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Error de diagnóstico para el diagnóstico

El Laboratorio Central de Córdoba, que concentra los hisopados, está saturado y los intendentes reclaman la descentralización. Un sistema que no es ágil cuando la situación lo demanda.

Pareció extenderse como una mancha tóxica por la ruta 158. Todo empezó con unos hermanos que, en este contexto, tuvieron la inoportuna idea de viajar hasta Villa María de visita y estuvieron en contacto estrecho con una persona que tenía coronavirus. Ese viaje, una vuelta en remís con un amigo y un asado posterior como para completarla hicieron que se encendieran todas las alarmas.

Primero Deheza y después Cabrera, también Carnerillo y, finalmente, Las Perdices y Dalmacio Vélez se vieron obligados a aislar a sectores completos y a decenas de personas para tratar de contener la amenaza del virus.

En otro corredor, el de la autopista Córdoba-Rosario, la sospecha le cedió paso a la certeza. En Villa María, Oliva, Oncativo, los casos se dispararon. Sólo Oliva pasó de estar libre del virus a 154 infectados en apenas una semana.

En Córdoba, los brotes activos son nueve. El promedio de contagios diarios creció vigorosamente y se ubicó en torno de los 100 casos. Pero ese crecimiento, que por sí mismo genera preocupación, desnudó además una complicación adicional, un talón de Aquiles, que tiene a los intendentes, al menos a los del corredor de la 158, mascando una mezcla de enojo, malestar e incertidumbre.

Pasan los días y los resultados de los hisopados no llegan. Nadie sabe, nadie informa con certeza, si los más de 120 aislados que tiene la zona están infectados o no con coronavirus. La razón es que el Laboratorio Central de la Provincia, que concentra la recepción de los hisopados que se hacen en todo el territorio cordobés, está sobrepasado en su capacidad y ya les comunicó a los intendentes, a las clínicas y los sanatorios que no envíen más muestras, salvo las estrictamente necesarias: las de pacientes sintomáticos y las de contactos estrechos con pacientes positivos o sintomáticos.

Actualmente, en Río Cuarto pero también en todos los municipios, no se están haciendo los llamados hisopados preventivos: a personas que deben viajar a otras provincias, a personas que vienen de otras provincias y están asintomáticas, al personal de los geriátricos que se encuentra asintomático, a las enfermeras y al personal médico que no tiene síntomas y que trabaja tanto en el sistema público como en el privado. Es decir, por la saturación del Laboratorio Central, Córdoba no descubrirá a quienes tienen el virus pero no se han enfermado, aunque sí, por supuesto, llevan en su cuerpo el riesgo de contagiar a los demás.

¿Cómo funciona el sistema? Todas las muestras que se recolectan se envían por avión al Laboratorio Central. Allí se analizan los hisopados; el inconveniente es que los resultados están saliendo con notorios retrasos. “Algo pasó. No se debe sólo a que se multiplicaron los brotes sino que, además, deben haber tenido algún contratiempo técnico porque pasaron de una capacidad diaria de 1.500 a 2.000 análisis a 1.200”, relató un especialista de la ciudad.

Ese contratiempo desató la impaciencia de los intendentes. Marcos Carasso, de Cabrera, hizo público su reclamo para que se descentralicen los análisis y se eviten las demoras excesivas. “Tenemos a la gente encerrada y no sabemos si tiene o no el virus”, indicó. Y se quejó además de la falta de coordinación y de directivas claras. “Estamos tomando decisiones de acuerdo a lo que nos dicta el sentido común pero no tenemos certezas. Nos dan libertad para restringir pero no para habilitar actividades que sabemos que podemos controlar”, dijo.

En el corredor de la 158, los jefes comunales, los que pueden hacer declaraciones y los que no, mascullan que los retrasos en conocer los resultados no solamente afectan su autoridad ante los vecinos sino que, además, atentan contra la propia confiabilidad del sistema. Relatan que hay personas que, aún con síntomas, evitan ir a hacerse los análisis porque temen tener que pasar un largo período de encierro sin poder trabajar.

La situación habilita una extensa lista de interrogantes. Ya pasaron 129 días desde que se decretó la cuarentena y uno de los objetivos de ese período de contención era, precisamente, preparar el sistema sanitario para atender la demanda derivada del coronavirus. En ese tiempo, Córdoba avanzó considerablemente y dispuso más de 1.600 camas críticas pero, a la vez, ¿por qué no se actuó con una celeridad equivalente para disponer de un sistema más ágil de diagnóstico? ¿Para qué se prepararon centenares de camas para pacientes asintomáticos o leves -en Río Cuarto hay más de 500 lugares disponibles- si ahora no se testean los asintomáticos y, por lo tanto, esa medida preventiva acertada corre el riesgo de haber sido en vano? Si además se sabía con certeza que se estaba ante el período crucial, ¿por qué no se diversificaron los lugares para analizar las muestras? El sistema demostró no poseer la capacidad de respuesta necesaria para una etapa crítica.

En Río Cuarto, tanto desde el sector público como desde el privado, coinciden en que la solución pasa por descentralizar los análisis. “Sería un golazo. Si se pudiera hacer en el sur, tendríamos los resultados en cuatro horas”, relataron desde un sanatorio.

La Universidad de Río Cuarto se ofreció hace más de dos meses para cumplir esa función. Recién la semana pasada, cuando el panorama comenzó a complicarse, el COE regional pareció tomar en consideración la propuesta y se comunicó con las autoridades universitarias para tratar de avanzar. Ahora, según señalan en el COE, no sería tan simple: la UNRC no tendría la capacidad edilicia para procesar los hisopados y faltarían además complementos técnicos. Pero se está trabajando en ese sentido. “Estamos a tiempo. Río Cuarto tiene una situación sin complicaciones y podemos hacer los hisopados acá, lo que implicaría una mejora considerable”, indicó un especialista.

Lo que ocurrió durante la semana en Río Cuarto con el caso del ingeniero se debió, en parte, a la coyuntura del Laboratorio Central. Las clínicas están contratando a laboratorios privados con homologación nacional para hacer los estudios que Córdoba ya no acepta. El hisopado riocuartense terminó en Venado Tuerto, provincia de Santa Fe, porque garantizaba resultados en 24 horas y un costo razonable. Pero cuando el ingeniero dio positivo, la muestra debió hacerse de todos modos, de todos modos debió viajar al Laboratorio Central y pasaron eternas 48 horas hasta que el nuevo análisis arrojó resultado negativo. En medio, ocurrieron las desinteligencias en el COE Regional, fundamentalmente de comunicación y coordinación, porque mientras Carlos Pepe, a cargo de ese organismo, decía que el caso era sospechoso, Marcelo Ferrario, secretario de Salud, sostenía que no había dudas de que se estaba ante un contagio. Y así era. Sólo hacía falta explicar claramente las particularidades del caso.

Esas desconexiones, 129 días después, el desacople evidente entre las piezas del COE, los retrasos en los resultados, la incertidumbre y la desconfianza consecuentes pueden no ser un elemento neutro para Juan Manuel Llamosas. Porque se adentra en el momento crucial de la pandemia justo cuando se acerca el período clave de la instancia electoral. Con esos factores combinados, el margen de error aceptable se acerca a cero.