En mayo, en plena parálisis económica, casi la mitad de las familias cordobesas pudo comprar comida por la ayuda estatal en alguna de sus formas: porque cobraron el IFE, porque están en programas sociales, porque recibieron un bono extraordinario.
El dato es revelador sobre la profundidad que adquirió la crisis económica y, consecuentemente, social. Según el estudio que todos los meses elabora el Departamento de Estadísticas y Tendencias del Centro de Almaceneros, Autoservicios y Comerciantes Minoristas de Córdoba, que releva datos en 1.500 comercios de toda la provincia y encuesta a 2.400 personas, en mayo el 44,68 por ciento de la gente pudo acceder a los alimentos básicos para su grupo familiar con ayuda estatal (IFE, Tarjeta Alimentar, Más Leche Más Proteínas, Paicor, entre otros) y el 55,32 lo hizo con recursos propios.
Además, entre los encuestados, el 27,25 por ciento señaló que no pudo acceder a todos los productos de la canasta básica durante el mes pasado.
“Se accionó muy bien la ayuda estatal, ya sea por la Tarjeta Alimentar, que venía desde antes de la pandemia, por la Tarjeta Social de la Provincia y, sobre todo, con la contribución del IFE. Fue muy importante esa inyección de plata porque un sector muy grande no hubiese llegado a llevar comida a sus hogares. Además, el comercio minorista debió reconvertirse rápido porque quienes no tenían terminales electrónicas debieron instalarlas rápidamente”, señaló Vanesa Ruiz, gerenta del Centro de Almaceneros de la provincia.
Otro dato significativo del relevamiento es que un alto porcentaje de los cordobeses pudo cubrir sus gastos porque utilizó la tarjeta de crédito.
El 43,6 por ciento de los cordobeses solventó los gastos corrientes con las tarjetas de crédito; el 23,8 por ciento señaló que no alcanzó a cubrir la totalidad de sus gastos, mientras que sólo el 17,6 por ciento pagó en efectivo o con débito.
“En las tarjetas se ve la debilidad de la economía familiar, cómo está la realidad de los consumidores. A pesar de las dificultades es una de las primeras estrategias de financiamiento. El principal inconveniente es la morosidad financiera de las familias con las tarjetas de crédito. Esto indica que se va a complicar todavía más la situación de esas familias porque la gente va a tener que afrontar mayores intereses para pagar las tarjetas. Observamos además que todas las compras están canalizadas en alimentos. Se ha dejado por completo de reponer indumentaria, electrodomésticos; prácticamente todo lo destinado a las tarjetas va a materia alimentaria”, dijo Ruiz.
Inflación
En cuanto al índice inflacionario que registran los técnicos del Centro de Almaceneros y Comercios Minoristas, mayo fue un mes en que los precios estuvieron contenidos, principalmente en lo relativo a los alimentos.
Los productos básicos aumentaron el 0,93 por ciento -primera vez en el año que suben por debajo del 1 por ciento-, mientras que la inflación promedio fue del 1,57 por ciento durante mayo.
La canasta alimentaria básica para una familia tipo ya se encuentra en los 31.272 pesos mientras que cubrir los gastos totales requiere 44.760 pesos.
“El crecimiento de los precios ha estado acotado por el control, por el fuerte control, que ha ejercido el gobierno nacional. También influyó el congelamiento de combustibles, tarifas y servicios. Los incrementos, en realidad, están más reprimidos que dominados”, manifestó la gerenta del Centro de Almaceneros.
En cuanto a los hábitos de consumo, indicó que cambiaron notablemente y que, incluso, el volumen vendido en los comerios minoristas ha registrado una fuerte baja del 14 por ciento durante mayo. “El comercio de cercanías ha ayudado pero se cambió la forma de consumir. La gente trata de ahorrar lo más que puede en comida”, indicó Ruiz.

