La campaña fina ya no tiene marcha atrás y el resultado estará marcado por el fuerte impacto de la sequía y las heladas tardías. Pero además, el clima empieza a sumarle presión a la campaña gruesa, que no logra despegar por la falta de humedad en los lotes.
De acuerdo al último informe realizado por el economista del Ieral de la Fundación Mediterránea, Juan Manuel Garzón, “en el último mes se deterioraron las condiciones climáticas para los cultivos de invierno, con la profundización de una seca que ya lleva muchos meses, más una serie de heladas tardías en zonas productivas muy importantes. La producción esperada de los cereales de invierno (trigo, cebada) será definitivamente bastante menor a la del año pasado, reduciendo la disponibilidad de materia prima para abastecer la exportación y el consumo interno, lo que genera especulaciones respecto del margen de libertad que tendrá el mercado para distribuir el volumen entre uno y otro destino, en un contexto en el que debe recordarse el mercado ya opera con intervención del gobierno (restricciones sobre las operaciones de exportación)”, apunta el analista.
En ese trabajo, Garzón remarcó que “los cultivos de invierno son relevantes dado que generan un puente de divisas entre las cosechas de los cultivos de verano (maíz, soja, etc.), son los principales proveedores de dólares al país entre los meses de diciembre y febrero / marzo. Por la caída esperada en la producción, el puente de divisas de la campaña 22/23 será más angosto y más corto en relación al de la campaña previa. Como ejercicio de simulación, un escenario de 8 millones de toneladas exportadas de trigo (razonable y hasta optimista por contexto y decisión política), a un precio medio de US$ 395 la tonelada, dejaría divisas por US$ 3.160 millones, un ajuste del 34% comparado con los US$ 4.780 millones con los que estaría cerrando el ciclo 21/22”, remarcó el economista.
Por último, el representante del Ieral recordó que “si bien falta bastante para completar la siembra y más aún para iniciar la cosecha de los granos gruesos del ciclo 22/23 (recién sucederá allá por abril ó mayo del año que viene), analizando aquellos factores que influirán sobre el aporte de divisas del sector en el 2023 (envíos de granos y sus principales derivados industriales) se pueden hacer algunas primeras simulaciones al respecto. Con lo que se sabe hasta el momento en materia de precios externos, considerando lo sucedido con los cultivos de invierno y suponiendo volúmenes de exportación relativamente constantes entre campañas (que nótese no es un supuesto fácil, implica regularización del clima en el primer semestre del año que viene), el aporte de agro divisas podría rondar los US$ 40 mil millones en el 2023, una cifra que se ubicaría 7% por debajo de lo que se prevé finalmente para este año (US$ 43 mil millones).

