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"Los sismos aún no se pueden predecir pero sí prevenir"

El ingeniero civil riocuartense Ricardo Wagner considera que la reglamentación constructiva antisísmica vigente está a la altura de los eventos que puedan ocurrir en esta región del país. Asimismo, también puso el foco en la reiteración de tormentas intensas de viento

Cuando ocurren eventos naturales de magnitud como el sismo de 6.4º Richter registrado sobre la medianoche del lunes en San Juan se reaviva la inquietud de saber cómo estamos preparados ante determinados fenómenos. En el ámbito de la construcción es deseable saber cómo se trabaja para prevenir posibles incidentes de este tipo en cada obra.

El ingeniero civil riocuartense Ricardo Wagner tiene una destacada trayectoria en la ciudad como calculista en proyectos de arquitectura y de obras en general.

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En diálogo con Puntal ADC, considera que la normativa vigente se encuentra a la altura de la realidad sísmica de cada región del país y la reglamentación para la zona central, donde se encuentra Río Cuarto, no es la excepción.

Para Wagner, la realidad sísmica es igual de importante de atender que la recurrencia cada vez más frecuente de tormentas de viento fuerte y ratifica que la reglamentación elaborada por el Instituto de Prevención Sísmica (Inpres) junto con el Centro de Investigación de los Reglamentos Nacionales de Seguridad para las Obras Civiles (Cirsoc) también está a la altura de la realidad de cada zona del país.

“El Inpres tiene zonificado el país en 5 zonas que van desde la 0 a la 4 (de peligrosidad sísmica nula a muy elevada), siendo San Juan y Mendoza las regiones de peligrosidad más alta. Río Cuarto está en Zona 1 (peligrosidad reducida) y desde el punto de vista de las construcciones se debe respetar un reglamento vigente”, señala Wagner.

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En la ciudad, tanto las obras públicas como las privadas deben presentarse obligatoriamente planos de estructuras colegiados ante el Municipio y será el profesional a cargo del proyecto quien garantice el cumplimiento de la normativa, tanto en la planificación como en la ejecución de la obra.

“Los profesionales bregamos para que todas las obras tengan un profesional responsable, ya sea ingeniero, arquitecto o maestro mayor de obra, porque tenemos los conocimientos para que las construcciones se proyecten de manera segura”, precisa.

Y agrega: “Un sismo como el de San Juan es el perfecto buscador de los defectos constructivos. Semejante cantidad de energía que ingresa a una construcción debe ser disipada y se disipa moviéndose, sin romperse. Por eso decimos que un evento de esta magnitud pone a prueba a las construcciones”.

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-¿En qué cambió San Juan para que ante un sismo similar los daños hayan sido mucho menores que los del terremoto de Caucete en el 77?

-Desde ese momento hasta hoy se han producido avances científico-tecnológicos que, si bien no nos permiten predecir y anticipar la ocurrencia de un sismo, posibilitan prevenir sus consecuencias. Con ello, uno de los grandes cambios estuvo marcado por la aparición de este nuevo reglamento (Inpres-Cirsoc) y la obligatoriedad de su ejecución. Pero, por sobre todas las cosas, se tomó conciencia. A partir de un susto tan grande, todos tomamos conciencia. Antes del sismo de Caucete regía otra normativa que quizás no promovía tanta conciencia sobre estos eventos. Con la nueva normativa aparecen los famosos encadenados, que enmarcan los muros con vigas y columnas de hormigón armado. Por eso el gran cambio fue la obligatoriedad de la presencia de columnas y vigas de encadenado desde la fundación, lo que llevó a generar planos sismorresistentes. Los diámetros de hierro, distanciamiento de estribos y secciones de vigas y columnas se definen según la categoría sísmica del lugar en que se construye.

Bien reglamentados

Para Wagner, Argentina tiene buenos reglamentos antisísmicos en comparación con la realidad del resto de los países que conforman la región de Sudamérica, fundamentalmente los emplazados a la vera de la cordillera de los Andes.

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El profesional confía en el prestigio de las instituciones que imparten la normativa y sostiene que, si existiera una mínima posibilidad de que se registren sismos de magnitud -como el registrado el pasado lunes en San Juan- en esta zona central del país, serían las mismas autoridades del Inpres las primeras interesadas en modificar la zona sísmica en un grado de mayor peligrosidad. Pero, asimismo, esa recategorización no parece ser necesaria.

“A mí me mantiene preocupado, igual o más que los sismos, la frecuencia en la que somos visitados por tormentas con vientos muy fuertes. Quienes somos de Río Cuarto hemos visto que en los últimos años hemos tenido tormentas de viento muy fuertes, vientos de casi 100 kilómetros por hora”, resalta.

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A su vez, Wagner detalla que la normativa también contempla determinados criterios constructivos en sectores donde los vientos son intensos, como así también para otras regiones que se exponen a nevadas u otras inclemencias climáticas.

“Cuando existen problemas sísmicos las que más sufren son las estructuras monolíticas, como los edificios. Es decir, donde hay peso o masa asociada, ahí hacen daño los sismos. Las estructuras livianas, como silos o galpones metálicos, sufren más los embates del viento y el reglamento Inpres-Cirsoc obliga a prever el accionar del viento, de sismos o nieve, según la zona del país”, sintetiza.