor Jerónimo Ortiz debieron asistir a una niña.
“En Santiago del Estero le sacamos una espina a una nena que hacía mucho tiempo que la tenía y le había hecho como un sobrehueso y, entre los dos, le retiramos la espina. Son cosas que uno hace en el monte”, hace memoria Alejandro.
Hace más de 26 años, el serranense comenta que en la localidad no había hospital, solo una salita de primeros auxilios, y tras tener que asistir a un vecino que había perdido una pierna en un accidente laboral en el campo, Alejandro siempre tuvo esa misión de ayudar a los demás.
Tras un incendio en el cine local, el intendente Abel Ponce, en ese entonces, decidió formar una subcomisión para la formación de bomberos.
“Cuando fue el incendio, quienes actuaron frente al fuego fueron los bomberos voluntarios de Laboulaye que estaban a 50 kilómetros, por lo que abrir esta unidad en Serrano fue sumamente necesario”, dice Alejandro, quien en 1998 se convirtió en uno de los primeros siete bomberos del cuartel de Serrano.
Lo llamativo de esto o como dice Alejandro, “las vueltas de la vida”, es que el primer incendio del cine local fue parcial; luego en 2016, el cuerpo de Bomberos de Serrano actuó frente a las grandes llamas en el cine local, donde esta vez se quemó prácticamente en su totalidad.
“Nuestro gran trabajo logró que el fuego no se propagara a las viviendas cercanas y que no se comprometiera la estructura del cine”, dice Alejandro.
Emocionado, expresa que hoy el en el cuartel local hay un cuerpo importante de bomberos y varios aspirantes. El edificio cuenta con un salón de usos múltiples, espacios amplios para los bomberos y para la Comisión Directiva y jefaturas, además de vehículos 0 kilómetros, autobomba y un camión de abastecimiento.
Pese a su retiro, Alejandro expresa que seguirá yendo al cuartel, que es como “su segunda casa”.
Sus compañeros siguen manteniendo intacto el casillero, con su ropa preparada para cualquier alerta.
“Siempre pensé que cuando uno llega a la edad de jubilarse, se tiene que retirar y dejarles el paso a los chicos más jóvenes. La profesión hoy es muy amplia y todos los días aprendés algo nuevo”, señala el serranense, quien manifiesta que confía plenamente en cada uno de los integrantes que están en el cuerpo de Bomberos Voluntarios de Serrano.
Servicio y entrega
Ser bombero voluntario es un modo de vida y estar 26 años al servicio las 24 horas todos los días del año es entrega total a la comunidad y vocación de “lo que uno lleva en la sangre”, dijo el serranense.
Así es que Alejandro pasó la mayor parte de su vida en Serrano.
“El que entra a estudiar de bombero y pasa el primer nivel ya está, él está comprometido”, dice.
Alejandro no sólo estuvo alerta de emergencias de su pueblo o de la zona, sino que cada vez que le llegaba un mensaje que requieran de bomberos voluntarios, él iba.
“Es totalmente distinto ir a otros lugares a combatir el fuego, te tenés que apoyar en los baqueanos del lugar. He ido a varios incendios en las sierras y uno ya conoce un poco la tipografía pero es difícil, está previsto que los bomberos podemos trabajar sólo 48 horas en las sierras porque se sabe que es la capacidad que podés llegar a accionar, ya después estás agotado totalmente”, destaca Alejandro.
Cada bombero recuerda experiencias de emergencias que los hicieron angustiar.
“El miedo alerta, esa adrenalina te mantiene atento y despierto. Siempre les digo a los chicos, el día que no sientan miedo por actuar, dejen la profesión, no sirve un bombero que no sienta miedo”, destaca el serranense, quien capacita a jóvenes aspirantes a este gran desafío.
“Es enseñar con el ejemplo, con lo que uno ya ha vivido con sus experiencias y contarles a los chicos lo que uno va a vivir. El bombero hoy en día está preparado para primeros auxilios, trabajar con personas que requieren de uno, enseñar a las futuras generaciones sobre atención primaria, y muchas cosas más”, expresa con satifacción el bombero voluntario.
Alejandro junto con Martín Picco y Lucas Giulitti asistieron a los incendios forestales de Córdoba en julio del 2020, en plena pandemia.
“El fuego había encerrado a un paraje con cabañas para alquiler y demás y nosotros junto con la gente nos quedamos toda una noche defendiendo ese lugar del fuego, trayendo agua de un río que estaba casi seco”, recuerda Alejandro, quienes, luego de esta acción, se contagiaron del Covid-19, siendo uno de los primeros de la localidad.
Su historia refleja un sentido de pertenencia y una vocación que no se va a apagar nunca, y que un aplauso, un plato de comida o un vaso de agua es un gesto que nunca olvidará Alejandro.
“La gente siempre está agradecida, nos ha tocado tantas muestras de cariño de la gente. Son cosas que te llenan el alma. Uno no busca el agradecimiento, ya con una mirada está, pero cuando está, te llena”, dice Alejandro emocionado.
Él no sólo estuvo a disposición de la comunidad como bombero voluntario en Serrano, sino que también participa desde hace años de la Misión Solidaria en Salta.
“Desde siempre yo pensé que era ir a ayudar, pero ellos nos ayudan más a nosotros, que nosotros a ellos. Porque a los chicos jóvenes que viajan se les enseña otra realidad, algo que no están acostumbrados a vivir. Ven la pobreza pero reconocen el verdadero concepto de solidaridad, porque lo poco que tienen, lo que comparten”.
Un retiro emotivo
El pasado domingo, fecha la cual se conmemora el Día Nacional del Bombero Voluntario, Alejandro Darío Muñiz se retiró de su vocación, aunque siempre seguirá asistiendo a su querido cuartel, “su segunda casa”.
En el acto, una de las aspirantes junto con el grupo escribieron un discurso para él con palabras de absoluto cariño y las enseñanzas de él. Uno de los primeros vehículos multifunción del cuartel lleva el nombre de él; este reconocimiento fue por parte de sus compañeros.
Alejandro ha participado de los grandes focos de incendio de las sierras.