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El telégrafo, un adelanto que la villa celebró hace 150 años

La llegada del equipamiento mejoró sustancialmente las comunicaciones de la ahora ciudad con otros puntos del país. El coordinador del Archivo Histórico Municipal, Omar Isaguirre, brindó detalles del primer contacto

Hace 150 años, la entonces Villa de la Concepción, hoy ciudad de Río Cuarto, vio la llegada del telégrafo, una herramienta clave que generó un adelanto fundamental en las comunicaciones. Omar Isaguirre, coordinador del Archivo Histórico Municipal, recordó que el primer contacto se estableció con quien por aquel tiempo era presidente de la Nación, Domingo Faustino Sarmiento, y se refirió a las celebraciones que se realizaron para festejar la innovación.

-¿Qué importancia tuvo la incorporación del telégrafo en la ciudad?

-Si bien el acontecimiento no ha trascendido demasiado con el paso del tiempo, fue sustancial en su momento para el progreso en general, de la metrópolis y del interior argentino. En Río Cuarto ni qué decir. La celeridad en las comunicaciones trajo consigo un impacto tecnológico y social. Quizá por ello, los riocuartenses de la Villa de la Concepción celebraron alborozados aquel viernes 17 de febrero de 1871, cuando el tendido del Telégrafo Nacional se instalaba para comunicarnos primeramente con Córdoba y el Litoral, y más adelante con Cuyo. La línea llegaba desde Villa María. Una vez más, el genio y la visión del presidente Domingo F. Sarmiento favorecían a Río Cuarto, como luego sucedería con la apertura de la Biblioteca Pública o el arribo del ferrocarril Andino. Ello formaba parte del plan de gobierno sarmientino con ansias de fraternidad, unidad nacional e integración comunicacional y comercial entre las comunidades. Por ello, el Estado había monopolizado esta herramienta.

-¿Cómo se dio la primera comunicación?

-Cuenta el historiador Alfredo Vitulo que, en aquella memorable jornada, a las 12, el presidente Sarmiento concurrió a su despacho “a objeto de la inauguración oficial del telégrafo”. Autoridades civiles, militares, jefe de la Frontera Sur y algunos vecinos fueron convocados a sostener la conferencia inaugural con el presidente. Con respecto a las celebraciones, Vitulo narra que ese día “la plaza es profusamente iluminada con el farol central y otros para la retreta en la misma noche del baile con la concurrencia de la banda militar”. Hubo suscripción popular de apoyo a la celebración y el consabido aporte municipal. Días después, el 8 de marzo, se recibió del ministro de Gobierno Clemente J. Villada una nota acompañando una “copia legalizada del Exmo. Señor Ministro del Interior (…) por la que se autoriza a las Municipalidades de la Provincia para usar gratis los Telégrafos Nacionales”.

-¿Para qué se usaba?

-Por medio de la telegrafía se acortaban las distancias y los despachos abreviados facilitaban las comunicaciones entre los gobernantes, las instituciones y las personas, fundamentalmente el sector social emparentado con los negocios y el comercio.

-¿Cómo eran las comunicaciones hasta ese momento?

La Villa de la Concepción era la última población en medio de un extendido “desierto”, como le llamaban entonces. El “chasque” montado a caballo surcaba las distancias llevando mensajes o documentos, tras atravesar una red de postas, donde cambiaba caballo o transfería el recado a otro paisano. Desde la misma fundación fue así, por eso las novedades llegaban con puntual atraso, y sólo la voluntad y la paciencia actuaban como analgésicos. Las carretas tiradas con bueyes u hombres montando en mulas transportaban las mercancías. Los coches de a caballo recorrían largas distancias llevando y trayendo personas por caminos intratables. No obstante el telégrafo, aquellos antiguos medios y forma de contactos, tan humanos, continuaron vigentes en el interior y en nuestra región inmediata.

-¿Dónde funcionó el telégrafo?

-En el oeste de la urbe. Al límite mismo en el plano de la villa, sobre la llamada “calle del telégrafo”, que es la actual calle Maipú. Era entonces una larga huella de norte a sur, con un “portón” que se abría hacia los “pastos comunes” del sector. Las modestas instalaciones del telégrafo no necesitaban grandes dimensiones, sólo las suficientes para albergar al operario que manejaba el servicio, al “guarda-hilos” que, a caballo, se encargaba de controlar y reparar las averías del tendido, y al mensajero que llevaba a destino las noticias.

-¿Cuál fue el adelanto que llegó después?

Hacia adelante, se van a suceder en cadena los felices aconteceres del crecimiento indetenible de Río Cuarto, con sus placeres y escozores, pero sostenido por la paz y la próspera ambición de su élite social. La Biblioteca Pública, la fundamental llegada del Ferrocarril Andino, el Club Social, el primer diario “La Voz de Río Cuarto”, la inmigración y las sociedades de colectividades (francesa, española, italiana, alemana), el Banco de Río Cuarto, la elevación de rango de villa a ciudad, y así una gran cantidad de sucesos socio-políticos que, poco a poco, van dejando en el pasado las penurias de décadas de olvido y humillación, para dar lugar a una personalidad autónoma y orgullosa, a veces difícil de encasillar. En adelante, de todo esto se irá cumpliendo un siglo y medio.