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Peteco volvió a los escenarios en Río Cuarto

El enorme folklorista santiagueño comenzó ayer en nuestra ciudad la gira "Volver al ritual. Gira de los 100 pueblos".

Las primeras palabras de Peteco Carabajal fueron de agradecimiento al público que agotó entradas anoche en Elvis (con formato cena-show y con capacidad limitada, por supuesto) dándole la posibilidad de volver a pisar un escenario “desde febrero, que fue la última vez que actuamos”.

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En la lluviosa noche de viernes, el enorme folklorista santiagueño comenzó ayer en nuestra ciudad la gira “Volver al ritual. Gira de los 100 pueblos” que, mientras la situación sanitaria se lo permite, lo llevará a recorrer gran parte del país: esta noche se presenta en Potrero de los Funes.

Tras un comienzo solo, compartió gran parte del show con su hijo Homero en guitarra y voz. “Casi me pongo a llorar anoche cuando subí al micro”, contó el joven como para dimensionar lo que significa para los artistas volver a presentarse ante la gente.

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Ya se lo había anticipado Peteco a Puntal: todos esos clásicos inolvidables no podían faltar. Así sonaron “Mi abuela bailó la samba”, “En la mesa”, “Entra a mi hogar”, “Perfume de carnaval”, “Embrujo de mi tierra”, “Puente carretero”, “La mazamorra”, “Las manos de mi madre”, “La estrella azul”, entre otras joyas del cancionero popular argentino.

Pero se sabe que Peteco es un creador constante y mostró algo de su nuevo proyecto Riendas Sueltas que comparte con sus hijos Homero y Martina.

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También compartió la nueva y bellísima canción “Arpegios” y la reciente composición para Maradona llamada “Magia maternal”: “En la gloria de dios jugar con la vida. Solo verte feliz, mi eterna alegría”.

Y como redondear un estupendo show de más de hora y media, también versionaron “Te doy una canción” de Silvio Rodríguez y “Promesas sobre el bidet” de Charly García.

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Con algún pañuelo con ganas de agitarse, con dos parejas invitadas a bailar en el escenario y muchas palmas y coros desde las mesas, en ese poco usual formato de ver un show en tiempos de pandemia, Peteco regaló una noche hermosa y necesaria.